Por Manuel Maynar
Hace poco me encontré con Manolín, un buen amigo, quizás el mejor, aunque también y no pocas veces mi mejor – peor amigo.
¡Hola Manolín!, ¿qué haces por aquí?, le dije. “¡Hola amigo!, ya ves”, respondió muy explícito él.
Manolín vive bastante y en bastantes sitios, por tanto, tiene una visión más estereoscópica que mucha gente. Tanto, que un día y a propósito de la “tragedia” que supone que nuestros estudiantes viajen, que los jóvenes, incluidos investigadores, salgan fuera y que otros busquen trabajo más allá de nuestra frontera familiar, me comentó que parece como si nos encontráramos en la Edad de Piedra: todos juntos, en la misma cueva y con las mismas armas para comer.
¡Ojo!… Estamos en el siglo XXI.
Manolín, es de los que piensa que el globo terráqueo es redondo y tan bonito que entre otras cosas permite resbalarse por él, como en un carrusel de feria, y llegar hasta el cono sur. El planeta es tan perfecto que cuando llegas a la parte de abajo no te caes, ¿por qué?, porque existe alguien, lo llaman 9.8, que te agarra, pero parece que nadie lo cree, no hay más que escuchar la ya mencionada tragedia que supone salir de tu país, de tu espacio cercano, de tu micro mundo.
Ya que me encontré con mi amigo, le comenté que había escuchado, ya sabes, paseando por la calle, “si el nuevo de Sanidad: …. ¿podrá arreglar la sanidad?”.
Recordé, lo que dice el DRAE, sobre salud: “estado en el que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”.
Con la idea de seguir hablando invité a Manolín a tomar un café y me dice: “bueno, pero solo te hago compañía, no voy a tomar nada, ¡Jo! vengo de una cafetería que pertenece, creo yo, a una franquicia; estaba llena de gente”.
¿Pero tú no ibas al hospital? “¡Sí! Y allí lo vi”. ¡Ah! Ahora lo entiendo, ¿quieres decir que la cafetería del hospital estaba llena?”Sí, eso”.
Entonces me acordé del “arreglo” sanitario… ¿y si enseñáramos realmente, para qué sirve ese edificio?
Manolín me siguió explicando que pasó por una zona de la ciudad, y vio un espacio con cosas de valor muy frágiles.En otra área, bonitas ropas colgadas, grandes piezas muy bien apiladas mientras la clientela miraba, tiraba y rompía. Las personas responsables miraban hacia otro lado. “Eso es lo que vi en el hospital, quiero decir de forma coloquial. No parecía que se utilizaran correctamente nuestras instalaciones”.
Y continuó con otro ejemplo a efecto, creo yo, de hacerme más gráfico lo de “arreglar.”¿Tú crees que un póster de Picasso por ponerle un marco bonito, se convierte en una pintura original?”
Y siguió contándome: “La sanidad en nuestro entorno arrastra una “no verdad”: La sanidad en España es gratuita”, y sigue, “y, además, se dice, que existen dos bien diferenciadas: la pública y la privada”.
Continúa, “la sanidad es una, lo que es diferente es la gestión: gestión pública, con nuestro dinero, es decir pagamos para construirla y usarla correctamente”.
“La gestión privada, donde también pagamos, pero de forma más directa y personal, algo así como usar el propio coche para tus desplazamientos y, por cierto, si decidimos tomar el autobús, servicio público, pagamos el billete”.
Finalmente, “no nos deberíamos olvidar de la gestión para la beneficencia, que tampoco es gratuita ya que la pagamos todos para dar servicio sanitario a todos aquellos sin recursos, como educados que estamos en una sociedad donde debemos compartir y ayudar a los que no tienen”.
“Conclusión”, me dice Manolín, “es una sanidad con tres gestiones y ninguna gratuita”.
De esta incorrecta y constante información es por lo que, casi seguro, el hospital es mal utilizado y poco cuidado por los clientes. En caso de que tengamos que usarlo, “¿no crees que es innecesario ir “cinco” con un enfermo produciendo bloqueo de parking, ascensores, salas de espera, habitaciones y esa cafetería?”
