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Amaro Pargo ‘resucita’ 270 años después

El pleno del Cabildo de Tenerife aprobó recientemente convocar un concurso de ideas con el fin de rehabilitar el entorno de la casa atribuida al famoso corsario lagunero y la ermita de Nuestra Señora del Rosario, catalogadas como Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico; ambas construcciones están situadas en el barrio de Machado, en el municipio de El Rosario

Amaro Pargo. | CEDIDA
Amaro Pargo. | CEDIDA

Desde el siglo XVI, piratas de diversas naciones, enarbolando la bandera negra con la calavera y las tibias cruzadas, robaban las ricas mercancías que los barcos dedicados al comercio transportaban entre Europa y América y, de paso, saqueaban las costas canarias atacando a los pueblos ribereños para robar su ganado y raptar a sus habitantes con el fin de venderlos como esclavos. Dos siglos más tarde, el florecimiento del comercio daría lugar a la piratería organizada, en la que los buques se desvalijaban como actividad lucrativa. Por ello, en 1779 el rey Carlos III publicó una ordenanza para los que fueran a dedicarse al “corso” acreditaran el tipo de embarcación, armas, pertrechos, dotación, etc. y, además, depositaran una fianza en el Ministerio de Marina por la seguridad de su conducta. Por lo tanto, los corsarios poseían un permiso -patente de corso-, entregado por los propios gobiernos, con el que podían interceptar, saquear y destruir a los barcos enemigos, entregando los prisioneros al gobernador del primer puerto que tocaran, pudiendo quedarse con el barco apresado y su mercancía. Además, recibían una gratificación por los cañones que tuviese el barco, el número de prisioneros, etc.

Dada la importante función mercantil que jugaba el puerto de Santa Cruz de Tenerife en el comercio con las Indias, y con el fin de responder a la amenaza de los piratas británicos, el Conde de Floridablanca invitó (1780) a los naturales de Canarias a que armaran sus buques para perseguir y dañar al enemigo inglés. Uno de ellos fue Amaro Rodríguez-Felipe y Tejera, conocido como Amaro Pargo. Hijo de Juan Rodríguez Felipe y Beatriz Tejera Machado, este corsario tinerfeño nació en La Laguna (Tenerife) el 3 de mayo de 1678, en una casa próxima a la ermita de San Cristóbal. Fue bautizado en la iglesia de Los Remedios, por el sacerdote Manuel Hurtado Mendoza, siendo su padrino Amaro López. De sus seis hermanos, tres fueron monjas de clausura del convento de Santa Catalina, de ahí su relación con Sor María de Jesús. Vivió en la calle Real, la más noble y distinguida de La Laguna, en una casa donde hoy se alza la vivienda número 5 de la calle de San Agustín, de la que solo se conserva una pequeña y valiosa talla de mármol de la Virgen del Rosario, situada en un nicho sobre la puerta principal.

Conocido popularmente como Amaro Pargo, debido a que este pez le cautivaba por sus ataques muy parecidos a los asaltos navales, se enroló muy joven en las galeras reales, demostrando pronto su destreza en el arte de navegar pues, en medio de un combate, aconsejó a su capitán una maniobra que dio como resultado el apresamiento de la embarcación rival con toda su carga. A partir de este hecho el joven Amaro comenzó a gozar de la estima de sus superiores, lo que le permitió ir ascendiendo, al tiempo que iba adquiriendo una sólida formación marinera y financiera. Considerado pirata por los enemigos y corsario por sus compatriotas, entre sus actividades también se encontraba la de negrero pues, según lo testifican los relatos orales y apuntes notariales, transportó esclavos de Guinea para los ingenios azucareros de las islas Canarias. Su flota estaba formada por los barcos: El Fortuna, Ave María (La Chata), Nuestra Señora de Los Remedios, La Santísima Trinidad, San José, San Ignacio, El Blandón, La Isabela, y San Marcos (El Clavel), del que era capitán su hermano José. Este barco con 24 piezas de artillería, fabricado en La Caleta (Icod de los Vinos), se hundió en septiembre de 1728, cuando iba hacia el puerto de San Cristóbal de La Habana.

Sus actividades económicas estaban vinculadas a la carrera de Indias pues desde Tenerife llevaba a los puertos de La Habana y La Guaira el vino cosechado en sus fincas de Geneto, Tegueste y Valle Colino, así como el aguardiente producido en sus destilerías de la calle de El Agua, en La Laguna, y La Miravala, en el Socorro (Tegueste). Luego regresaba a Génova cargado con tabaco cubano y cacao venezolano y, desde allí, volvía de nuevo a Santa Cruz con tejidos de Italia e Inglaterra. Este comercio con Europa y América le reporto grandes cantidades de dinero, joyas, y propiedades (60 casas, 900 fanegadas de terreno, etc.). Alguna de las viviendas las adquirió en lugares estratégicos de la Isla; por ejemplo, la casa denominada hacienda Toriño, en el barrio de Machado (El Rosario), estaba situada en un altozano desde donde divisaba desde Punta de Anaga hasta los confines del Valle de Güímar. Además, en la costa contaba con un refugio natural para el anclaje de los navíos, llamado Guadamojete -actual Radazul-.

