MIS QUERIDOS ENEMIGOS

“Franco y yo inventamos eso de una hora menos en Canarias”

Para conocer lo que ha sido la radio -que ha sido mucho- en Canarias, y principalmente en Tenerife, hay que leer ¡Oh, la radio!

Foto SERGIO MÉNDEZ

Para conocer lo que ha sido la radio -que ha sido mucho- en Canarias, y principalmente en Tenerife, hay que leer ¡Oh, la radio!, el libro de José Antonio Pardellas Casas, viejo amigo, editado por Idea. Me lo dedica: “Para Andrés Chaves, sin duda una de las grandes firmas del periodismo y de la radio en directo, con el afecto de siempre”. Para ese libro escribí unas líneas tituladas La radio en la cama, en las que contaba cómo hacía yo el programa diario de Radio Burgado, La Cafetera, acostado, desde mi casa. Incluso una vez simultaneé una entrevista en directo a un político con hacer el amor con una novia, sin que los oyentes sospecharan. Nos costó mucho a ambos -a mi novia y a mí- mantener el silencio; sobre todo a mí, que soy muy escandaloso. Estamos en el Mencey y Pardellas se empeña en invitarme a desayunar. No importa, tiene una buena jubilación. Fue, y es, un maestro de la comunicación y participó en dos programas clave en la radio del tardofranquismo y de los primeros años de la democracia: Protagonistas, vosotros, con Luis del Olmo, y Para vosotros, jóvenes, con Eduardo Sotillos. Nació en Vigo, en 1938, y cuando contaba 10 años, su familia se trasladó a vivir a Tenerife. Y aquí empieza la historia. Ah, es premio Ondas individual. Y Premio Canarias de Comunicación. Nada más y nada menos.

-Pero a usted le dio por licenciarse en otra cosa.

“Sí, me licencié en Geografía e Historia en La Laguna e hice un Máster en Gestión de Empresas Audiovisuales en la Complutense”.

-Bueno, da igual. ¿Cree que la radio está muerta?

“Que va, está viva y coleando, aunque puede caer asesinada por la Internet y las redes sociales. Pero no todavía; además, quedan los post-cats de la radio colgados en la red de redes, que son muy escuchados”.

-Usted va a cumplir 80 años, ¿ha hecho un pacto con el diablo?

“No, que yo recuerde”.

-En Google se le atribuye ser el padre de “una hora menos en Canarias”. ¿Es cierto?

“A medias; fuimos Franco y yo”.

-¿Es verdad que se ligó a su mujer por la radio?

“Ella llamó para dedicarle un disco a una amiga, me gustó su voz, quedamos a tomar un café en la Bombonería Castillo y me casé en La Concepción de La Orotava en 1965, cuando cobré el primer sueldo de Radio Nacional (RNE). Loli es villera”.

-Sus dos hijos se dedicaron también a la comunicación.

“Sí, los contagié. Uno es periodista; dirige un periódico online en el que yo colaboro. Y el otro es realizador de la radio autonómica. No les ha ido mal”.

-¿Se siente usted viejo, a pesar de su envidiable aspecto?

“No, qué va. Todavía hago un programa semanal de dos horas en Onda CIT. Y me divierto mucho”.

-¿Se acuerda de cuando transmitíamos los carnavales para la televisión en blanco y negro, desde el techo de la unidad móvil?

“Claro que me acuerdo, tanto aquí, en Santa Cruz, como en el Puerto de la Cruz. Qué tiempos. El realizador, Mariano Martín, nos volvía locos por los cascos. Aquello era toda una odisea”.

-Cuando se fue, voluntariamente, de RNE, en aquel ERE por el que recibió sus buenas perras, montó Radio Isla.

