tenerife sur

1986: el año en que el turismo se ‘escoró’ al Sur

Se cumplen tres decenios desde que, por primera vez, la comarca superó al Puerto de la Cruz en número de visitantes; hoy, el principal destino de Canarias contabiliza casi cinco millones de llegadas en los últimos doce meses
Playa de Las Américas se ha convertido en el principal núcleo turístico de Canarias y uno de los principales destinos europeos. DA
Playa de Las Américas se ha convertido en el principal núcleo turístico de Canarias y uno de los principales destinos europeos. DA

1986 marcó un antes y un después en la llegada de turistas a la Isla. Ese año las líneas de las estadísticas de visitantes del Norte y del Sur se cruzaron y por primera vez la planta alojativa emergente de los municipios de Adeje y Arona registró más llegadas que la del Puerto de la Cruz, llamada ciudad turística, hasta ese momento mayoritariamente elegida como destino vacacional por peninsulares y extranjeros. Aquel año en el que el mundo se conmocionaba por la explosión del reactor nuclear de Chernóbil, que asistía atónito al accidente del Challenger o que miraba al cielo para contemplar el paso del cometa Halley, llegaban a Tenerife 1.983.786 turistas. De ellos, 832.887 elegían la zona norte y 962.410 la comarca sureña, según las cifras de AENA y del Cabildo, publicadas en el libro El turismo en Canarias, firmado por un equipo de investigadores de las Islas.

Por primera vez el Sur asaltaba la cabina de la gran locomotora económica de Tenerife y comenzaba a marcar el paso de su desarrollo. Desde 1986 las distancias no han hecho otra cosa que agrandarse. Hoy, el Sur, que ha protagonizado un crecimiento de vértigo y que cuenta con una de las mejores plantas hoteleras de Europa, acapara el 25% de las plazas turísticas de toda Canarias, recibe casi cinco millones de visitantes al año, mientras que el Norte se ha estancado en cifras que se mueven en torno al millón de turistas.

La pérdida de competitividad de la que fuera primera ciudad turística de Canarias ha provocado un conjunto de acciones dirigidas a captar un visitante de mayor capacidad económica, algo que ya ha comenzado a dar sus primeros frutos. En ese sentido, se han impulsado iniciativas de renovación y rehabilitación en la ciudad para mejorar su competitividad (una parte importante de su planta de hoteles y apartamentos está desfasada) con propuestas como el Consorcio de Rehabilitación Turística del Puerto de la Cruz en el que están integrados el sector público y el privado. Los expertos sostienen que la mayor debilidad radica en una oferta de ocio insuficiente a todas luces y advierten de que la creciente competencia y el perfil del nuevo consumidor, cada vez más exigente, obligan a ponerse al día.

En el caso del Sur, Costa Adeje simboliza el ejemplo más evidente de la apuesta por un modelo basado en edificaciones de calidad, de no excesiva altura y con grandes espacios interiores. La construcción, en 1992, del hotel Bahía del Duque, una arriesgada apuesta por la excelencia, basada en los resort del Caribe, donde el cliente disfruta de todo tipo de comodidades y de amplios y confortables espacios comunes, supuso el inicio de un nuevo ciclo para las infraestructuras hoteleras en la comarca que, dado su éxito, acabaría por extenderse a otras zonas del Archipiélago.

“Adeje ha alumbrado claramente a la totalidad de municipios canarios en materia turística”, manifestaba esta semana el consejero del Cabildo, Alberto Bernabé, ante el alcalde, José Miguel Rodríguez Fraga, testigo en primera persona de la transformación urbanística (lleva casi 30 años en el cargo) y que hoy presume de contar con la mayor concentración de hoteles de lujo de Europa.

Las raíces del milagro del Sur tienen mucho que ver con la construcción de la autopista, el gran proyecto del presidente del Cabildo, José Miguel Galván Bello, y del aeropuerto Reina Sofía, que permitió la llegada de los vuelos charter cargados de turistas. Pero también con la convicción de la familia Puig, que tuvo la valentía y la capacidad inversora necesaria para crear, en medio de un erial, Playa de Las Américas.

“El sol y playa del Sur pudo con el buen clima del Norte”

Moisés Simancas, profesor de Geografía Humana de la Universidad de La Laguna y subdirector de la Cátedra de Turismo, recuerda que hasta principios de los años 80 el cliente que llegaba al Puerto de la Cruz buscaba buen clima, hasta que el Sur empezó a ofrecer sol y playa. A su juicio, hubo dos factores que contribuyeron al escoramiento del principal valor económico de la Isla hacia el Sur: la inmovilidad de los empresarios del Puerto de la Cruz para impulsar un proceso de renovación de la planta alojativa y la falta de espacio en esta ciudad para crecer.

“Mientras el Puerto no supo dar respuesta al proceso de obsolescencia, los clientes encontraban en Las Américas, Los Cristianos, Torviscas y Fañabé lo que buscaban: playas, horas de sol, grandes espacios y buenas instalaciones”. Simancas subraya que los ayuntamientos de Adeje y Arona fueron “visionarios”, adecuando su planeamiento al nuevo fenómeno y permitiendo a los empresarios desarrollar un importante crecimiento de plazas. “La proliferación de apartamentos también contribuyó de forma muy importante al despegue de las zonas turísticas del Sur”, apostilla este experto.

Un desarrollo sin precedentes con cifras impensables

Las cifras sobre la evolución turística del sur de Tenerife son apabullantes. El crecimiento experimentado por la comarca en los últimos 40 años no tiene precedentes, al pasar de 340.000 visitantes anuales en 1977 a los casi cinco millones con los que se cerrará este año.

TE PUEDE INTERESAR