La casa de Amaro Pargo en el barrio de Machado está declarada BIC, como Sitio Histórico. DA
La casa de Amaro Pargo en el barrio de Machado está declarada BIC, como Sitio Histórico. DA

Esa casa del pirata, en Machado, ha sido declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Sitio Histórico, pero se encuentra en la más completa ruina puesto que sus muros han sido escudriñados en busca de los objetos de valor que la tradición ha divulgado que guardaba en ella. La casa situada en Roque Bermejo, llamada Murruñito del Puerto -por el saliente rocoso que se encontraba en su entrada- era un excelente refugio natural para el anclaje de sus navíos, con abundante agua, víveres y lugar de descanso de las tripulaciones. La casona de Punta del Hidalgo, situada en un promontorio donde la bahía le servía de refugio a sus naves, poseía una cueva de 88 metros de longitud, conectada con la playa, donde guardaba los tesoros sustraídos en los asaltos. En dicha cueva apareció el cuadro de San Mateo que hoy se venera en la iglesia de la localidad. La gruta fue volada con pólvora en busca del botín.

Todas estas viviendas han sido reducidas a escombros por los desaprensivos buscadores de tesoros, así como por la poca sensibilidad que las autoridades han mostrado hacía nuestro patrimonio histórico. Esperamos que a partir de ahora el tesoro cultural del legado del pirata pueda recuperarse y se haga en ella un museo y parque temático dedicado a la piratería y al corso en Canarias.

Como la posesión de grandes riquezas llevaba implícito la búsqueda del reconocimiento social, Amaro decidió dar lustre a sus apellidos y, el 25 de enero de 1725, fue declarado Caballero Hijodalgo; dos años después, el 9 de enero de 1727, obtuvo en Madrid la real certificación de Nobleza y Armas, creando Mayorazgo y escudo de armas, formado por los símbolos de fuerza del guerrero con armadura, puñales y cañones. También el rey le concedió la institución medieval de Señor de Soga y Cuchillo.

Aunque era soltero, en La Habana (Cuba) tuvo un hijo con Josefa María del Vasdespino y Vitrián, llamado Manuel de la Trinidad Amaro, al que le solía enviar dinero regularmente. Como su madre se negó a que viviera en La Laguna, en su testamento no lo tuvo en cuenta; no obstante, el joven se presentó para reclamar el quinto de la herencia que le pertenecía, a lo que se opusieron sus herederos.

Amaro murió el 4 de octubre de 1747, a la edad de 69 años. El sepelio, celebrado en La Laguna, resultó muy solemne pues durante el traslado hasta la iglesia paró cuatro veces en su recorrido para que los cuatro capellanes que le acompañaban rezaran las letanías correspondientes. Está enterrado en la iglesia parroquial de Santo Domingo (La Laguna), en el sepulcro de sus padres, la familia Rodríguez Felipe. En su lápida, situada a la derecha de la entrada al templo, bajo el coro, figura su escudo de armas -un guerrero saliente con armadura, puñales y cañones- y una calavera con dos tibias cruzadas, guiñando el ojo derecho y el izquierdo abierto.

Está enterrado en Santo Domingo, en La Laguna. DA
Está enterrado en Santo Domingo, en La Laguna. DA

Al exhumar el cadáver de Amaro Pargo, el 15 de noviembre de 2013, con el fin de reconstruir su rostro para realizar un videojuego, y de paso levantarle un busto en su ciudad natal, un grupo de arqueólogos de la Universidad Autónoma de Madrid descubrieron que, debajo de la lápida existía una cripta de 3 metros de largo, 2 de ancho y 2 de alto, con un banco de piedra a cada lado, a la que se llegaba por una escalera de 6 peldaños, donde, en su día, existió una puerta y una reja que la protegía. Se esperaba encontrar los restos óseos del corsario, de sus padres y del criado, pero dentro de la cripta habían huesos de nueve personas; entre ellos, los de un bebe (niña), una joven de 16 años, un chico de 20 años con síndrome de Down, una mujer joven y una persona mayor, de la que no se pudo saber su sexo porque el esqueleto no estaba completo. Se cree que fuesen sobrinos o sobrinos-nietos. El corsario y su padre fueron identificados con certeza gracias a las muestras de ADN de la saliva que se tomaron a los descendientes que aún viven en La Laguna, Madrid y Asturias. El único que no tenía lazo sanguíneo con el corsario era su fiel esclavo negro, Cristóbal Linche, cuyo esqueleto medía 1,80 metros.

El estudio de los restos realizado por el equipo de arqueólogos, forenses, biólogos y antropólogos contratado por Ubisoft, empresa francesa de videojuegos, para su cuarta entrega de la saga de piratas Assassin´s Creed Black Flag, ha dado como resultado que Pargo era un hombre muy delgado y pequeño (1,66 metros), tenía la cara alargada y angulosa y de joven había recibido una puñalada que le partió le partió una costilla.

Amaro Rodríguez-Felipe fue un hombre de profundas ideas religiosas. Su capital lo destinaba a obras de caridad, especialmente en iglesias y conventos, con el fin de garantizarse el respeto de sus conciudadanos y muy especialmente los del clero, que recibía las liquidaciones de las primas del seguro marítimo. A lo largo de su vida mandó construir iglesias, fue benefactor de otras, adquirió el patronazgo de varias capillas, y fue mayordomo de las cofradías del Santísimo Sacramento, Los Remedios y la Virgen del Rosario. En las puertas de la iglesia de El Socorro (Tegueste) aparece grabado su nombre como agradecimiento por haberla construido.

Ahora, 270 años después, parece que el legendario corsario lagunero vuelve a la vida al promover el Cabildo tinerfeño la rehabilitación de la casa que habitó en el barrio de Machado, cuyos muros desconchados aun conservan los ecos de su leyenda y de su historia, sin duda extraordinaria.

José Manuel Ledesma Alonso, Presidente de la Tertulia Amigos 25 de julio Santa Cruz de Tenerife