
Su pasión por el oficio es genética, dado que es la cuarta generación de carpinteros en su familia. Su tatarabuelo se dedicaba a la ebanistería y su bisabuelo y su abuelo materno también lo hicieron, igual que su madre. Sin embargo, ninguno llegó a ser conocido internacionalmente como Juan Miguel Granados, que a tan solo un año de haber empezado a fabricar joyeros orgánicos ya tiene pedidos de la Península y de varias partes del mundo.
Su carpintería, un establecimiento ubicado en La Victoria de Acentejo, es desde hace 25 años su principal lugar de inspiración, aunque lleva trabajando como carpintero desde hace 47 años, más de la mitad de su vida. Le puso el nombre de la ciudad que lo vio nacer, Almería, aunque al poco tiempo emigró a Argentina junto a sus padres.
La creación y el diseño de estas piezas no es una idea suya. En el mundo hay grandes artesanos que los hacen, fundamentalmente de Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, en Canarias ha sido el primero en dar el paso y lanzarse a esta nueva aventura.
El material utilizado son troncos de árboles de todas las especies que se pueden encontrar en las Islas, desde cedro y ciprés hasta pino canario, joyas de la naturaleza que va cortando en rebanadas hasta formar la pieza, siempre respetando la forma exterior y vaciando el interior. “Se denominan orgánicos porque todas las formas tienden a ser redondas, no hay aristas cuadradas”, explica el artesano.
DISEÑOS ÚNICOS
Las formas las crea él mismo y hay para todos los gustos. Eso sí, no hay un joyero igual a otro, todos son diferentes y dan lugar a interpretaciones diversas. Cada persona le da la suya. Entre los más curiosos hay uno que parece comido por un castor, otro que fue partido por un rayo, el que imita una cascada de agua y el que se basa en una inspiración del Teide.
Las maderas que emplea son siempre de poda que rescata de árboles caídos o destinados a la quema y las transforma en dos tipos de joyeros, naturales y rústicos. En el primer caso, no llevan ningún tipo de revestimiento ni de acabado porque quiere que permanezca su “sentido salvaje”. Además, si se “contaminan” con barniz, pierden el aroma natural que además es muy intenso, sobre todo en el caso del cedro, y se mantiene siempre. Eso sí, exige un gran trabajo de pulido y acabado para que no haya bordes cortantes. Sin embargo, en los segundos él diseña las formas y, por lo tanto, requieren otro tipo de acabado y la utilización de barnices.
“Es un regalo que además de ser original, no pasa de moda y dura toda la vida”, subraya Juan Miguel Granados, quien ya tiene una colección de casi 200 piezas, algunas colocadas en empresas privadas y otras en Artenerife, la marca oficial de originalidad, autenticidad y calidad impulsada por el Cabildo de Tenerife, y encargos desde Colombia, Argentina y Estados Unidos.
La presentación oficial de sus alhajeros la hizo en diciembre del año pasado en la Feria Regional de Artesanía, donde además se llevó el primer premio al puesto mejor decorado, realizado con tubos de cartón reciclados.
El artesano carpintero emigró a América con su familia en el año 1954. Argentina, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, era entonces la tierra prometida. Al llegar se radicaron en Victoria, una ciudad que pertenece a la provincia de Buenos Aires. Con 15 años dejó los estudios para dedicarse al mundo de la madera, en el que permanece hasta el día de hoy, con 62.
IMITANDO PASOS
A finales de la década de los 80 la situación económica en Argentina se volvió muy compleja debido a un fuerte rebrote inflacionario. Las vueltas de la vida hicieron que a los 35 años Granados tomara la misma decisión que sus progenitores y se marchara en busca de nuevos rumbos. Su proyecto inicial era llegar a Australia, pero al tener la nacionalidad española decidió a mitad de camino probar suerte en Canarias, donde finalmente se quedó.
Como a cualquier otro profesional del sector, le duelen las dificultades que debe atravesar en la actualidad para sobrevivir. La mayor de ellas, la proliferación de grandes superficies y tiendas de muebles que ofrecen productos a precios irrisorios debido a una inmensa producción, que se adquieren de forma inmediata e incluso puede montarlos uno mismo si se lo propone.
“Para las carpinterías que estamos dedicadas al diseño, como he estado yo toda la vida, es muy complicado mantenerse. La tendencia hace que se consuman permanentemente muebles de usar y tirar, un despropósito para la naturaleza porque nos estamos cargando un montón de bosques cada año”, sostiene Granados.
Otro problema es que los carpinteros van desapareciendo. No todos tienen la posibilidad de reciclarse y son escasos los talleres de empleo que se dedican a este oficio. En su caso, las nuevas tecnologías y en concreto, la creación de una página web, artesaniaalmeria.es, le ha permitido dar a conocer su trabajo y realizar ventas online. Tampoco cuentan con ventajas fiscales que les permitan que su tienda pueda ser rentable, ya que una carpintería está considerada como una gran empresa, pese a que resulte imposible competir con las grandes superficies.
Sin embargo, estas desventajas no han impedido que este almeriense cese en su afán de ser carpintero. Un oficio que no es únicamente su medio de vida, sino la forma que tiene de transmitir sus sentimientos transformando un material en algo original y siempre de calidad.
En 1999 construyó el primer carro de madera que bajó por el Teide
En 1999 Juan Miguel se hizo famoso por construir el primer carro de madera sin motor que descendió por el Teide. No fue fácil, porque tuvo que hacer frente a mucha burocracia al tratarse de un parque nacional, y proyectos previos que garantizasen la seguridad. Después de mucho luchar, logró su gran hazaña n





