El Lago Martiánez, un emblema turístico que cumple 40 años

El 30 de abril de 1977 fue inaugurada la obra del recordado artista César Manrique, y cuatro décadas después sigue siendo un referente
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Cuarenta años después de su inauguración, el Complejo Turístico Municipal Costa de Martiánez está consolidado como uno de los equipamientos más atractivos de la Isla y un elemento vertebrador en la oferta turística del Puerto de la Cruz, que atrae cada año a miles de visitantes. M.P.P.

El Complejo Turístico Municipal Costa de Martiánez, más conocido como Lago Martiánez, es una admirable obra de ingeniería del prestigioso artista lanzaroteño César Manrique, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 2005 con categoría de Jardín Histórico por el entonces presidente de Canarias Adán Martín. Se trata de un conjunto de piscinas artificiales de 27.000 metros cúbicos de agua, ubicado en la zona del litoral del Puerto de la Cruz, destino de los primeros turistas a finales del siglo XIX y principios del XX.

Su construcción fue por casualidad y surgió una tarde de 1970 cuando un grupo de amigos intercambiaban opiniones sobre las mejores alternativas para esa zona costera. “Manrique con cuatro rayas trazó las líneas maestras y dio la solución”, recuerda el historiador portuense, Melecio Hernández. Junto con él, participaron sus colaboradores de siempre, Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina, quienes años antes habían diseñado las primeras piscinas de Costa Martiánez, anexas al Lido de San Telmo, y el constructor Luis Díaz de Losada.

Al comienzo generó una protesta ecológica y sobre todo de los pescadores, que preguntaban “adónde iban a pulpear” ya que en el lugar había bajíos y la obra de cemento “no les cayó muy bien”, sostiene Hernández.

Quizás, inconscientemente, el artista quiso evitar que se destruyera el paisaje del lugar y las especulaciones urbanísticas de las que la ciudad no estuvo exenta años después como consecuencia del auge del turismo.

El boom turístico del que el Puerto de la Cruz fue pionero en Canarias, se interrumpió en los 70 como consecuencia de la crisis del petróleo. En ese contexto, la construcción del Lago fue el gran revulsivo que necesitaba la ciudad para volver a despegar.

La inversión alcanzó los 300 millones de las antiguas pesetas y salió íntegramente de las arcas municipales con la ayuda de un préstamo del Banco de Crédito Local de España. En ese momento, el alcalde era el nacionalista Marcos Brito, el mismo que años después, en 2005, presidió su reforma como consecuencia del traslado al complejo del Casino Taoro.

La instalación responde a la concepción de Manrique de aunar arquitectura y naturaleza, y de transformar el medio ambiente en arte. Por eso, en los 100.000 metros cuadrados formados por un lago central artificial con un conjunto de piscinas, jardines, terrazas y restaurantes, la piedra volcánica es la principal protagonista y el color blanco el preponderante.

En los diferentes rincones del recinto, el genio lanzaroteño también dejó su huella con siete esculturas de gran contenido artístico: Los Alisios, La Jibia, Barlovento, Homenaje al mar, Raíces, Homenaje a Willian Reich y Demios.

El 30 de abril de 1977 se inauguró oficialmente. El acto supuso un auténtico revulsivo en la ciudad turística y un acontecimiento nacional e internacional auspiciado por el Ministerio de Información y Turismo. No solo acudieron los cargos más altos del Gobierno de España sino también invitados de renombre internacional, como los embajadores de Noruega, Suecia, Finlandia, Portugal, Irlanda y Canadá; el director de Turismo de Suiza, Gastón Luvini; y el subdirector general de Turismo de Alemania, Hans Jochen Martin.

Los representantes de las principales agencias de viajes y turoperadores también integraron una comitiva de invitados que alcanzó las 400 personas y que disfrutó con las actuaciones artísticas de Isabel Pantoja, Los Sabandeños, la bailaora La Chana, el ballet de Don Lurio y un ballet acuático.

