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Los ángeles de El Fraile

Laura Infante y Solange Díaz llevan dos años al frente del único comedor social del sur de la Isla, en el que sirven almuerzos cada día a 40 personas sin ningún recurso económico, en una labor callada y feliz

“Si no luchas por nada, no ganarás nada”. La frase, escrita a mano en un folio, cuelga de una de las paredes del comedor social La Buena Estrella, el único que existe en el sur de Tenerife, que da de comer diariamente a 40 personas sin recursos en el núcleo más deprimido de la comarca: El Fraile (Arona). Al lado, otro folio y otra frase con caligrafía distinta: “No rendirse es ya un éxito”. Ambos mensajes están al lado del único baño, en cuya puerta se lee señoras y señores, frente a un árbol de Navidad sin luces y un belén sin estrellas.

Pero en el número 83 de la calle Fuerteventura, un local sin cartel a la entrada, más apropiado para un taller de coches, se sirven cada día mucho más que dos platos, postre y café. Quienes no tienen nada, aquí lo encuentran todo. Comparten mesa, experiencias, penas e, incluso, algunas risas. “Aquí se alimenta la esperanza, porque la calle trastorna”, cuenta Laura Infante; “Les damos cariño, aliento y los tratamos de tú a tú”, apostilla Solange Díaz de las Casas. Ellas son las artífices del milagro.

Laura es madre de dos niños y Solange, de una niña. Ambas viven en Santa Cruz y todos los días, de lunes a sábado, recorren los 70 kilómetros hasta El Fraile, localidad que acoge una gran diversidad de nacionalidades. Voluntarias en proyectos como Cáritas, La Milagrosa o Padre Laraña, decidieron un día, después de comprobar que no había un comedor social en el Sur, dar el paso, y eligieron la zona donde se concentra el mayor número de familias necesitadas. El impulso lo encontraron en Sor María del Carmen, la madre superiora del comedor de la calle La Noria, en Santa Cruz, que les indicó los pasos que debían seguir.

La Buena Estrella abrió sus puertas el 18 de noviembre de 2014, para lo que fue necesario contar con la colaboración de las trabajadoras sociales del Ayuntamiento de Arona, aunque tres meses antes, el 2 de agosto, se constituyó como asociación sin ánimo de lucro. Comenzaron atendiendo a una decena de personas y hoy cuadruplican ese número, la mayoría hombres y residentes en el barrio como okupas.

Mientras hablamos con ellas, Pedro y Fefi, dos exusuarios a los que la vida les dio la espalda y que con su actitud colaboradora se han ganado a pulso una oportunidad de trabajo -se les acaba de contratar a media jornada- tienen ya todo a punto para emplatar el menú de hoy: crema de verduras y pollo con papas. De postre, dulces variados, donados por un establecimiento próximo. Les ayudan dos voluntarias con gesto sonriente que se saben el nombre de todos los comensales. “Ahí fuera nadie los llama por su nombre, aquí sí”, afirman. El reloj marca las 12.30 y las cinco mesas, con seis sillas cada una, ya están llenas. En ese momento Laura, enfundada en su delantal negro, se incorpora para empezar a servir, y Solange, que también luce delantal, se coloca delante del ordenador y se dispone a supervisar las cuentas: suma, resta, pero, sobre todo, multiplica recursos y para sacar el máximo partido a las ayudas. “De eso también nos ocupamos nosotras”, explica, mientras hace el balance.

Los primeros dos años han sido muy duros, ya que esa es la antigüedad mínima que se exige por ley para optar a las subvenciones públicas. Tal circunstancia les ha obligado a estrujarse los sesos buscando el compromiso de colectivos y particulares en forma de donaciones, tanto económicas como materiales, para poder subsistir, empleando fórmulas imaginativas, como un pase de modelos donde los usuarios del comedor se sintieron como estrellas por un día sobre la pasarela. Las apreturas económicas descartaron la instalación de una cocina industrial y se optó por la contratación de un servicio de catering, menos costoso, que se mantiene a fecha de hoy.

La Buena Estrella es más que un lugar donde se da de comer. También recoge y entrega ropa, orienta sobre ofertas de empleo, tramita bonos para desplazamientos y hasta da clases de ortografía una vez a la semana.

Laura y Solange, que optaron por que su imagen no apareciera en este reportaje -“la prioridad es ayudar y lo de menos es quién está detrás”, aseguran- reconocen que la realidad que viven les supera muchas veces emocionalmente. “Al principio, nos afectaba muchísimo. Era raro el día que no llegábamos llorando a casa, pero hoy te sigues encontrando con situaciones que te desbordan”. El último ejemplo fue la semana pasada cuando se presentaron dos familias nuevas en el comedor: una madre con dos niños de 4 y 6 años y una abuela con sus dos hijos y dos nietas. A Laura y Solange se les partió el alma. “La madre con los niños había llegado días antes de Barcelona y aún no se había empadronado en Arona, que es un requisito que cumplen los usuarios, pero cómo le vas a negar la comida a dos niños y a una madre desesperada. ¡Faltaría más! Le daremos de comer hasta que formalicen su situación. Y lo mismo con la abuela y su familia. La prioridad la tienen las familias con niños y las personas mayores”. Esa mañana las lágrimas afloraron a sus ojos como en los primeros días.

No podrán olvidar nunca la tarde en la que Víctor, un usuario rumano, les dio por primera vez un beso después de comer. Era un gesto de agradecimiento, pero también de despedida. Horas después apareció muerto en una playa próxima. Igual que Ángeles. Sus problemas con el alcohol le pasaron factura y una mañana su cuerpo sin vida fue hallado en un descampado de Los Cristianos. “Han sido los peores momentos en estos dos años porque eran dos personas a las que les teníamos mucho afecto”, relatan con voz entrecortada.

Laura y Solange ya tienen en su cabeza otro proyecto en un local cercano para completar el servicio que prestan, pero prefieren esperar para anunciarlo. Convencidas de que “no hay lacra peor en la vida que el egoísmo”, su empeño por ayudar a los que más lo necesitan no tiene límites. Las dos merecen un monumento.

Agradecimiento a colectivos, empresas e instituciones

Solange Díaz y Laura Infante solo tienen palabras de agradecimiento para quienes han permitido la apertura y la supervivencia del comedor a lo largo de estos dos años: el Foro de Amigos del Sur de Tenerife, con su presidente José Fernando Cabrera al frente; el Ayuntamiento de Arona, Cabildo de Tenerife, Gobierno de Canarias, Obra Social de La Caixa, Obra Social de Cajacanarias, Cajasiete, comunidad hindú, iglesia sueca, Fuente Alta, Aguamar Aparhotel, BD Decoración, Eurest, MM Danza, Mary Lanza, Monkey Beach, Asociación de Comerciantes de Las Galletas, imprenta Reyes y numerosas personas anónimas.

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