
DIARIO DE AVISOS concede los PREMIOS TABURIENTE, que llevan el nombre de la Caldera de La Palma, isla donde fue fundado nuestro periódico en 1890, como un ejercicio de reconocimiento y homenaje a los grandes faros que iluminan nuestra sociedad en los distintos campos y facetas.
Grandes comunicadores, músicos e intérpretes, empresarios, artistas y el mejor representante de la máxima gloria deportiva alcanzada por este país en su historia, se dan cita en la segunda edición de los PREMIOS TABURIENTE de DIARIO DE AVISOS.
Una galería de galardonados de primer nivel que tienen en común que encarnan el éxito del talento y la dedicación más exigente, y, a su vez, que son gente muy querida y apreciada en nuestra tierra. Porque han formado parte de nuestra vida y nos la han hecho a todos más feliz.
No es solo el Premio a sus obras, también lo es a su manera de ser y a lo que significan.

Iñaki Gabilondo
El periodismo español, y en particular el radiofónico, alcanza en la figura de Iñaki Gabilondo una de las grandes cimas del último medio siglo. La condición de vasco, que ha ejercido con orgullo y entereza en tiempos difíciles desde la capital de España, hizo siempre de él un faro de convivencia y diálogo en un país en tensión. Iñaki Gabilondo, símbolo de rigor y altura intelectual del periodismo español, aporta a la sociedad un plus de sensatez y calidad que ennoblece y eleva de categoría el oficio de informar en medio de la estridencia dominante dentro y fuera de España. Director de emisoras de radio desde muy joven en su San Sebastián natal y su amada Sevilla, protagoniza ante los micrófonos de la Cadena SER la llegada de la libertad informativa y se consagra como presentador en radio y TV. En TVE vive como Director de Informativos el frustrado golpe de Estado de Tejero el 23 F de 1981. En esa misma década inicia su mayor éxito profesional, al frente de un magacín ya histórico de la Cadena SER, Hoy por hoy, un auténtico maratón que se convierte en el programa escuela de la radio contemporánea en España y con el que logra la mayor audiencia de la historia de la radiodifusión en este país. Maestro de la entrevista en radio y televisión y comentarista certero actualmente en su columna diaria en el videoblog del portal digital del diario El País, este coloso del periodismo europeo vive un retiro imposible, con continuas apariciones en distintos medios del grupo Prisa y foros y conferencias, así como la publicación de libros que retienen su mirada inteligente sobre la realidad. Iñaki Gabilondo, un hombre del norte, ha sido un comunicador sensible desde Madrid con las singularidades del sur, la andaluza y la canaria. Estas islas han contado a menudo con su presencia y su atención, contra las distancias habituales que la periferia padece a causa del centralismo informativo nacional.

Olga Ramos
Heredera de una tradición familiar de grandes tocadores, empezó, por este motivo, familiarizándose con el timple y los instrumentos de cuerda. Y enseguida destacó en el baile, que luego ha sido objeto de una dilatada labor docente. Ha dedicado toda su vida a la enseñanza del baile folklórico en colegios e institutos de La Laguna, poniendo a salvo danzas tradicionales siempre en riesgo de extinción por falta de practicantes. Niños que fueron alumnos suyos luego dieron rienda suelta al gusanillo del folklore cantado, tocado y bailado. Pero, de modo especial, Olga Ramos es uno de los nombres propios del olimpo de las mejores voces de Canarias. Aprendió a cantar como se aprende a nadar cuando se vive junto a la playa. Hija y sobrina de dos cantadores soberanos, Manuel Ramos y Sebastián Ramos El Puntero, iba de romería con el padre a cantar y bailar, y hacía apariciones con el tío. Actuó desde muy temprano. Olga Ramos tiene sus raíces en su pueblo, La Punta del Hidalgo, un nido de cantadores y bailarines peculiares. Guardiana celosa de su tesoro, el folklore, ha sembrado la semilla en los hijos y vive entregada a los aires y danzas de su tierra como una madre protectora, que engendró en los años 60 su famoso grupo Los Zebenzuí. Esta mujer posee el don de emocionar y emocionarse cuando canta. En América se le hace un nudo en la garganta al cantarle al emigrante, un público con la lágrima fácil por los años de distancia de las islas. Pero en su propia tierra, Olga conmueve, asimismo, cuando canta. Un día, Manuel García Matos, que recopilaba sonidos directos de todos los pueblos de España para su magna antología, le preguntó si sabía cantar el arrorró. No lo había cantado nunca, pero se lo había escuchado a su madre.Y desde entonces todo el mundo se lo pide.

