El 26 de agosto de 1950, Vilaflor vivió una de las tragedias laborales más graves de su historia. Cinco trabajadores murieron en apenas dos días en la galería de agua de Las Goteras, también conocida como La Milagrosa, después de que los gases tóxicos atraparan primero a varios obreros y provocaran nuevas víctimas durante las labores de rescate.
El accidente comenzó el viernes 25 de agosto, cuando tres trabajadores entraron a la galería para realizar su jornada habitual. La instalación, situada en las proximidades de Vilaflor, se adentraba varios kilómetros en el subsuelo y presentaba una elevada concentración de gases tóxicos.
La tragedia se desencadenó cuando los tres hombres no regresaron a la hora prevista. Los primeros intentos de rescate permitieron sacar con vida a uno de ellos, Antonio Cano Martín, que presentaba síntomas de intoxicación. Sin embargo, Emilio Quijada González, de 19 años, murió en el interior de la galería.
El tercer trabajador, Francisco Fumero Fumero, permaneció atrapado en el interior.
El rescate que acabó en otra tragedia
Al día siguiente, 26 de agosto, un grupo de cinco personas decidió entrar en la galería para intentar recuperar el cuerpo de Fumero.
Entre ellos estaban Antonio Cano Oliva, de 65 años, encargado de las obras, y Miguel Cabrera Tacoronte, de 49 años, antiguo trabajador de la galería. También participaron Francisco Delgado Valentín, Francisco León García y Jesús Reverón Tacoronte.
El grupo avanzó por el interior de la galería utilizando una vagoneta. Cuando se encontraban cerca del lugar donde permanecía el cuerpo, el vehículo volcó y los trabajadores quedaron expuestos a los gases tóxicos después de que se dañaran los conductos que les proporcionaban aire.
Dos de los cinco hombres no pudieron salir.
La prensa de la época informó de que Antonio Cano Oliva y Miguel Cabrera Tacoronte murieron asfixiados por las emanaciones tóxicas. Los otros tres trabajadores consiguieron sobrevivir. Uno de ellos llegó a quedar inconsciente y tuvo que ser ayudado por sus compañeros para recorrer los túneles hasta la salida.
La Guardia Civil llegó a establecer vigilancia en la entrada de la galería para impedir que se repitieran nuevos intentos de rescate sin las condiciones de seguridad necesarias.
Cinco muertos en dos días
El balance de la tragedia fue de cinco trabajadores fallecidos. Tres murieron inicialmente como consecuencia del accidente en la galería y otros dos perdieron la vida cuando intentaban recuperar el cuerpo de uno de ellos.
Los trabajos para recuperar los cuerpos continuaron durante los días siguientes y estuvieron condicionados por la profundidad de la galería y la presencia de gases.
El 3 de septiembre, los equipos consiguieron extraer los cuerpos de Antonio Cano Oliva y Miguel Cabrera Tacoronte. Este último dejó ocho hijos, según la información publicada por la prensa de la época.
Pero la tragedia todavía no había terminado.
El cuerpo de Francisco Fumero Fumero permaneció en el interior de la galería durante meses. No pudo ser recuperado hasta el 26 de enero de 1951, cinco meses después del accidente.
Una tragedia marcada por los gases tóxicos
Las informaciones históricas sobre el accidente señalan que la galería de Las Goteras se caracterizaba por la presencia de gases tóxicos. La prensa de la época apuntó precisamente a estas emanaciones como la causa de las muertes durante los intentos de rescate.
La infraestructura formaba parte de la extensa red de galerías excavadas en Tenerife para buscar y aprovechar recursos de agua. Documentación técnica del Consejo Insular de Aguas de Tenerife recoge la existencia de la galería de Las Goteras, en Vilaflor, dentro de esta red histórica de aprovechamientos hidráulicos.
Más de siete décadas después, el episodio permanece como uno de los sucesos más trágicos relacionados con las galerías de agua de Tenerife.
El 26 de agosto de 1950 quedó así marcado en la memoria de Vilaflor por una tragedia que comenzó con un accidente en las profundidades de una galería y terminó, durante el intento de rescate, con cinco trabajadores muertos.






