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Noventa años de homenajes al dictador

El monumento a Franco en el Teide que no fue y el que todavía se mantiene en Tenerife
Noventa años de homenajes al dictador
Imagen del monumento a Franco tomada de Fotos Antiguas de Tenerife. DA

El franquismo quiso imponerse con el uso de la fuerza y la violencia, pero también creando una legitimidad basada en la victoria militar y la humillación de la población vencida. Este deseo obligaba a crear un relato propio que justificara al régimen ante la historia y conllevaba la aparición de nuevos símbolos. Los homenajes constantes al líder surgido tras el golpe, Francisco Franco, se convirtieron en una norma que perduró.

Revisando la prensa histórica podemos encontrar un ritual repetido decenas de veces. Desde el último semestre de 1936 hasta casi los últimos días de la dictadura, decenas de ciudades se sumaron a rendir homenajes y honores a la cabeza visible de la dictadura. Pocas semanas después del golpe, ciudades como Zaragoza o Teruel ya proponían al general como “hijo predilecto de España”. Poco antes, casi como pioneros, ya había sido nombrado hijo adoptivo de Tenerife, un mérito que no fue retirado hasta 2021.

En 1937 las dos grandes capitales de Canarias organizaban recogidas de firmas de apoyo al dictador y recaudaban fondos para su homenaje. De esta etapa resulta llamativo el testimonio del periódico Falange de la capital de Gran Canaria, donde aseguraban que “…los datos de la capital son los que hacen saltar al rostro la rojez”, ya que solo habían logrado una media de diez céntimos por habitante de la ciudad. Desde ese año al dictador comenzó a llegarle una lluvia de medallas de oro de ciudades, cabildos y diputaciones. La primera que hemos podido recopilar fue la ofrecida por Burgos, que además acordó nombrarlo alcalde honorario.

Foto oficial de la entrega de la medalla de oro de La Laguna, Archivo Histórico del Ayuntamiento de La Laguna. DA
Foto oficial de la entrega de la medalla de oro de La Laguna, Archivo Histórico del Ayuntamiento de La Laguna. DA

En los años posteriores continuarán este tipo de reconocimientos en localidades como Oviedo, Lugo, Bilbao, Girona o Sabadell. También se ofreció la medalla del Cabildo de Gran Canaria en marzo de 1952 y otras distinciones menores en ferias. Incluso, en una vuelta de tuerca bastante difícil de justificar, se le concedió la medalla de oro al mérito deportivo en el mismo año.

En Tenerife las vetustas élites, ahora portando la camisa azul mahón, quisieron mostrarse como el máximo exponente del franquismo, que les había devuelto su poder absoluto sobre la economía insular y sus habitantes.

Los homenajes al dictador llevaron a que la Delegación Nacional de Deportes acordó otorgarle la Medalla al Mérito Deportivo en 1952

El Ayuntamiento de Santa Cruz fue el primero en hablar de un monumento a Franco, concretamente en el pleno del 3 de octubre de ese año. El alcalde, el coronel Juan Vara Terán, anunció la intención de hacer un monumento dedicado al dictador en la “parte baja de la ciudad, frente al mar, en el espacio libre entre la plaza de la Constitución y la Avenida Marítima”, para el que aportaron las primeras 50.000 pesetas. Parece que de esta propuesta acabó derivando el Monumento a los Caídos, ubicado en el lugar que los franquistas decidieron denominar como Plaza de España.

Comisión de pro monumento a Franco en su visita a Las Cañadas del Teide. Imagen de la Gaceta de Tenerife a 15 de noviembre de 1936
Comisión de pro monumento a Franco en su visita a Las Cañadas del Teide. Imagen de la Gaceta de Tenerife a 15 de noviembre de 1936. DA

En esta misma etapa una idea tomará fuerza, la propuesta de realizar un monumento a Franco en las laderas del Teide. La edición del periódico conservador, Gaceta de Tenerife, en su edición del 4 de octubre de 1936, señaló al impulsor de la nueva idea. El rotativo isleño afirmaba que esta iniciativa surgió a raíz de un artículo del terrateniente orotavense Alfonso de Ascanio, que había llegado a la redacción en el mes de agosto. En el planteaba “la genial idea de levantar un monumento al glorioso general Franco en las faldas del Teide”. El medio afirmaba que ellos habían sido los que promovieron la iniciativa, que trasladaron de inmediato a la Comandancia Militar.