“Sí, fue la tercera emisora alegal que se abrió en Canarias, tras Radio Libertad en Las Palmas y Radio Burgado, en Tenerife. La cerramos cuando no nos concedieron la licencia. Y hablando de
esto debemos agradecer a Enrique Carreras, el ingeniero-jefe de Telecomunicaciones en Tenerife, que fue un hombre comprensivo y tolerante y a quien le envío un afectuoso saludo”.

-Saludo que hago mío a este godo bueno, de los que trabajaron de verdad por Canarias. Con la llegada de la Internet, eso de las polémicas licencias ha pasado a mejor vida, ¿no?

“Seguramente sí, pero a mí ya no me interesa. No voy a volver a montar una emisora”.

-¿Qué programas, además de los suyos que nombro en la introducción, recuerda con más cariño?

“Muchos, sería una lista interminable. Echo de menos la radio de guion: el teatro, las telenovelas como Ama Rosa o Simplemente María. Yo adapté para la radio obras de Arthur Miller, pero por citarle algún programa nombraré uno de su maestro, don Victoriano Fernández Asís. ¿Sabe cuál?”.

-Efectivamente, yo le admiré mucho. Hacía España a las 8 desde su casa de Madrid. De él me copié yo para hacer la radio en la cama.

“Sí, con Cirilo Rodríguez y Jesús Hermida en Estados Unidos, Pedro Wender en Bonn, Federico Volpini en París. Todo un equipo de grandes corresponsales”.

-Antes de entrar como jefe de programas y luego ejercer como director en RNE usted trabajó en Radio Juventud.

“Hice allí de todo. ¿No recuerda usted Café con música?

-Sí lo recuerdo. Y aquel programa en onda corta, para los marineros, desde Radio Nacional de España.

“¡Claro!, Españoles en la mar. Lloraba todo el mundo, era muy emotivo que en los tiempos sin telefonía móvil las familias pudieran comunicarse a través de la radio. Sobre todo en Navidad, o en otras fiestas señaladas, la emoción se desbordaba”.

-¿Recuerda a los directores históricos de Radio Nacional hasta usted?

“Sí, creo que a todos. Domingo Manfredi Cano, que además escribió una novela preciosa Peor que descalzos; Juan de Rojas, Enrique Sebastiá, Luciano Rodríguez, Fernando Martínez. Nosotros entramos por oposición en la radio, como se hacía antes”.

-¿A qué compañeros de la primera época recuerda con más cariño?

“Pues a muchos, a Maite Acarreta, a Arturo Rodríguez, a César Fernández-Trujillo, a Paco Padrón, Pacolín, a Marina Agulló, a Ignacio García-Talavera, a Goyo Pérez, a Montse Martínez, a un montón de gente. Y a un montón más, que haría la lista interminable. No me olvido de Álvaro Martín Díaz, Almadi, gran escritor y gran amigo; ni de Avelino Montesinos, ni de Joaquín Reguero”.

-Había, en la radio, una programación excelente, ¿no cree?

“Sí, sobre todo en los tiempos de Para vosotros, jóvenes, allá por el año 68 y siguientes, dirigido por Eduardo Sotillos; luego ocupaban la jornada radiofónica, en RNE, Cristina García Ramos y Alejo García y después El loco de la Colina. Todos magníficos. Más tarde, Eduardo Sotillos, mi antiguo compañero, me nombraría director de RNE, Centro Emisor del Atlántico. Ocupé el puesto desde el 81 al 94 y me jubilé con 56 años. Es que me dieron una pasta con aquel ERE. También me dieron cinco millones de pesetas cuando el Premio Canarias de Comunicación, que agradezco”.

-¿Se hace hoy una buena radio?

“Es distinta, pero permanecen en activo figuras incuestionables, como Carlos Herrera, que es capaz de hacer humor y radio seria. O el fantástico trabajo de animación que practica Pepe Domingo Castaño, ambos en COPE. Las tardes de la cadena SER son muy buenas. Yo escucho mucho también a Pepa Fernández y Andrés Aberasturi, en RNE, y a Gemma Nierga en la SER”.

