
Hace años, entre la década de los 20 e inicio de los años 60 del pasado siglo, no era extraño escuchar a una persona en La Laguna que hablara al revés, es decir, al verres o al vesre, que es como se conoce a este tipo de habla curiosa pensada para despistar al oyente y ocultar los mensajes. Hoy en día aún quedan unos pocos que hablan al verres, pero es una tradición que se está perdiendo y que cada vez conoce menos gente.
El al verres se habla poniendo al revés las sílabas, todas o solo algunas, en función del número de ellas que tenga la palabra. “Te da la posibilidad fonética de identificar la palabra al revés y a veces tiene una serie de licencias”, apunta Julio Fajardo, escritor, gran conocedor de La Laguna, uno de los fundadores de Los Sabandeños y practicante de este habla, de los pocos que quedan.
No sé sabe muy bien cómo se implantó esta costumbre lingüística en La Laguna, único lugar de la Isla donde se hablaba. Se dice que pudo venir de Buenos Aires (Argentina), donde “era una especie de argot que se utilizaba para esconder la información en un determinado lenguaje con el no no ser delatados delante de la Policía o ante alguien que estuviera vigilando. El lunfardo que tiene el mismo objetivo, disfrazar el idioma para que no te entiendan”, explica Fajardo. Pero ¿cómo llegó a la ciudad? “Canarias ha sido lugar de emigración y de retorno, y en ese retorno han entrado muchas cosas. Pero al verres solo se hablaba en La Laguna, tiene mucho del humor lagunero, que es muy peculiar, como otras modalidades que hay en el resto de las islas. Tiene un punto de ironía, un cierto tono satírico”, apunta Eliseo Izquierdo, cronista oficial de la ciudad.
Cómo y por qué
En La Laguna perdió esa finalidad de ocultismo original de Buenos Aires y se convirtió más en una curiosidad. “Aquí la gente lo recibió con gracia y admiración, porque es complicado hablar al verres de corrido. Se hacía por exhibición, a ver quién lo hablaba más rápido. Y también para decir cosas que no querían que otros supieran”, señala Fajardo. “Es un juego de comunicación -añade Izquierdo-. Se fomentaba por las tardes, cuando hacía frío y la gente se metía en los guachinches de La Laguna y entre vaso y vaso de vino lo hablaban, también en las reuniones en las zapaterías, en las trastiendas de las farmacias… Es una manera de entenderse entre amigos cuando se está en una reunión y se quiere decir alguna cosa que no entiendan todos”.
En este sentido, Fajardo rememora: “Había una barbería en la calle de Juan de Vera que se llamaba Fariña, que tenía fama de hablar muy bien al verres, y entonces iban allí a afeitarse y él les decía cosas en al verres. Y había gente que venía de Santa Cruz a aprender a hablarlo, y les encantaba”. Izquierdo también recuerda: “En cierta ocasión vino una promoción de estudiantes de Química de la Universidad de Barcelona y se les dio un almuerzo en un restaurante en pleno campo y estaba el alcalde de La Laguna de aquel momento, que hablaba muy bien al verres, que era Lupicinio Arvelo, y en los postres al que venía al frente de la expedición catalana no se le ocurrió otra cosa que pronunciar un pequeño discurso de agradecimiento en catalán. Entonces Lupicinio, ni corto ni perezoso, se levantó y le contestó al verres y el otro se quedó desconcertado”.
En definitiva, un lenguaje que nos habla de una época y de una forma de vivir y socializar en la ciudad que ya han ido desaparecido.
La Asociación de Vecinos del Casco lucha para que “no se pierda este patrimonio intangible”
La Asociación de Vecinos del Casco de La Laguna quiere “realizar una acción de rescate y promoción” del al verres, porque “si no lo hacemos, en un corto plazo de tiempo se pierde”, apunta el presidente de la asociación, Pablo Reyes. A este respecto, recordó que hace dos años hicieron, con motivo de la conmemoración del título de Patrimonio de la Humanidad de La Laguna, “un encuentro de personas que lo hablaban, en la Tasca de Micaela, e hicimos unas pequeñas grabaciones, con el objetivo de que “este patrimonio intangible no se pierda”. “Estoy pendiente de una reunión con la directora del Museo de Historia para retomar esta tarea; queremos darlo a conocer y que la gente lo valore y sepa que es una tradición de La Laguna”, apuntó. Desde la asociación van a intentarlo, afirma, “a ver si desde el museo somos capaces de buscar algún docente y traer a algunos institutos una persona mayor que mantenga una conversación al verres, porque la gente joven no lo conoce y si estas cosas no se difunden, se pierden”.