Juan Luis Calero
Humorista y licenciado en Filosofía y Letras, Juan Luis Calero es un filósofo del humor. En su cabeza conviven decenas de personajes que ha ido creando en décadas de trabajo profesional delante de un micrófono, y que han calado en el gran público como si fueran seres existentes en realidad. La carga humana de los personajes de Calero, capaz de generar un mundo imaginario artístico que parece real, no tiene parangón en el género del humor de este país. Sus parodias han cobrado vida, sobre todo, en la radio, pero también han recorrido los pueblos de las islas y escenarios nacionales. Calero es el creador de La Señora, el Caballero, don Ruperto, doña Pita, don Marcelino y tantos personajes que a menudo creemos haberlos visto por la calle. Ha grabado discos con las canciones carnavaleras de uno de sus personajes, el cantante Dioni. El autor de esta farándula es, además, un imitador inteligente de personajes de la vida real, de la política y el espectáculo. Un imitador que clava con trazos precisos a voces tan reconocibles como Lorenzo Olarte, Jerónimo Saavedra, Luis Morera o César Manrique. Es también un especialista del doblaje y un amante del teatro, que ha hecho incursiones en la dramaturgia con textos sobre su particular mundo creativo. Presentador de programas de televisión como La azotea, hay detrás de las cortinas del artista, un escritor, lector y estudioso de las ciencias y el pensamiento. Natural de Las Palmas de Gran Canaria y majorero de vocación por los lazos paternos, Juan Luis Calero lleva radicado en Tenerife más de media vida, en su Laguna adoptiva, y, en los últimos años, vive a caballo de Canarias y Madrid.

Santiago Puig
En los años 60, las tierras del sur de Tenerife eran un páramo. No había carreteras, cultivos, playas, agua ni luz. Sin embargo, la región más pobre de la isla tenía a su favor el clima. Y eso fue lo que despertó la imaginación de Rafael Puig y su hijo, Santiago. El industrial catalán Rafael Puig Lluvina había sido contactado por el empresario tinerfeño Luis Díaz de Losada y se desplazó a la isla con su hijo, el profesor mercantil y licenciado en Ciencias Económicas Santiago Puig Serratusell. El contacto se produjo dado el interés de Antonio Domínguez Alfonso, propietario de extensas tierras en la comarca, de buscar financiación para la zona. Santiago Puig y su padre llegaron en diciembre de 1965 al escenario de una película del oeste, pero imaginaron, sobre el terreno árido y virgen, un emporio turístico, que entonces era pura quimera. De ese modo nació Playa de las Américas, que se convirtió en el buque insignia de uno de los destinos turístico de mayor éxito en Europa. Por eso, el promotor Santiago Puig, fundador de la urbanización que abrió los ojos de la isla a su principal sector económico, es considerado un visionario, autor de una idea feliz. Natural de Granollers (Barcelona) pronto se radicó en el lugar de sus sueños, el sur tinerfeño, hijo adoptivo de la villa de Adeje, y contrajo matrimonio con una de las mujeres más bellas de la isla, Noelia Afonso, Miss Europa; ambos son padres de dos hijas. Enseguida empezó a cambiar de rostro del lugar; ya desde el primer trimestre de 1966, cuando se pusieron los cimientos de la sociedad urbanizadora y promotora de Playa de las Américas: comenzaron a hacerse las carreteras, las conducciones de agua y depuradoras, las playas el alumbrado público y el sistema de telefonía. El resto es una historia que fue de menos a más hasta erigirse en una de las transformaciones más exitosas que ha protagonizado Tenerife a lo largo de su historia.

Pedro Guerra
Al cabo de una intensa vida creativa que, por ahora, se plasma en una quincena de discos en solitario y otras producciones colectivas, Pedro Guerra es un cantante y compositor que ha tenido la originalidad de no parecerse a nadie. Desde sus inicios en el seno de Taller Canario de Canción, a mediados de los años 80, hasta su publicación, estos días, de dos nuevos discos simultáneos, existe una línea de continuidad en su trabajo siempre sorprendente, marcada por un mestizaje natural a la hora de crear canciones en un continuo cruce de caminos y hallazgos. Pedro Guerra, poeta y músico, ha dado forma a una discografía personal riquísima de temas sociales e íntimos, con un aire preocupado o divertido, pero siempre cercano, que capta la atención y envuelve. Ese estilo es su sello, desde temas tempranos como Cathaysa o Cotamíname, que le dio fama nacional, desde Mararía, la banda sonora de la película basada en la novela de Rafael Arozarena, o Hijas de Eva, el disco de su mirada sobre la discriminación de la mujer. Y desde Golosinas, El mono espabilado o Arde Estocolmo, su más reciente cancionero. Pedro Guerra surgió en el auge de la Nueva Canción Canaria junto a otros cantautores locales y nacionales y pronto inicio una obra de largo recorrido, que le ha traído, por ejemplo, a musicar catorce sonetos de Joaquín Sabinaen un brillante álbum coralque acaba de salir de su factoría, 14 de ciento volando de 14. El cantautor ha llegado a su madurez, con 50 años recién cumplidos y padre de dos hijos. El niño de Güímar, el hijo de Pedro Guerra, el primer presidente del Parlamento de Canarias, se ha hecho definitivamente mayor. Es uno de los creadores que ha alcanzado mayores cotas en la cultura de este país.

