
La historia de La Orotava está ligada a los molinos de agua. Trece había en este municipio, donde su clima poco ventoso y su orografía hacían más propicio el uso de este tipo de instalaciones que las de viento.
En el último medio siglo ha habido instituciones, colectivos e incluso particulares que han presentado diferentes proyectos para crear una ruta de los molinos que sirva para dar a conocer un capítulo importante de la historia de la Villa y, a su vez, como un gran atractivo turístico. Ambos objetivos no resultan difíciles de alcanzar y así quedó de manifiesto el domingo pasado con la iniciativa Entre Molinos, impulsada por el colectivo cultural La Escalera, en la que más de 200 personas recrearon las costumbres y los personajes de la Villa Arriba durante los años 40, 50 y 60 del siglo XX en torno al molino de Chano; el que se encuentra ubicado al inicio de la calle San José, antiguamente propiedad de Nicolasa Valcárcel; el de Josefina, y el de Las Cuatro Esquinas, también conocido como el de doña Francisca.
Este último está considerado como “la catedral de la Villa Arriba”, y por eso La Escalera reivindica que el Ayuntamiento o el Cabildo lo compren, junto con el de Josefina, y conviertan a ambos en un museo etnográfico.
“Desde La Escalera hemos optado por ponerlos en valor, sacándolos a la calle y viajando a través del tiempo para ver cómo se vivía con esos molinos funcionando”, apunta su coordinador general, Jesús García.
En el caso del molino de Las Cuatro Esquinas, donde además se construyó la antigua acequia, conserva toda la maquinaria original de hace 300 años, y está “relativamente bien conservado”, tal y como se pudo comprobar el pasado fin de semana. Es propiedad privada y está declarado Bien de Interés Cultural (BIC), aunque, según García, “no se ha cuidado como tal”.
Las conversaciones con la familia fueron complejas, porque son unos 22 herederos, no todos estaban de acuerdo en que se expusiera al público y algunos de ellos ni siquiera viven en Canarias. Finalmente, y gracias al empuje del concejal de Patrimonio, Narciso Pérez, los contactos dieron buenos resultados y La Escalera consiguió que se pudiera abrir el chaboco, una especie de semisótano inferior por donde salía el agua que impulsaba la maquinaria para moler la harina, y el público pudo admirar la maquinaria que alberga. El de Josefina tiene un deterioro mayor, dado que su funcionamiento fue más prolongado, casi hasta los años 50 del pasado siglo, aunque en la última época lo hizo con electricidad y para ser utilizado por parte de las familias propietarias.
“Hemos reivindicado que ese patrimonio etnográfico, popular, y esa arquitectura sea adquirida por el Ayuntamiento para que se pueda disfrutar y que la gente de La Orotava se sienta identificada, porque el municipio, desde el sur hasta el norte, se conforma por la misma ruta”, sostiene García. En su opinión, recuperarlos y convertirlos en museos supondrá una generación de riqueza para el municipio, puesto que será uno de los principales reclamos turísticos para aquellas personas que visiten la Villa, y al mismo tiempo contribuirá a divulgar una parte importante de la historia local.
El coordinador general de La Escalera no se atreve a vaticinar cifras respecto a su coste, pues considera que son los técnicos quienes deben hacer una valoración, pero no cree “que sea tan elevado” como para que un Ayuntamiento como el de La Orotava no pueda realizar la inversión.