A raíz de este texto se creó una comisión técnica presidida por Teódulo González Peral, que había ejercido como Comandante General de Canarias tras la salida de Franco y posteriormente fue nombrado jefe del Estado Mayor de la Comandancia de Canarias.

La prensa de la época no dejó de agitar la idea, mientras daba cuenta de los avances franquistas en los frentes bélicos. Los planteamientos iniciales avanzaban el futuro aspecto de este monumento: “¿Qué mejor que una tosca, robusta y sobria columna de piedra volcánica, con un medallón de bronce sobre el cual el perfil de Franco miré hacia la tierra africana, que vio su bautismo de sangre?”.

Otro articulista aseguraba que “a las sombras del Teide gigante, el Monumento ofrecerá a las futuras generaciones del mundo el recuerdo del heroísmo español”. La propuesta de ubicación final se ofreció en el mes de noviembre de 1936, tras la visita a la zona de la comisión. Se planteó ubicar esta obra en “el punto central de al Cañada del Montón de Trigo, en la base misma del Teide”, publicándose imágenes de la misma.

Algunas de las familias de más rancio abolengo de la Isla se sumaron a las tareas de recaudación de fondos para este monumento, creándose numerosos comités municipales con las familias más potentadas de cada municipio.

El monumento a Franco en el Teide que no fue y el que todavía se mantiene en Tenerife
Croquis del emplazamiento del monumento, publicado en Gaceta de Tenerife el 4 de
octubre de 1936

En agosto de 1937 se sumará Ramón González de Mesa como uno de los grandes defensores de este proyecto, desde su cargo de delegado de Prensa y Propaganda del Movimiento. También la jerarquía eclesiástica estuvo muy presente en estos grupos promotores. Es el caso del Dean de la Catedral, Domingo Pérez Cáceres, que tiempo después llegó al obispado. Estas comisiones se mantuvieron activas hasta 1938, sin que finalmente lograran conseguir los fondos necesarios, ante la calamitosa situación económica y social que se vivía.

¿Qué se hizo con las cantidades recaudadas en medio de tanta penuria?. Es difícil de confirmar, aunque en la capital se erigió la Cruz de los Caídos, que fue inaugurada a principios de 1947.

Entre 1936 y 1966 al menos cuatro proyectos de monumentos dedicados a Franco se plantearon en Tenerife, del que solo prosperaría el último

La idea del monumento al dictador pervivió en el ideario del régimen. En la década de los sesenta las élites franquistas reanudaron la tarea de recaudar fondos, a través de “aportaciones populares”. En 1965 Juan Pablos Abril, gobernador civil y Jefe provincial del Movimiento de Tenerife, destacó entre los retos de ese año “…el Monumento al Caudillo, que pronto se levantará por iniciativa del jefe provincial”.

A finales de enero de 1965 ya se había encomendado la tarea al escultor Juan de Ávalos, un veterano artista que había sido represaliado, pero que había demostrado su capacidad en el Valle de los Caídos. Sus declaraciones en la prensa de la época dejaban claro su fin, asegurando en ese mismo año que su obra “simbolizará la partida del Generalísimo para iniciar la Cruzada”.

El escultor parece que usó de referencia una obra suya de 1964, que diseñó para una obra franquista en Valdepeñas y definió como un “ángel de la victoria y de la paz”, muy similar al de Santa Cruz. El 17 de marzo de 1966 se realizó la inauguración oficial del monumento, del que no había duda que era en honor a Francisco Franco y que se dedicó a la salida desde Tenerife en las primeras horas del golpe militar. El NODO se hizo eco de esta noticia, como es natural, dando una crónica donde vuelve a decir que el monumento dedicado a la “partida del Generalísimo Franco, cuando Capitán General de Canarias, salió de aquí para acaudillar el Movimiento Nacional”.

En fechas tan tardías como 1975, con motivo de la muerte del dictador, el pleno de Las Palmas de Gran Canaria quiso sumarse a los homenajes, promoviendo una escultura al general. El devenir de la Transición, hizo que no llegara a realizarse.

Desde 1966 el monumento franquista ubicado en Tenerife permanece en una de las principales entradas de su capital. A pesar de la Ley de Memoria Histórica y de la Ley de Memoria Democrática la alegoría de Franco y su régimen se mantiene e incluso se intentó promover su protección como Bien de Interés Cultural. Resulta turbador pensar que la mirada de la escultura parece dirigirse justo al punto del océano donde decenas de personas, poetas, maestros, políticos, intelectuales, médicos, hombres y mujeres, fueron arrojados a una tumba oceánica que sigue ignorada y olvidada casi noventa años después.

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