
Las imágenes de aquella funesta mañana del 14 de abril volvieron a aflorar ayer en Los Cristianos en el momento en que, desde primera hora, una gran máquina hidráulica comenzó a golpear con su pala la estructura que quedó en pie del edificio Julián José, en la calle de Amalia Alayón. La última vez que el mismo vehículo con su brazo articulado actuó en la parcela del derrumbe fue tras el rescate del séptimo cadáver, casi 72 horas después de que el inmueble se convirtiera en una gran montaña de escombros. Ayer no había perros buscando ni bomberos rastreando contrarreloj cada centímetro del hormigón destruido. Tampoco se reunieron tantos periodistas ni curiosos, ni se escuchaban sirenas. Pero el sonido de aquella máquina sí era el mismo de entonces.
Impactaba contemplar cómo caían al vacío desde las últimas plantas enseres de todo tipo a medida que la pala arramblaba con habitaciones, comedores, cocinas y cuartos de baño. Colchones, mesas, sillas, cuadros, electrodomésticos… todo se desplomaba ante la mirada de grupos de transeúntes que, con estupor, contemplaban los trabajos de la máquina demoledora. Mientras, abajo, un operario se encargaba de regar los escombros para intentar minimizar los efectos de la nube de polvo que intermitentemente se podía ver desde diferentes puntos de Los Cristianos.
Los vecinos de los edificios colindantes habían sido desalojados como medida preventiva. Todos recibieron el domingo por la tarde las llaves de sus apartamentos, donde tendrán que pernoctar en las próximas fechas. Actualmente 48 familias se han visto obligadas a dormir fuera de su residencia habitual hasta que terminen los trabajos, previstos inicialmente para 15 días, aunque ayer el alcalde de Arona, José Julián Mena, anunció que “es probable que mejoremos ese calendario y, por lo tanto, que las personas afectadas puedan regresar a sus hogares antes”.
Mena, que asistió al comienzo de los trabajos, volvió a media mañana para comprobar el ritmo de ejecución de los mismos. Las complicaciones técnicas del primer día fueron dos: demoler la estructura de la calle de Amalia Alayón, que suponía un riesgo por cuanto el edificio no estaba a la misma cota que los colindantes, y el derribo de una gran losa de hormigón en la parte superior, justo encima del hueco del ascensor, que se prevé ir desprendiendo poco a poco.
Medidas de seguridad
“Se han mantenido unos cordones de seguridad en toda la zona del edificio por si cualquier tipo de fallo estructural ocasionara un vuelco hacia un lado no previsto. De ahí esos cables acerados de gran resistencia (trinchas) que envuelven el edificio”, apuntó José Julián Mena. Esta circunstancia, el cimbreo del bloque, genera una cierta preocupación entre los técnicos, como reconoció el arquitecto que dirige los trabajos, Javier Álvarez, aunque lanzó un mensaje de tranquilidad al asegurar que todo transcurre sin complicaciones técnicas reseñables, por lo que se mostró optimista en cuanto al desarrollo de la operación de demolición.
Anunció además que, “probablemente el jueves, el peritaje en marcha para determinar las causas del desplome realizará unas calicatas (exploración de las cimentaciones para determinar los materiales empleados), lo que obligará a parar los trabajos puntualmente”.

De momento nada ha trascendido sobre las causas que provocaron la caída a plomo de gran parte del bloque. “Estamos haciendo todas las investigaciones correspondientes para conocer las verdaderas razones que llevaron a esta situación. Creo que estamos dentro del cronograma establecido y que todo marcha a buen ritmo”, manifestó el alcalde.
Entre los testigos de los trabajos se encontraba Jianca, una joven natural de la República Checa que reside en un ático del edificio Bruno, también desalojado, que ayer expresaba su temor por las secuelas que puede dejar el accidente en su inmueble. “Espero que los técnicos lo revisen todo, especialmente las posibles fisuras para poder regresar tranquila a casa”, señaló.