Muchos ciudadanos y vecinos curiosos visitaron las instalaciones durante esos días en unas jornadas de puertas abiertas organizadas por el Ayuntamiento para dar a conocer la joya de la corona del municipio, según se recoge en un artículo de la época de este mismo diario firmado por Agustín M. González. En ese mismo reportaje, titulado El Lago renace treinta años después, se refleja que en 1977, el director general de Ordenación y Turismo, Juan Careaga, declaró a la prensa que el recinto “era ya para siempre la salvación turística del Puerto de la Cruz”.

Cuarenta años después, el tiempo se ha encargado de demostrar que es un proyecto necesario para una ciudad que sigue luchando contra las barreras que le impone la naturaleza y para mantenerse como un destino turístico diferenciado después de sobrevivir a una importante crisis económica que ha tenido consecuencias inevitables en el sector.

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La buena coyuntura actual que experimenta el destino ha permitido acometer unas obras de mejora en el recinto. M.P.P.

NÚMERO DE USUARIOS

La mejor prueba del éxito son los miles de usuarios que registra cada año el Lago Martiánez, que en 2016 alcanzaron las 407.451 personas, el 23,80% más que en 2105.

Durante todos estos años han cambiado las modas, los gustos y las tendencias en el mercado turístico, pero la infraestructura ha resistido a todas estas transformaciones y sigue siendo “uno de los elementos vertebradores de la oferta turística del municipio y uno de los equipamientos más atractivos de la Isla en cuanto a un complejo de piscinas naturales se refiere”, señala el alcalde portuense, Lope Afonso.

El mandatario admite que ha pasado por mejores momentos, dado que la etapa de crisis se reflejó en el Lago, pero la buena coyuntura actual que experimenta el destino en cuanto a ocupación turística, repercute de forma positiva. Eso ha permitido acometer obras de mejora en el complejo, como el mantenimiento de dos esculturas; la adquisición de nuevo equipamiento, asignar un espacio para personas con diversidad funcional y dotarlo de una silla anfibia para que puedan acceder al agua sin inconvenientes; y pintar las pérgolas, entre otros trabajos.

El Pleno portuense acordó a comienzos de año realizar una serie de actos para conmemorar la efeméride que todavía no han concretado dado que se barajan diferentes opciones aunque todas apuntan a un mismo fin: presumir de una obra universal, igual que la figura de su genio creador, César Manrique.

La inauguración del complejo de piscinas artificiales junto al mar supuso un auténtico revulsivo en la ciudad turística. M.P.P.

LA FUNDACIÓN ASEGURA QUE EL MANTENIMIENTO “NO ES EL ADECUADO”

La Fundación César Manrique se encarga de estudiar y difundir la obra y el legado artístico del artista lanzaroteño. Su conservador, Fernando Ruiz, asegura que desde el punto de vista arquitectónico el mantenimiento del Lago Martiánez y las esculturas que alberga no es el idóneo, ya que existen importantes déficits que es necesario corregir.

En 2015, el Consorcio de Rehabilitación Turística de Puerto de la Cruz finalizó la restauración del Monumento al mar y el año pasado el Ayuntamiento rehabilitó La Jibia con fondos municipales.
Pero es cierto que hay otros emblemas característicos como Los Alisios o Homenaje a William Reich que necesitan una intervención urgente según Ruiz.

El conservador sostiene que es habitual que se realicen obras públicas que luego no tienen un mantenimiento adecuado en el tiempo. “Y el Lago Martiánez no escapa a esta realidad”, apunta. De hecho, asegura que la Fundación se ha dirigido al Ayuntamiento en varias oportunidades como consecuencia de las quejas trasladadas pero esta administración “nunca ha sido receptiva”. A la concejal de Patrimonio, Sandra Rodríguez, y al alcalde, no le consta que así sea.

El 40 aniversario de la instalación es para Ruiz una buena oportunidad para reflexionar sobre la importancia que tiene el complejo para el Puerto de la Cruz, además de ser el mejor homenaje que la ciudad le puede hacer al artista.

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