la laguna

“Antes me decían que fregara la loza”

Mercedes Pérez es una de las pocas mujeres que trabaja en la ganadería y también la única que participa activamente en el arrastre, lo que le ha valido un galardón en el Día de las Mujeres Rurales
Mercedes Pérez
Mercedes Pérez
La ganadera Mercedes Pérez cuenta desde hace más de 20 años con su propia cuadra. / SERGIO MÉNDEZ

Mercedes Pérez siempre tuvo claro que lo suyo era la ganadería, desde que de pequeña se escapaba de su madre “y me iba a la cuadra con mi abuelo y los animales, mis abuelos tenían vacas y me gustaban”. Ahora, con 51 años, cuenta desde hace más de 20 años con su propia cuadra, compuesta por unas 30 vacas, es una de las pocas mujeres del sector y fue recientemente galardonada en la jornada del Día Internacional de las Mujeres Rurales, que tuvo lugar en La Laguna.

Su relación con las vacas viene de tradición familiar, desde sus abuelos, aunque se enorgullece cuando relata que las suyas “las fui comprando poco a poco”. “Las primeras las compramos mi marido y yo con un préstamo y después fueron criando y con la leche y las crías fui pagando el préstamo y he seguido criando”, indica. En la actualidad cuenta con vacas canarias y holandesas, que son bastante diferentes.

Según explica, las holandesas cuestan más de 2.000 euros, al venir de fuera, y son mejores para la producción de leche pero más delicadas a enfermedades “y desde que empiezan a dar leche se quedan muy flacas y luego el carnicero te las paga solo a un euro el kilo”. Mientras, el precio medio de una vaca canaria suele estar en torno a los 1.200-1.500 euros, “aunque algunos han llegado a pagar hasta 3.000 euros, y para carne y para trabajar el campo son mejores, aguantan más”, señala.

Complicaciones

En la actualidad, Mercedes vende la leche a la quesería de Benijo, la carne a cooperativas o carniceros y el estiércol a los agricultores, para abonar campos y fincas. Pero reconoce que “es complicado vivir de esto” porque se trabaja desde el día a la noche para ganar “lo comido por lo servido, no te puedes permitir lujos”. “Es un trabajo duro -enfatiza-, te tiene que gustar porque te lleva los 365 días del año y yo me levanto a las cinco de la mañana y me acuesto a las diez de la noche para recibir poco. La vida del campo es complicada, tiene que gustar, pero yo soy feliz mientras estoy con las vacas. Ellas me dan la felicidad”.

Sin embargo, entiende que la juventud no quiera dedicarse a esta actividad porque “es una vida sacrificada”. “A mi hijo le gusta y en sus ratos libres me ayuda, pero está estudiando porque esto no lo ve como una opción de futuro”, apunta. Por ello teme que si no se buscan soluciones y se dan más ayudas y se quitan impedimentos, este trabajo terminará desapareciendo.

En este sentido, Mercedes afirma que los trabajadores de la ganadería “estamos muy desprotegidos” porque, por ejemplo, “la carne que viene de fuera, a los tres meses cobran la subvención, y nosotros matamos una vaca ahora y tenemos que esperar a junio del año que viene para cobrarla y encima pagan muy poco”. Además, denuncia que “una vaca gorda te la pagan a dos euros el kilo, cuando yo la he comprado por el doble, y luego vas a comparar la carne a una tienda y es mucho más cara”. También critica que “siempre tenemos al Seprona (el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) encima como si fuéramos delincuentes”, por denuncias de vecinos por el olor del estiércol en fincas y cuadras o por todo el papeleo que hay que tener al día para participar en romerías.

Mercedes Pérez también es la única mujer que participa activamente en el arrastre de ganado, desde hace más de 30 años cuando comenzó con las vacas de su hermano y, de hecho, lleva varios años llegando a las finales. “Antes había mucho machismo, al principio me decían que me fuera a fregar la loza, a limpiar la casa… Pero yo no me cortaba un pelo y les contestaba que yo nunca les había pedido que fueran a limpiar mi casa, ni que nunca había ido a sus casas para que me dieran un plato de potaje, que me lo ganaba yo… Pero sí que dicen muchas cosas, pero es verdad que ha ido cambiando con el tiempo”, rememora. Ella afirma que no participa “por la competición” sino “porque me gusta eso de llamar a la vaca y que camine o se pare…” y lamenta que las niñas que empiezan de pequeñas en la liga infantil lo dejen cuando entran en la adolescencia.

Mercedes, con su galardón del Día de las Mujeres Rurales. / SERGIO MÉNDEZ
Mercedes, con su galardón del Día de las Mujeres Rurales. / SERGIO MÉNDEZ

Arar el campo

Mercedes explica que casi todos los fines de semana llevan las vacas a arar al campo aunque reconoce que es una tradición que se está perdiendo, porque en la mayoría “trabajan con el tractor, lo que es más rápido pero es más caro y solo ara la tierra por arriba, a veces aran con las vacas, pero es un día por novelería y ya”. Aunque ella y su familia sí que las usan para arar su finca, de unos 60.000 metros cuadrados en La Esperanza y donde “plantamos el pasto para ellas, millo, chochos y papas. Tampoco se puede plantar otra cosa porque lo roban, el año pasado planté batatas y cuando fui no había, las habían cogido”, indica. Además, “muchas veces vamos para que aprendan, para que cuando vayan a una romería sepan qué hacer porque en el campo es donde cogen cabeza”, apunta.

Mercedes lamenta que cada vez menos gente se dedique a la ganadería y, sobre todo, el escaso interés por parte de la juventud, por lo que espera que “los políticos se pongan las pilas” para que no se pierda este modo de vida. “La vida en el campo es muy bonita, yo me acuerdo de ir con mi madre a vender la leche en el Mercado de La Laguna y hacerse las doce de la noche e ir subiendo con los cacharros hasta mi casa en San Roque, para luego ir al colegio al día siguiente, así que he estado trabajando desde chica”, recuerda con cariño.

“Me emocioné mucho, no me lo esperaba, pero estoy muy contenta”

Mercedes recuerda que cuando se enteró de que iba a recibir un galardón de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales “me emocioné mucho, no pude dar las gracias ni nada…”. “Es que no me lo esperaba, porque yo no me lo merezco, pero estoy muy contenta”, enfatiza emocionada.

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