Vicente del Bosque
Uno de los nombres más reconocidos y respetados del fútbol español es el de Vicente del Bosque, el primer seleccionador que ha conseguido ganar con España un Mundial. Tras esa hazaña en 2010 en Sudáfrica, todos recordamos la gira itinerante del preciado trofeo, que fue admirado en todos los rincones del país, incluida la isla de Tenerife. Del Bosque ya fue en su etapa de jugador un centrocampista talismán, que marcó una época brillante en el Real Madrid. En el club donde militó casi toda su carrera deportiva instruyó a las categorías inferiores y, de forma ocasional, al primer equipo, hasta que, al inicio del siglo XXI, dirigió el club blanco durante varias temporadas y cosechó los títulos más importantes: Ligas y Champions. Con ese bagaje se haría cargo más tarde de la Selección española, que históricamente había naufragado en los campeonatos del Mundo. El combinado nacional se convirtió enseguida en el aspirante favorito al título, tras ganar todos los partidos de la fase clasificatoria para el gran duelo de Sudáfrica. Del Bosque dio un vuelco a la historia del fútbol español en 2010, convirtiendo a la selección nacional en la mejor del mundo, tras ganar el campeonato frente a Holanda. La hegemonía del fútbol español se vio confirmada dos años después, al ganar la Eurocopa de 2012 frente a Italia. Entre 2008 y 2016, la era de Vicente del Bosque como seleccionador, alcanzó los éxitos más codiciados y puso las bases para una transición obligada, tras un bache en el Mundial y Eurocopa recientes. Del Bosque ha sido el gran triunfador tranquilo de los mayores éxitos del fútbol español, y la sociedadle ha premiado con su afecto y admiración, sabiendo quedarse con lo mejor de su trayectoria. Una carrera en la que destaca el saber estar en las verdes y la maduras, el saber gestionar las victorias más caras y los períodos improductivos. El seny de Vicente del Bosque no se deriva exclusivamente de su palmarés inigualable, sino de la personalidad y sensatez que desprende, y que hace de él uno de los líderes más valorados de este país, dentro y fuera del deporte y dentro y fuera de España. En Tenerife, donde cuenta con amigos y parientes, se le aprecia y valora como un símbolo de nuestro tiempo. Con él, jugadores de la tierra como Pedrito y Silva se hicieron campeones del Mundo. Y con él y gracias a él muchos niños de Canarias se han educado en su estilo del éxito con los pies en la tierra.

Alberto Vázquez-Figueroa
El novelista, periodista, cineasta e inventor Alberto Vázquez-Figueroa nació en Santa Cruz de Tenerife el año de la guerra civil, 1936, y vivió con pocos meses de edad el crudo destierro familiar por motivos políticos en el continente africano. Ahí se empezó a curtir la prodigiosa fantasmagoría del autor de Ébano y Tuareg y decenas de novelas, muchas de ellas llevadas al cine. Vázquez Figueroa, que ha vendido más de 25 millones de libros, es uno de los escritores de más éxito en la lengua de Cervantes. Padre del bestseller español con mayúsculas, el género de la novela de aventuras está asociado a su nombre. En algunas de sus obras aporta soluciones a los problemas del hambre, la salud y la seguridad. Su última novela brinda a las poblaciones desamparadas del Sahel un remedio asequible: simples bandejas metálicas para retener el agua del rocío y poder cocinar con las horas de sol. Es un escritor taumatúrgico que inventó un sistema para desalar agua barata del mar y producir energía. Fue profesor de submarinismo, discípulo del comandante Cousteau, y corresponsal de guerra en Latinoamérica. En 80 años ha vivido en dos latitudes, África y América, ha dado la vuelta al mundo, el real y el suyo imaginario, un mundo de tramas y peligros donde libra la batalla de la justicia y el progreso de la humanidad. La infancia de un niño huérfano de madre y con un padre ausente por larga hospitalización, lo llevó a vivir en el Sáhara español, en casa de un tío, que lo nutría de libros de aventuras para que matara el tiempo y alimentara la imaginación. Vivió con los hombres de velo azul, los tuaregs, los beduinos, los pueblos nómadas que le enseñaron los secretos de la vida en el desierto y a contar historias, que iba a ser a la postre su oficio. Ahora rinde cuentas y escribe la historia de su propia familia, su abuelo el farero, su tío escritor en Venezuela, su hermano emigrante y los recuerdos que le visitan a su piso de Madrid.