¿Entonces Manolín?, ¿eso no se arregla solo cambiando unas personas? “Se mejoraría con información y educación de forma sencilla: empecemos en las guarderías, sigamos por los colegios, completemos desde las familias y ya hemos creado más espacio en los hospitales. Sin costo, por cierto”.
Oye Manolín…. ¿y con eso es suficiente? “Será, si seguimos informando”.
“Por cierto, tú ibas ya al colegio”, lo dice por mí, “y éramos la mitad en el planeta Tierra, no en Tenerife o en Tokio, no, en el planeta Tierra. En 50 años hemos pasado de 3.000 millones de usuarios sanitarios, es decir todos, a 7.500 millones y decimos las mismas “tontadas” sobre la salud; no habrá, es imposible, un hospital / sistema que albergue a todos.” “Otro día, si te apetece, te explicaré que un hospital, no es solo un edificio”, me dice Manolín.
Con esta información, me doy cuenta que otro tipo de educación sanitaria es necesaria, y remarca Manolín: “¿Te imaginas, en Canarias, con más de 13 millones de gente que viene a vernos, y cuando se ponen malos, ocuparan nuestro espacio hospitalario que te recuerdo, es nuestro, porque lo pagamos y está programado para nosotros?”
¿Quieres decir Manolín, que la gestión privada ayuda a que yo siga con mi espacio en el hospital de siempre y que pago?
“¡Claro!”
¿Y además con más espacios alternativos? “A todo que sí”, me dice ya cansado Manolín, “pero tampoco para esto hace falta un genio de la lámpara”, concluye.
“Y, por cierto, lo tercero que ayudaría bastante es cambiar el modelo de selección para adquirir el grado de medicina habiendo explicado, más profesionalmente, la realidad sanitaria y lo que significa ayudar en salud: sacrificio, entrega, sufrimiento, fracaso, dolor…”.
¡¡Jo!! Manolín, parece todo bastante simple, ¿verdad?
“Te diré más, una estructura hospitalaria es para que los enfermos sean atendidos por médicos, muy simple”. “Existe una segunda línea que es, la parte que unifica, consolidad ese espacio para el enfermo: La enfermería.”
“Te lo explicaré de forma más simple: un médico, para auscultar, no necesita una estructura desde gerente a portero, pero sí, y gracias a éstos, puede ayudar a más gente.”
Entonces Manolín, ¿un nuevo alguien, no puede arreglar todo? “Claro que no, solo la responsabilidad de los clientes, todos nosotros, y la no delegación de derechos por los únicos conocedores de la enfermedad: médicos y enfermería, pueden colaborar, junto a otras estructuras, a enseñar la realidad, produciendo, no un cambio, sino una actualización de algo que existe desde el origen de los tiempos: La enfermedad”. “Volvamos a enseñar, a compartir; es fácil y no cuesta dinero. No deleguemos responsabilidades en una sola persona por culto que este sea”.
“Por cierto, la tecnología actual hace todo más cercano y a los profesionales sanitarios mejores. Estamos al lado de nuestros enfermos y gracias a la comunicación tenemos acceso a toda esa información imposible de tener como individuos”.
“No te olvides”, dice Manolín, “de la domótica o de la videoconferencia clínica; y de tantas y tantas tecnologías que podemos utilizar para ser mejores usuarios de nuestra salud”.
“La sanidad es una y la enfermedad, por cierto, lo único que afecta al 100% del planeta Tierra”.
Entonces Manolín… lo de mejorar la sanidad por cambiar a una persona, ¿se le puede pedir a alguien? Recuerda lo del cuadro de Picasso: “si puedes, te compras el original y si no, disfruta de lo que tienes y cuando lo necesites ver, acude al museo que para eso se crearon”.
Resumiendo, “una persona responsable de una estructura social es como un director de orquesta, si no cuenta con músicos profesionales / entrenados, difícilmente dará entrañables conciertos”.
“Debemos construir para el futuro, aunque no veamos nosotros el éxito”.
¡Manolín!, que simple es la realidad. Gracias amigo, espero volver a verte pronto.





