
Víctor Erice es uno de los grandes cineastas del país, a pesar de tener una producción muy escasa. Talento, rigor y una sensibilidad extrema destilan en su obra y también en su discurso. Muestra de esto último ha sido su reciente participación en el Festival de Música de La Palma, donde desentrañó las claves de la relación del séptimo arte con esta otra expresión artísticas. No es casualidad su presencia en la Isla Bonita, que visita cada vez que las circunstancias se lo permiten y con la que guarda una estrecha relación a través de su buen amigo el escritor Anelio Rodríguez Concepción.
-Ha viajado a La Palma por el Festival de Música. ¿Qué importancia tiene la música en el cine?
“En el cine, muy grande. En las películas, depende. En unas es decisiva; en otras, secundaria. No sé si me explico. Una cosa es la música de película; otra, distinta, la música en una película. Se trata de una distinción que es preciso establecer, siempre. La música en una película forma parte de una banda donde coexiste con los diálogos y el sonido ambiente. Forma parte de la materia sonora, y como tal, a la hora de la realización, hay primordialmente que considerarla”.
-En su obra ha usado diferentes tipos de composiciones, algunas hechas ad hoc y también clásicos, pero creo que el silencio juega también un papel importante. ¿Es una metáfora de la soledad que destilan algunos personajes?
“Antes que a una posible significación, prefiero referirme a la composición de la obra. Dentro de la misma, el uso del silencio o de los silencios constituye un recurso esencial. En mis películas juegan, en efecto, un papel importante. Siempre tengo presentes las palabras de Robert Bresson, el gran cineasta francés: ‘Lo que el cine sonoro ha conquistado es el silencio”.
-Ese silencio también es algo que marca su trayectoria. Sé que es una pregunta recurrente, pero no puedo dejar de cuestionarme si ha sido algo deliberado que haya rodado tan pocas películas o han sido las circunstancias.
“No ha sido algo deliberado. Más bien el fruto de las circunstancias. También del azar que rige nuestras vidas”.
[su_pullquote]Tanto o más que atraer proyectos, hay que ayudar a la promoción y realización del cine hecho aquí”
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-¿Se siente cómodo cuando lo califican como un autor de culto?
“No soy amigo de las clasificaciones. Propician la existencia de muchos lugares comunes, difíciles de evitar. Lo único que puedo decir es que he hecho mis películas para todo el mundo, sin distinción”.
-¿Qué clase de conocimiento puede aportar el cine sobre la realidad?
“El que es propio de la expresión artística. Un conocimiento que integra la posibilidad de la revelación”.
-Su primera gran obra, El espíritu de la colmena, es de 1973, cuando comienza la llamada crisis del petróleo, que provocó un descalabro económico en el país. ¿Se ha hecho la película de la actual crisis? ¿Si pensara en realizarla, dónde pondría el acento?
“La verdad, no lo sé. La crisis actual tiene una dimensión que desborda ampliamente el campo de la economía. Posee los rasgos propios de una crisis de civilización. Hay en el aire signos que anuncian un cambio de carácter antropológico. Sinceramente, tiendo a no plantearme los grandes temas de la Historia. No soy historiador, ni filósofo ni sociólogo. Prefiero, como cineasta, la expresión de la dramaticidad, humilde y secreta, de lo cotidiano”.
[su_pullquote align=”right”]Visito la Palma siempre que puedo y si se produce la ocasión de rodar aquí, me sentiría afortunado”[/su_pullquote]
-Usted ha dicho en algún momento que el cine acabará teniendo un espacio como el que la poesía tiene en la literatura. ¿Esa será la única forma de que no desemboque definitivamente en la “pérdida del aura” como arte, parafraseando a Walter Benjamin?
“Me refería a que el cine -no confundir con el audiovisual-, tal como fue concebido en sus orígenes, es decir, como un invento de la ciencia que logró adquirir la categoría de arte, hoy día, socialmente, va camino de poseer un carácter residual. La experiencia del arte, como de las humanidades en general, ha sido poco menos que expulsada del marco de la enseñanza pública. En cuanto a esa pérdida del aura a la que se refería Benjamin, pienso que es ya un asunto del pasado lejano. Un hecho consumado”.
-¿La televisión ha hecho un daño irreparable al cine?
“Lo que ha hecho, en cierto modo, es transformarlo. Son dos medios de naturaleza muy diferente: diferencias de edad, de expresión, de valor, de historia. Por otro lado, la televisión, desde su nacimiento, ha tenido siempre que ver con el poder, es decir, con el mercado y la publicidad. De ahí que se haya convertido en el órgano principal de formación de masas a escala planetaria. Esa es la función que los poderes públicos y privados han cargado sobre sus espaldas. Y es la televisión, a su vez, la que en pago recíproco les ha sostenido a ellos. Al menos hasta hace poco. Porque quizás, de algún modo, ya no vuelvan a ser lo que fueron. Por una simple razón: porque hemos entrado en la era Internet. En cualquier caso, es evidente que la industria del cine subsiste hoy gracias al dinero de la televisión. Su influencia es innegable, y ha ido tomando proporciones cada vez mayores, hasta el punto de que los productores tratan de acomodar su iniciativa al gusto y los intereses de los programadores, que por lo general están demasiado influidos por criterios que casi todo lo cifran en los índices de audiencia. Para mí, como espectador, el cine representaba una opción de vida diferente. Significaba la comunidad, el sueño común en la oscuridad de la sala pública, la fiesta. El salirse de sí mismo para encontrarse o perderse en los ojos de otro. No tenía nada que ver con la condena a la privacidad de lo doméstico propia de la pequeña pantalla”.
-Mucha gente opina que el mejor cine que se hace hoy está en las series de televisión. ¿Está de acuerdo o es un esnobismo?
“Creo que en parte ya le acabo de responder a este tema en la pregunta anterior. Tendríamos que preguntar antes de nada qué se entiende hoy por cine. Una cuestión nada banal. Además reconozco que apenas veo series de televisión”.
-Hace un año, Benicio del Toro dijo que estaba preparando una película para que la interpretara. ¿Cómo va ese proyecto?
“Todavía no hemos encontrado un proyecto capaz de integrar nuestros intereses particulares. Si bien ambos tenemos la mejor de las voluntades”.
-¿Qué le parece que Canarias y, en este caso, La Palma, estén apostando por traer rodajes?
“Es un fenómeno que poco a poco se va extendiendo merecedor de apoyo. Hablo dentro de los límites de nuestro país. Parece que las administraciones van camino de comprender por fin la importancia de las películas en la proyección de una imagen de signo cultural (no confundir con la que pone en juego el turismo), de nuestras múltiples idiosincrasias. Las Islas Canarias reúnen, en este sentido, condiciones excepcionales. No es un descubrimiento de ahora. Viene de lejos. Basta repasar la lista interminable de películas que se han rodado en ellas. Pero, en mi opinión, tanto o más que atraer proyectos, hay que ayudar a la promoción y realización de un cine hecho aquí, por las gentes de aquí. Con vocación universal, sin duda. Pero que sea portador de esa sensibilidad creadora que yo percibo a mi alrededor. Algo que en el ámbito de la literatura los escritores canarios han demostrado con creces”.
-¿Qué le inspira Canarias y La Palma? ¿Alguna vez ha pensado trabajar en las Islas?
“Sobre todo una manera muy especial de estar en el mundo, de observar las cosas de la vida, de relatarlas. Tengo muy buenos amigos en La Palma, una isla que visito siempre que tengo la menor oportunidad. Si se produce la ocasión de rodar aquí, me sentiría afortunado”.





