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La última gran marcha obrera de la II República en Canarias: el 1 de mayo de 1936

La costosa lucha por la mejora de la vida de la población trabajadora
La última gran marcha obrera de la II República en Canarias: el 1 de mayo de 1936
Imágenes publicadas en el periódico La Prensa del 2 de mayo de 1936. DA

La II República surgió y se desarrolló en un contexto global de crisis económica. Su efecto en un Archipiélago dependiente de las exportaciones agrícolas fue notable. El nuevo tiempo político y económico permitió una rápida expansión del movimiento obrero. El profesor Oswaldo Brito ofrece un dato contundente sobre este crecimiento. Solo en el año 1933, alrededor de 85.000 obreros y obreras se movilizaron en Canarias.

El experimento del golpe y la euforia militante: el primero de mayo de 1936

El Día del Trabajo, tras el triunfo del Frente Popular en los comicios de febrero de ese año, se conmemoró con especial intensidad. La mayor parte de las organizaciones sindicales y políticas ligadas a la clase trabajadora vivieron la fecha con gran entusiasmo. Las marchas se desarrollaron en diversos puntos, desde Tazacorte, Los Llanos de Aridane o Santa Cruz de La Palma, pasando por Vallehermoso o Hermigua, hasta lugares más poblados, como Icod, Arucas, además de las dos grandes capitales insulares. Era un ambiente de euforia, pero también de calma. Se buscaba evitar provocaciones, algo que incluso destacaron los medios más conservadores.

En Las Palmas de Gran Canaria, la crónica del periódico Acción describe cómo grupos socialistas y comunistas se desplegaron «de modo especial en los barrios obreros». Partiendo de la calle Juan Rejón, en el Puerto de La Luz, se formó la manifestación, que se dirigió «por la carretera del Puerto a la ciudad, desfilando por la calle de Triana, dirigiéndose a la Plaza de la República». Delante de una marea de personas y banderas se encontraban figuras como el diputado comunista por Las Palmas, Eduardo Suárez Morales. También lo acompañaba el secretario general del PCE, José Suárez Cabral. Otras caras reconocibles de la marcha eran representantes del Socorro Rojo, del PSOE, además de los más destacados dirigentes sindicales. En la plaza de Santa Ana, conocida entonces como plaza de la República, se celebró el mitin final y concluyó una jornada marcada por la tranquilidad.

En Tenerife se vivió una movilización histórica. La plaza de Toros de Santa Cruz acogió dos grandes actos, uno promovido por el poderoso sector anarquista de la CNT, que contaba con una amplia mayoría en la capital insular, y otro protagonizado por los grupos socialistas y comunistas.

A pesar de la unidad lograda en las elecciones, en el Día del Trabajo se celebraron dos grandes mítines y manifestaciones debido a la profunda diferencia existente entre anarquistas y marxistas. Solo en la capital tuvieron lugar actos que lograron aglutinar a unas doce mil personas.

A las diez y media de la mañana, los representantes de las organizaciones socialistas y comunistas celebraron el primer mitin. A él asistieron unos 4.000 participantes, algunos procedentes de Icod, Puerto de la Cruz, La Orotava, La Laguna, Realejo Alto, Realejo Bajo, La Guancha, Santa Úrsula y Güímar.

Según la crónica de La Prensa, los oradores fueron muy aplaudidos. Terminado el mitin, se formó una manifestación, integrada por centenares de personas, que se dirigió al Gobierno Civil. Según cuentan, «a la cabeza de la manifestación iban muchas mujeres y las milicias comunistas y socialistas, uniformadas, llevando banderas de las distintas agrupaciones que habían asistido al acto».

Como en el caso de Las Palmas, la marcha continuó hasta la plaza de la República (hoy de La Candelaria), donde el gobernador civil, Manuel Vázquez Moro, salió al balcón para dirigir unas palabras a los manifestantes.

Por la tarde fue el turno de los anarquistas, cuya convocatoria resultó todavía más multitudinaria. A pesar del respaldo que dieron a la elección del Frente Popular, quisieron marcar una clara diferencia con respecto a otras fuerzas de la izquierda. Uno de los aspectos más comentados fue la crítica a la escenificación vivida en las marchas de la mañana. Conforme a sus valores libertarios, donde el antimilitarismo tenía un peso importante, denunciaron que «las milicias, tanto si llevan uniforme rojo como si lo llevan negro o azul, son fascistas, ya que la cuestión del uniforme es una simple cuestión de trapos, y los trapos, como los colores, solo entusiasman a los espíritus pobres».

Los actos ligados a la CNT lograron reunir a unos 8.000 asistentes, completando el aforo de la plaza. En esta ocasión hicieron uso de la palabra el obrero tabaquero Modesto Carballo Sosa, la destacada líder tabaquera Isabel Hernández, Antonio Espinosa y Bernardino Afonso. El mitin central y el acto cultural nocturno, celebrado en el Teatro Guimerá, contaron como invitado principal con el destacado anarquista madrileño Mauro Bajatierra, llegado para la ocasión.

Otros puntos de la isla, donde la presencia de obreros y jornaleros era muy importante, acogieron también destacados actos de movilización. En La Laguna e Icod se vivieron igualmente marchas obreras en ese día de mayo. En el lagunero Teatro Leal se desarrolló «un acto de afirmación proletaria organizado por el Frente Obrero». En él participaron algunos de los protagonistas de la mañana, además de la concejala comunista chicharrera Isabel González, la famosa «Azucena Roja», que presidió el acto por el Socorro Rojo Internacional. La acompañaron el joven maestro Ramón García Rojas, por la Juventud Socialista, además de los diputados José Miguel Pérez, del PCE; Emiliano Díaz Castro, por el Partido Socialista; y Florencio Sosa Acevedo, también comunista.

En el Puerto de la Cruz se celebraron varios actos destacados, en los que participaron numerosos vecinos y vecinas. Este municipio, junto con la zona de Gracia, en La Cuesta, fue uno de los espacios centrales en el despliegue de fuerzas militares ordenado por el general Franco, que desde marzo ejercía como comandante general de Canarias. La respuesta institucional frente a este comportamiento marcaría uno de los procesos de mayores consecuencias en los primeros días de la dictadura.

La provocación de Franco

Las movilizaciones obreras no pasaron desapercibidas para los poderes locales reaccionarios. El general Franco, sin contar con las autoridades civiles, ordenó un despliegue militar preventivo, incluyendo armamento pesado. La intención era tratar de limitar la fuerza de las manifestaciones, pero también constituyó un ensayo a gran escala, que tendría utilidad de cara al movimiento militar que ya se preveía.

Las fuerzas sindicales, obreras y republicanas interpretaron estas acciones como una respuesta hostil y peligrosa. En el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz censuraron el envío de «fuerzas militares al Puerto de la Cruz, lo que consideran como una provocación a la clase obrera», señalando que el diputado de Izquierda Republicana, Luis Rodríguez Figueroa, «formularía una interpelación en el Parlamento» sobre lo sucedido. Esta petición, junto con la de otros municipios como Buenavista o La Laguna, tendría una respuesta brutal mediante la represión franquista. Buena parte de los promotores más activos de la solicitud de destitución del general acabarían asesinados o desaparecidos.

Muchos de los participantes en las marchas y mítines acabarían en prisión antes de agosto. Su vida y sus ilusiones quedaron sometidas a cuarenta años de dictadura. Hasta 1977 no pudo volver a celebrarse legalmente una jornada como esta. Muchos, ya con el pelo blanco, regresaron a las pancartas. Mantenían vivo el recuerdo de quienes habían sido barridos por la violencia.

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