Fernando Martín Menis
Fernando Martín Menis se ha consolidado como uno de los arquitectos de mayor prestigio y proyección internacional. Nacido en Tenerife, estudió Arquitectura en Barcelona y ha desplegado su obra por distintas capitales del mundo. Su creación más reciente, el auditorio de Torun (Polonia), un palacio de la música, ha sido reconocido como uno de los mejores edificios culturales del mundo y figura entre los finalistas del Festival Mundial de Arquitectura, cuyo fallo se dará a conocer en noviembre en Berlín. Este auditorio de Martín Menis ya ha recibido numerosos premios, entre ellos el de mejor edificio construido en Polonia en 2015 y el premio internacional Iconic 2016, en la categoría de mejor edificio público, concedido en Alemania. Menis seduce a la crítica con su utilización de técnicas y materiales novedosos y la capacidad de sus volúmenes de producir la mejor acústica, el mayor desafío de los nuevos espacios escénicos en la actualidad. Antes de concebir esta maravilla de instalación, Martín Menis esbozó tanto en proyectos colectivos como individuales, como el Magma Arte y Congresos de Adeje, en Tenerife, toda una gama de arquitecturas basadas en sus dos premisas conceptuales, la razón y la emoción, que ha desarrollado en varios libros de ámbito internacional. El universo de Fernando Martín Menis está habitado por salas de conciertos, viviendas, piscinas o iglesias en múltiples lugares de Europa y Asia. Y al tiempo que construye sus ideas, las difunde en conferencias por grandes capitales, asícomo través del Laboratorio de Innovación en Arquitectura, Diseño y Turismo Avanzado que preside. Asimismo, imparte clases en la Universidad Europea de Canarias y en universidades extranjeras a las que acude como profesor invitado. Regularmente, ofrece exposiciones sobre el trabajo que realiza al frente del equipo de su estudio y participa en la Bienal de Venecia. El MOMA de Nueva York adquirió una de sus obras, la maqueta de la Iglesia Santísimo Redentor, de La Laguna,para su colección permanente. Fernando Martín Menis es un nombre que ya figura en la élite de los grandes arquitectos, con los que se mide en concursos internacionales.

Grupo Palmera
El Premio Especial Taburiente corresponde al grupo Palmera. En los años 80 todos tenían en las islas un estribillo en la punta de la lengua: Devuélveme las llaves de la moto y quédate con todo lo demás. Es una canción de 1982, que no muere. El grupo conquistó el público de todas las islas y buscó audiencia peninsular con igual éxito en lo que entonces se llamaba “intentar la aventura de Madrid”. En un verano recorrió la Península con sus canciones juveniles de idilio y desamor. Sacaron tres discos, tuvieron una corta existencia, pero generaron tal impacto social que hoy se sigue hablando de Palmera como un acontecimiento que va más allá del tiempo. Seguíamos estando huérfanos de Palmera. Hasta hoy. La banda surgida en la década de los 70 se consolidó como una de las apuestas de mayor éxito del pop-rock nacional cantado en español. El grupo surgió en Santa Cruz de Tenerife en 1976, en una actuación en el barrio de La Verdellada, hace ahora exactamente 40 años. Discográficamente, nació con otro nombre, el de El eructo del bisonte. Pero pasó a la historia con el de Palmera, su sello definitivo. Los integrantes fundacionales, Dany Pacheco, Óscar Santana, Tomás Pacheco y Carlos Real, lograron dar con un sonido particular, que enseguida caló en su público dentro y fuera y de las Islas. El grupo tuvo varios baterías y mantuvo el trío base de Dany (piano, guitarra y voz), Óscar (bajo y voz) y Tomás (guitarra y voz), tres amigos de la Rambla y el Quiosco de la Paz, tres compañeros de clase, que se nutrían de los discos que traían los hermanos de Inglaterra y Estados Unidos y que ensayaban en la casa de la abuela de Dany. Cuando en 1980 pasaron a ser Palmera, buscaron definir una marca y un estilo musical inconfundibles, y acertaron. Las canciones de esa época se ganaron un sitio en la memoria de la gente: Las llaves de la moto, Luci o ¡Qué pena! son temas que sobrevivieron a Palmera. Pues su trayectoria se vio interrumpida y solo regresaban a los escenarios en reapariciones contadas durante la década de los 90. Cada integrante prosiguió su carrera en solitario. Tomás Pacheco se dedicó a la producción y se graduó como ingeniero de telecomunicaciones. Óscar Santana transitó por otras formaciones musicales y derivó profesionalmente hacia la gestión de derechos de autor a través de la SGAE. Dany Pacheco ha proseguido grabando discográficamente y actuando en grupos. Queda el misterio de las canciones inéditas. Grabaron una treintena y con ellas enamoraron al público, pero tenían cien más y las maquetas se perdieron por el camino. Como dice una de sus canciones más conocidas, “¡qué pena!”.





