
Por Javier Cabrera Santa Cruz de Tenerife
Tomás Francisco Carvajal Morales y Víctor Manuel Asensio Rodríguez. Dicho así, resultan los nombres y apellidos de dos personas, sin más. Sin embargo, si les hablamos de Maxi Carvajal y de El Maestro son palabras mayores. Maxi es el director de la murga Diablos Locos desde 1994, año en el que falleció su padre, el inolvidable Tomás Carvajal Rodríguez, más conocido por Tom Carby. Por su parte, Víctor es el director musical y letrista de la veterana murga de la Cuesta Piedra.
Son la segunda murga más antigua del Carnaval chicharrero en concurso, aunque la tercera en cuanto a su fundación y nacimiento, detrás de las afilarmónicas NiFú-NiFá y Los Triki Trakes. Cuando se cita a esta histórica murga, siempre ha estado, está y estará siempre asociada a la figura de Tom Carby. Es solo escuchar el nombre de su padre y a Maxi se le humedecen los ojos, aunque de inmediato, y a pesar de una ostensible timidez, el director de Diablos Locos empieza a hablar de este personaje que nos dejó hace algo más de 12 años: “A mi padre le encantaba el boxeo y estaba dispuesto a practicar este deporte de cualquier manera. A mi abuela no le gustaba la idea. En aquellos tiempos, las peleas se anunciaban en carteles en las calles y para que mi abuela no se enterara de que iba a boxear, mi padre se cambió el nombre. De Tomás se redujo a Tom y del apellido Carvajal pasó al de Carby. Así pudo cumplir su gran pasión de practicar el boxeo, aunque su madre pasara malos ratos”.
El Maestro permanece atento a la distendida charla en el propio local de ensayo y, pese a tener claros síntomas de una gripe no curada del todo, asiente a todo lo que comenta su director, su amigo y casi hermano. A este veterano y dicharachero letrista, que se incorporó a la murga de la Cuesta Piedra en 1996, le precedieron en su función nombres tan carismáticos como José Manuel Luque Malacho o el propio Jaime Matamoro Montero. “Malacho es muy parecido al Maestro”, recalca Maxi. “Algún que otro chico ha traído alguna canción, pero Malacho, Jaime y El Maestro han sido tres letristas como tal de nuestra murga. Estos fenómenos tienen esa facilidad de componer la letra de una canción de un día para otro, en cualquier momento. Da lo mismo el lugar en el que estén. Matamoro era más de componer canciones de política. Con Malacho se ganaron muchos premios en la época de mi padre y de Víctor, qué te voy a decir”.
Si hay una palabra que ha caracterizado de siempre a la murga Diablos Locos es la de trónicos. “Es una palabra que inventó mi padre”, señaló Maxi. “Para él, la palabra trónica era la de una persona buena, gente humilde, una persona que hacía por los demás”. “Una persona chachi”, apostilló Víctor, y agregó otros ejemplos: “El vino está trónico, la comida está trónica y así con todo. Era una coletilla que empleaba para muchísimas cosas”.
Hace poco más de un lustro se rindió un más que merecido homenaje a la figura de Tom Carby. Una plaza en la Cuesta Piedra lleva el nombre de este ilustre personaje, que dirigió a Diablos Locos desde 1972. “Yo creo que este homenaje llegó cuando tenía que llegar”, comentó su hijo. “Se hizo así por la gente del barrio, que quede claro. La creación del busto de mi padre fue iniciativa de la gente del barrio. Me siento muy orgulloso de ello. Creo que el Ayuntamiento no reconoce del todo lo que la gente hace por el Carnaval”.
De mascota de la murga, con tres años, a ser el sucesor del gran Tom Carby
El actual director de Diablos Locos estuvo de mascota desde los 3 hasta los 14 años. Luego pasó, cuando se murió su padre, a dirigir la murga. La primera noción que tuvo Maxi Carvajal del Carnaval fue con apenas tres añitos. “Me di cuenta de la fiesta, sobre todo, cuando veía a mi padre con la peluca rubia. Era curioso observar cómo, el día del concurso, la gente iba disfrazada de la misma forma y mi padre lo hacía completamente diferente al resto. Si la murga se ponía un gorro, él siempre se ponía una peluca”, indica, en clara alusión a la gran personalidad del legendario Tom Carby.




