literatura

Ken Bugul y la historia que se debe contar

Discriminación racial, prostitución, violencia de género y drogas son algunas de las notas más oscuras en la vida de una de las escritoras africanas más reconocidas de este siglo
Ken Bugul en el Festival Periplo de Puerto de la Cruz. / CEDIDAS
Ken Bugul en el Festival Periplo de Puerto de la Cruz. / CEDIDAS

Mariètou Mbaye Biléoma (1948) es una escritora senegalesa más conocida por su seudónimo, Ken Bugul, del wolof y que significa la que nadie quiere. Casi como un presagio pero también como un mantra. “Este es un nombre común en Senegal que se suele poner a personas que logran sobrevivir a las desgracias. Quise ser Ken Bugul para que nadie pudiera hacerme daño. Con ese nombre, pensé, podría escribir y vivir como yo quisiera”, apunta en una entrevista para DIARIO DE AVISOS. Su historia parece repetirse entre las mujeres africanas intelectuales, que terminan siendo rechazadas y abandonadas a su suerte por romper las reglas impuestas por una sociedad machista. A Bugul la salvó la literatura, y con ella busca rescatar a esas otras mujeres. Esta es su historia, la misma que cuenta en sus libros más autobiográficos:

En la década de los 70, Ken Bugul todavía no existía. En su lugar, una joven Mariètou Mbaye consigue una beca para estudiar fuera de su tierra: Bélgica fue su destino. El país que le encendió la luz a un conocimiento infinito, también le mostró las sombras en forma de discriminación racial. “Era la primera vez que me enfrentaba a esta situación. La estancia de dos años y medio allí me permitió, por lo menos, aclarar cuáles eran mis orígenes, definirme. Yo estaba enfrentada con mi historia y mi piel por primera vez en la vida”. El rechazo, la pobreza, las drogas, la soledad, le acompañaron en esa época y la hicieron vulnerable. Asegura haber vivido de cerca “con la violencia de género, la prostitución y con el mundo de las drogas”.

En Francia, poco tiempo después, cuando todavía no se había descubierto como escritora, vivió el episodio más traumático de su vida junto a un francés. “Primero fui su amante y luego su compañera, pero esa relación me llevó hasta un psiquiátrico. Destrozada, decidí regresar a Senegal”. Allí ya no le quedaba nada, ni un hogar ni una familia, que también la rechazó. Vivió dos años en la calle. Tiempo después, la autora se convierte en la vigésimo octava esposa de un anciano morabito, su rescatador. Junto a él descubre la poligamia y consigue la paz que el tiempo le había negado. “Nunca he mantenido una relación fija con un hombre, ni de monogamia ni de poligamia. He tenido novios, amantes, he sido amante de hombres casados. Al llegar a Senegal, descompuesta por mi historia, conocí a mi marido y a sus otras mujeres, ellas me decían que disfrutara del momento”, narra. “En Europa la mujer se preocupa mucho por el tema de la poligamia. En África no es así, porque la mujer no tiene al hombre siempre en el pensamiento, sus mayores preocupaciones son los hijos, la superviviencia”, enfatiza.

Demasiadas experiencias para una sola vida. “Tenía la necesidad de sacarlo todo y la literatura fue el mejor vehículo. A lo largo de esos años tuve mucho sufrimiento y necesitaba soltarlo para continuar”, apunta la escritora invitada al Festival Periplo del Puerto de la Cruz. Buscando ese desahogo surgieron sus tres primeras novelas de corte autobiográfico: Le Baobab fou (1982), Cendres et braises (1994), Riwan ou le chemin de sable (1999) -Gran Premio de la Literatura del África Negra-. Luego llegaron, La Folie et la mort (2000) y De l’autre côté du regard (2002), Rue Félix-Faure (2005) y La pièce d’or (2005). Sus libros se han traducido a más de una decena de idiomas, convirtiéndose en referentes de la literatura africana en el mundo. No obstante, encontrar cualquiera de esos títulos en España resulta una tarea prácticamente imposible, pese a que se llegaron a editar tres: El baobab que enloqueció, Riwan o el camino de arena y La locura y la muerte. “Las obras están agotadas. Esperamos tener suerte y que en el futuro una editorial española decida reeditarlas traducidas”.

En sus libros, Ken Bugul habla sobre sus emociones, sus vivencias, sus ideas, ella escribe sin barreras, sin tener en cuenta su condición. “Hablo de la identidad del ser humano, para mí no hay una identidad africana. Vivo en África Occidental, en Senegal, con unas costumbres y una forma de vida muy diferentes a otras realidades de ese continente”. No obstante, se figura como una voz reivindicativa. “En mis obras denuncio las injusticias, lo que no me parece correcto”. Hace especial hincapié en el aspecto religioso. “Intento denunciar el papel de la mujer en las religiones. Yo soy yo y cada uno de nosotros es su propio dios, no se deben imponer cosas que terminen convirtiéndose en modos de manipulación”. Su historia es también la historia de otras mujeres africanas. “Al escribir, las mujeres han sabido hablar de sus preocupaciones, que eran a menudo temas tabú. La violación o el incesto ahora forman parte de la literatura”. La libertad, para ella, es una palabra escrita en un libro. Ken Bugul es libre escribiendo.

[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]Apunte biográfico
Nació  en 1948 en Ndoucoumane, Senegal, cuando su padre tiene ya 85 años de edad. Tras acabar la secundaria en el Liceo Malick Sy de Thiès, comienza sus estudios universitarios en Dakar, obteniendo una beca para acabar su especialización en Bélgica. De vuelta en Senegal, se casó en 1980 con un anciano morabito formando parte de su harén y convirtiéndose en la vigésimo octava esposa. [/su_note]

 

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