-Su libro, ¡Oh, la radio! es todo un trabajo de investigación. ¿Le costó mucho reunir los datos?

“Manejé cantidad de documentación. Descubrí, por ejemplo, que Marconi Telegraph instaló aquí cuatro torres para conectar Europa con América, cuatro torres de setenta y pico metros de alto y ello dio origen al barrio del mismo nombre: Las Cuatro Torres. Canarias siempre ha sido sede de las conexiones radiofónicas con el mundo”.

-En su libro recuerda también que RNE de España en Canarias la inauguró Fraga, en el 64.

“Fraga y el marqués de Villaverde, yerno de Franco. Primero grabábamos, en prueba, en el Casino de Santa Cruz, y emitíamos desde Las Mesas. Luego el Cabildo alquiló un piso cerca de la plaza de Santo Domingo, y después ya en la calle de San Martín, esquina a La Marina, su actual ubicación”.

-Canarias, a pesar de cómo hablamos, de nuestra dicción diferente, ha aportado grandes nombres a la radio nacional.

“Por supuesto, pero no sólo porque hablemos de distinta forma. Los guiones del palmero Guillermo Sautier-Casaseca eran extraordinarios. Los conocimientos de Leocadio Machado, no le digo. Y el mejor locutor español fue Juan Manuel Soriano, que era lagunero”.

-Franco era el primer radioyente de España en aquellos tiempos.

“Sí, le gustaba escuchar la radio. Había que tener mucho cuidado”.

-¿Tuvo usted problemas con los poncios? Porque del régimen usted no era.

“No, yo tiraba hacia la izquierda. Una vez intentó meterse conmigo un gobernador, por una entrevista al profesor y sindicalista Oswaldo Brito, en una de las crisis portuarias. Le dije que llamara a mis jefes de Madrid y ni puto caso. Otra vez, por una entrevista a Pedro González, cuando aquello del vertedero de Montaña del Aire. Y lo mismo, no pasó nada. En cierta ocasión trajimos a Lluis Llach y el poncio de turno prohibió que cantara en el Guimerá. Entonces el rector Fernández Caldas me ofreció el paraninfo de la Universidad, pero la policía del poncio rodeó la universidad y los estudiantes quemaron el coche del rector, que era quien había autorizado la actuación. Una putada”.

-¿Sabe quién se mamó la hoja del libro de autógrafos de Radio Club, con la firma y la dedicatoria de Franco?

“Sí lo sé, pero no se lo voy a decir”.

-¿Es verdad que a su amigo Pacolín se lo llevaron los extraterrestres a su mundo y lo devolvieron a la Tierra, en La Tejita?

“Eso contaba él y que le dejaron una marca en la cara y más cosas que no son publicables. Hicimos algunos programas a lo Orson Welles en Las Cañadas. Pero allí no apareció ningún extraterrestre; eso sí, la gente no cabía”.

-¿A usted le gusta la radio musical?

“No, a mí me gusta oír en casa mis vinilos. Tengo más de 2.000”.

Dice que echa de menos “la radio de guion”, las series, el teatro radiofónico, la radionovela, pero que todo esto se lo ha comido la televisión. Pardellas y yo, con Paco Álvarez Galván, aparecíamos en los primeros Telecanarias, desde Tenerife, en la TVE de blanco y negro. Ha llovido mucho, pero mucho, desde aquello. Yo cogía muchas calenturas entonces porque trabajábamos con medios muy precarios: una vez hice ademán de tirar a un compañero, que me hacía la vida imposible, por la ventana. Sólo fue un arrebato. Ha sido siempre Pardellas un buen compañero, conciliador, con buen talante y caballeroso. Y donde hubo siempre queda. Me regala su libro, con la dedicatoria que ustedes ya conocen. Y Sergio Méndez dispara su cámara, colocados nosotros entre unas bicicletas muy cursis. Ya saben, una hora menos en Canarias.