La luna atrapó al Sol y el día se hizo de noche. El histórico eclipse vivido ayer por la tarde oscureció por completo una parte de la Península ibérica, regalando una estampa mágica e insólita que no se contemplaba desde 1959, cuando Canarias fue testigo del último fenómeno de totalidad visible en España. Esta vez, desde el Archipiélago la ocultación fue menor -de hasta aproximadamente 75% en las zonas más privilegiadas-, pero no lo fue la expectación. Miles de personas se desplazaron hasta los lugares de mayor visibilidad para vivir el esperado acontecimiento astronómico.
En Tenerife, el fervor se venía sintiendo desde los días previos. La mayoría de ópticas y puntos de distribución de gafas de protección colgaron el cartel de “agotado” y tan solo unos pocos rezagados lograron hacerse con el que ayer se convirtió en el bien más preciado, ante las insistentes advertencias sobre la necesidad de proteger la vista.
Muchos optaron por subir a lo más alto, al Parque Nacional del Teide, siguiendo el dispositivo especial de guaguas lanzadera habilitado por las autoridades. Por encima de las nubes, un cielo completamente despejado permitió a visitantes y científicos contemplar la sombra de la Luna, que minuto a minuto se interponía entre la Tierra y el Sol.
Una estampa para el recuerdo
A nivel del mar, miles de personas buscaron también su propio rincón para captar el momento. Uno de ellos fue Playa San Juan, en Guía de Isora, uno de los puntos de observación oficiales establecidos para la ocasión y escenario, horas antes, de una de las imágenes de la jornada: una kilométrica cola para recoger las gafas distribuidas gratuitamente para disfrutar del fenómeno con total seguridad.
Sin embargo, en los puntos de la península situados dentro de la franja de totalidad, las gafas dejaron de ser necesarias durante los aproximadamente dos minutos en los que la Luna bloqueó por completo el disco solar. En Galicia o Asturias, el tiempo pareció detenerse para contemplar el instante exacto en el que el cielo se tiñó de noche.
La imagen de nuestro satélite natural alineado a la perfección con una estrella 400 veces mayor que él emocionó a muchos. Sería osado poner palabras al sentimiento de cada una de las personas que ayer miraron hacia arriba y que, desde su propia galaxia interior, pudieron interpretar aquello de una manera u otra.
Lo que sí está claro es que Canarias y el resto del país asistieron a uno de esos regalos únicos de la naturaleza. Uno que, además, no será el último, pues no habrá que esperar casi un siglo para volver a contemplar una escena semejante: España será escenario de otro eclipse solar total el próximo año, el lunes 2 de agosto de 2027.

























