Un hombre de gafas de pasta y camisa blanca de lino, de pie sobre un río de lava petrificada, decide que su casa, su estudio y más allá, su manifiesto, crecerá dentro de la colada de una erupción en lugar de arrasarla.
Fue en 1968, en Lanzarote. César Manrique regresaba de Nueva York con una idea que entonces sonaba a herejía: que una isla volcánica y pobre podía abrirse al turismo sin renunciar a sí misma. Que el desarrollo no tenía por qué significar la desaparición del paisaje que lo hacía posible.
Esa idea la hizo posible, en gran medida, un pacto tácito con José Ramírez Cerdá, Pepín Ramírez, presidente del Cabildo de Lanzarote y amigo suyo. El artista aportaba la mirada; el político, la capacidad institucional para convertirla en norma, en ordenanza. De ahí salieron los Centros de Arte, Cultura y Turismo, el planeamiento que prohibió los rascacielos en la costa, la idea (hoy patrimonio simbólico de toda Canarias, no solo de Lanzarote) de que el paisaje es una infraestructura tan seria como una carretera.
Sesenta años después, esa alianza sigue siendo la referencia cuando se habla del “modelo canario”. En tiempos donde un mensaje llega de una isla a otra en segundos, los canarios y las canarias buscan ahora reformularse, tras décadas de parálisis.

Un llamamiento desde dentro del gremio
El director creativo grancanario Javier Viera, al frente de Maker Fly y de THESTUDIO.WTF, lanzó hace unos días en redes un mensaje: ¿por qué las instituciones canarias no impulsan una mesa redonda con artistas, creadores, arquitectos, diseñadores y agentes culturales del archipiélago para hablar de turismo, vivienda, paisaje, cultura, arquitectura, espacio público e identidad?
Quizás esa pregunta habría que hacérsela también al grueso de la población. La diferencia es que hoy nadie sabe muy bien a quién dirigirla, ni si alguien del otro lado del cristal institucional está dispuesto a escucharla.
Viera planteó el debate frente a las fotografías de la Casa del Volcán, en Lanzarote: ¿se imagina alguien hoy un proyecto de esa escala en Canarias, y con ese respaldo igual a Manrique? Su pregunta es el diagnóstico de un enfermo crónico..
Días después, Viera dio un paso más y puso en marcha TAGOROR, un espacio digital colectivo, abierto y apartidista pensado para compartir conocimiento, escuchar experiencias y pensar juntos qué islas se quieren construir. La plataforma, según se define en su propia web, es una iniciativa ciudadana que no representa a ninguna institución, medio ni partido político. Es, en otras palabras, la mesa que las instituciones no han convocado, montada por su cuenta.
“Antes de decidir soluciones necesitamos escucharnos”
Preguntado por qué pondría sobre la mesa si mañana le llamaran para formar parte de esa reunión, Viera no responde con una lista de reivindicaciones, sino con una pregunta previa: ¿qué Canarias queremos construir dentro de veinte o treinta años?”. Para él, turismo, vivienda, cultura, territorio y economía se discuten habitualmente como compartimentos estancos “cuando en realidad forman parte de una misma conversación”.
Tampoco cree que esa mesa deba reservarse a los nombres más visibles. “Intentaría que no fuese una mesa únicamente de políticos, empresarios o artistas”, explica. Canarias, defiende, tiene “muchísimo conocimiento repartido entre arquitectos, agricultores, científicos, músicos, profesores, diseñadores, investigadores, gente del turismo, gente de los barrios”.
Lo primero, insiste, sería escucharse entre sí: “Creo que antes de decidir soluciones necesitamos construir un lugar donde podamos compartir conocimiento y entender hacia dónde queremos ir colectivamente”.
La paradoja del talento exportado
Que ese mensaje haya sido republicado por Quevedo no es un detalle menor. El artista grancanario, que este año consolidó con El Baifo el álbum más explícitamente canario de su carrera, tiene hoy un alcance que ningún creador visual, arquitecto o gestor cultural canario posee en solitario.
Que decida prestarlo a una llamada de mesa redonda institucional dice algo sobre hacia dónde se está desplazando la conversación identitaria en las islas.
“Probablemente nunca había habido tantos canarios trabajando y siendo reconocidos fuera de las islas al mismo tiempo”, reconoce el director creativo. Ocurre en la música, “pero también pasa en diseño, arquitectura, audiovisual, gastronomía, tecnología o arte”, afirma.
El problema, señala, es que ese éxito sigue siendo una suma de trayectorias individuales: “Hemos aprendido a exportar talento, pero todavía nos cuesta convertir ese talento en una industria y en un ecosistema aquí”.
Durante años, recuerda, marcharse parecía la única vía para crecer profesionalmente desde Canarias. “Creo que nuestra generación tiene la posibilidad de cuestionar eso”, añade.
Preguntado por el papel que deberían jugar figuras con alcance masivo —como el propio Quevedo— frente a quienes trabajan a escalas más pequeñas o locales, Viera evita la jerarquía fácil. “Cada uno tiene una responsabilidad”, apunta.
Una persona con millones de seguidores “tiene una capacidad enorme para colocar conversaciones, símbolos o incluso formas de entender Canarias delante del mundo”, pero “sería un error pensar que quienes tienen mayor visibilidad son necesariamente quienes tienen que liderar todas las conversaciones”. Hay, recuerda, gente trabajando “desde hace décadas en territorio, cultura, agricultura, arquitectura, ecología o investigación” con un conocimiento mucho más profundo sobre problemas concretos.
Lo interesante, resume, “ocurre cuando esas escalas se conectan”; que quien tiene altavoz amplifique a quien tiene conocimiento, y que quien lleva años trabajando desde lo local “encuentre nuevas plataformas para llegar más lejos”.
Una mesa incómoda
“Sentaría en una mesa a generaciones diferentes y disciplinas que normalmente no conversan entre ellas”: un agricultor, una arquitecta, alguien del ámbito científico, una persona joven que esté creando una empresa desde Canarias, artistas, docentes, gente del turismo, investigadores, gente de la cultura y también personas que conozcan las dificultades cotidianas de vivir en las islas. Y, subraya, con todas las islas representadas, “porque muchas veces hablamos de Canarias como si fuese una única realidad y no lo es”. Su ambición no es el consenso fácil: “Me interesaría mucho más una conversación donde aparezcan contradicciones que una mesa donde todo el mundo esté de acuerdo”.
A la pregunta de qué perdería Canarias si esta conversación no llegara a producirse nunca, Viera responde con una sola palabra: “Tiempo”. Y matiza: “Quizá esa sea una de las cosas que menos tenemos”.






