
Desde el año 2015 y con retraso en cuanto a las demás comarcas agrarias de Canarias, se constituyó en Güímar, la Comunidad de Regantes San Pedro. “Llega después de décadas de absentismo en lo público y privado en cuanto a la captación, almacenamiento y distribución de las aguas de riego en el municipio de Güímar”, comenta Willy Acosta, presidente de esa comunidad, que nada tiene que ver con las comunidades de agua ya existentes.
Paralizado por la Ley de Aguas y la incertidumbre que creó en la iniciativa pública y sin un cultivo económicamente importante que exigiera la modernización, el sistema hídrico de Güímar, “está formado por una red de atarjeas que superan los ochenta años de antigüedad y con las grandes pérdidas de caudal que llegan a un treinta por ciento del que originalmente mana en la boca de las galerías”, recalca Willy Acosta. Además, “no existe almacenamiento colectivo, sino cada una de las explotaciones que han ido instalando riego localizado -goteo o aspersión- ha tenido que construir su propio estanque o charca”.
Así, sucedía en el pasado y sigue sucediendo. Las comunidades de aguas aún hacen el reparto de manera manual, con la figura de los cañeros, que acompañan cada chorro de agua a lo largo del día y la distribuyen con el uso de planchas y tanquillas corriendo en muchas ocasiones gran riesgo. Tan solo en dos puntos del municipio: “En el barrio de La Medida y en la Cañada de Juan Fú, los propietarios se han unido de manera espontánea y han proyectado y realizado redes de riego modernas”, comenta Acosta.

Acuerdo plenario
Los grupos políticos de Güímar mostraron su interés – Sí se pude se abstuvo, de manera sorprendente-, el pasado 26 de mayo, en el pleno ordinario donde se elevó la propuesta al Cabildo, concretamente al Consejo Insular de Aguas y a la consejería de Agricultura, la urgente necesidad de comenzar el proceso incluyendo la Red de Riego de Güímar en el Plan Hidrológico y declarando como urgentes los trabajos de realizar la construcción de una balsa reguladora que permita estabilizar las ofertas y demandas a lo largo del año para reutilizar las aguas de escorrentía, que en el caso de las calles del casco urbano son de importancia. Para el presidente de la comunidad “ha sido un gran acierto este primer paso ya que de no ser así, el no incluir al municipio en el plan hidrológico, el cual además lleva un gran retraso, probablemente no podría incluirse hasta el año 2020”.
Los regantes destacan “la ayuda prestada por la oficina de extensión agraria de Güímar que está colaborando como punto de información y de recogida de datos de los socios”. “Ahora se espera que esta iniciativa se siga apoyando y dando pasos firmes para que pueda llegar a ser una realidad”, finaliza diciendo Willy Acosta.
Willy Acosta: “No nos importa donde se haga la balsa, pero no podemos seguir perdiendo agua”
Willy Acosta recuerda que en Tenerife, como tal, las comunidades de regantes no existen, algo que si ocurre en La Palma y que solo falta el CIF definitivo para que el Consejo Insular de Aguas apruebe los estatutos de la Comunidad de San Pedro.
El nacimiento de esta comunidad se produce por el encarecimiento de las acciones de agua (de 6.000 a 7.000 euros) y para tratar de conseguir fondos públicos y europeos, a la que no cierra Acosta la entrada de las actuales comunidades de agua privadas, “si adaptan sus estatutos”, remarca.
La gran lucha de Willy Acosta es que Güímar pueda disponer de un embalse para almacenar las aguas de invierno o esconterrías, “como se hace en Vicario, en La Palma, donde llevan agua desde unos 30 kilómetros”, añadiendo que “no digan que aquí no se puede hacer una balsa porque no hay agua”; municipios con menos recursos que Güímar tienen en la Isla balsa y red de riego”.
A Acosta le da igual donde se construya esa balsa “porque no podemos seguir perdiendo agua”, apuntando además a la necesidad de colocar en las zonas altas depósitos reguladores, porque hoy “un depósito se gasta en un día de riego”.
Acosta calcula en torno a los cinco millones de euros el gasto de construcción de una gran balsa y aunque afirma que “no queremos mezclarnos con los areneros” no ve con malos ojos que las grandes huellas dejadas por la extracción de áridos puedan albergar balsas y terminar así “con el sistema arcaico del riego por manta”.
El presidente de la Comunidad de San Pedro recuerda que “en el Ayuntamiento hay un anteproyecto desde hace 10 años para crear un depósito en la zona alta, en terreno municipal que ahora podría cedernos”.

El proyecto de Plasencia y el precedente de As Pontes, en Galicia
El único de los cuatro areneros condenados en el caso Áridos que ha presentado un plan de rehabilitación de canteras, como marca la sentencia, es Antonio Plasencia, propietario de Áridos del Sur y de la cantera que dejó el hoyo más profundo en el barranco de Badajoz.
El plan de regeneración del terreno que presentó en el juzgado el expresidente de los empresarios de la construcción y que hoy también tiene intereses agrícolas en Güímar (plátanos, mangos, aguacates y olivos), consiste en rellenar el 40% de la cantera situada muy cerca del barranco de La Ladera con el acopio de tierra del que dispone en distintos lugares de la Isla, producto de distintos desmontes realizados en su larga trayectoria empresarial. La regeneración del terreno terminaria con la construcción de una gran balsa sobre el millón largo de metros cúbicos que tiene la cantera, impermeabilizando con láminas los taluds para albergar las aguas de escorrentías y de la lluvia, con un presupuesto que ronda los cinco millones de euros.
El proyecto, ya presentado en Minas y el Consejo Insular de Aguas, está sujeto ahora al estudio de impacto ambiental que debe ser enviado al interesado.
Plasencia entiende la necesidad de que Güímar disponga de una gran balsa para almacenar el agua que se pierde, contribuyendo así a la demanda que expresan los regantes, aunque en ningún caso, éstos han tratado de mediar en que sean los areneros los que resuelvan el problema del agua. “Si los hoyos están, hay que aprovecharlos, no solo taparlos”, afirma Willy Acosta.
Sobre la mesa también se han puesto ejemplos como el de la antigua cantera de As Pontes en Galicia, que hoy presume de tener “el lago artificial más grande de Europa” sobre el hueco de una vieja mina de lignito de Endesa agotada en 2007, con profundidades que alcanzaron 205 metros. El coste de regeneración costó 60 millones de euros.




