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“La mujer no es una especie a proteger, como las focas”

La abogada, escritora y presidenta del Partido Feminista de España, Lidia Falcón, afirma en esta entrevista con el DIARIO que el pacto contra la violencia de género "es un brindis al sol, una estafa. ¡260 medidas! ¿Quién se las va a leer?”
Lidia Falcón
Lidia Falcón
Lidia Falcón, abogada, escritora y presidenta del Partido Feminista de España. / SERGIO MÉNDEZ

Su estancia en Tenerife va unida a la fidelidad amigable de Montse González Lugo, con quien comparte sólidas referencias en el feminismo. Hablamos en el patio de la casa, que por unos días es su hogar isleño, próxima al García Sanabria, que conserva el hálito vivencial de los Ayala Armas, en la calle Duggi, frente a la placita del Monturrio, que presidía el verdor y aroma del naranjo y el exotismo de un zapotero. Lidia Falcón mantiene inalterables el ímpetu y la mirada de dignidad y honor con la que se pasea por la vida.

-¿Qué siente cuando la mencionamos como figura histórica, cuasi mítica, en el feminismo?

“Pues que, probablemente y sin malicia, alguno me ve un tanto caduca, y eso es un estado de animo que en mí no sé da. No me siento vieja; llevo la misma vida que cuando tenía los 30. No ejerzo con tanta habitualidad en los Tribunales, porque en el despacho tenemos otros abogados, pero sigo igual de activa en la tarea política”.

-¿Relanzando el feminismo?

“Estamos en un nuevo tiempo, que arrastra problemas viejos. El Partido Feminista de España (PFE) nació en 1979 y sigo pensando como entonces, que el feminismo tiene que dotarse de ambición política y llegar las instituciones. Mientras solo sea un movimiento social, con presencia exclusiva en la calle, ante la pancarta, seguiremos mendigando al poder que nos ayude. No estaremos firmando los decretos y las leyes, no estaremos en las instituciones”.

-¿No se perpetúa así la distancia entre sexos?

“En modo alguno. Responde a una realidad innegable: somos el 52% de la población. El feminismo es el último avance de los movimientos y luchas sociales, pues implica a las mujeres. El anarquismo, el comunismo, el socialismo y todos esos movimientos de hombres heroicos, dispuestos a morir por la causa, por cambiar el mundo, eran a su vez incapaces de cambiarse a sí mismos. Ni siquiera tenían visión para entender el sufrimiento de las mujeres que estaban a su lado, de la camarada del partido que les hacía el café. El feminismo asume que la lucha de la liberación abarca a todos los seres humanos y que para alcanzarla tenemos que llegar al poder. Tiene que haber un cambio en términos cualitativos, como decíamos antes, cuando se usaba un lenguaje preciso y no caíamos en lo difuso, confuso y ambiguo de ahora. Tenemos que ir en alianza con otros, pues sabemos que nadie va tener más fuerza solo. Estamos con Izquierda Unidad y podemos ir con cualquier otro grupo de izquierdas para tener representación en las instituciones. La mujer no es un área, una secretaria o una especialidad a proteger, pues, de ser así, también podríamos estar hablando de las focas o de la iguana, por ejemplo”.

-¿Cómo están en Canarias?

“En Gran Canaria está muy activo y en Tenerife hemos iniciado su reorganización, con Lola Delgado como coordinadora y unas camaradas fortísimas, que trabajan como leonas. Hemos hecho cursos de formación recientemente y llamamos a la participación y a la unidad”.

-¿Qué hacer ante las desigualdades laborales?

“Denunciar y corregir. He dado una charla estos días y puse solo tres ejemplos. En Sevilla, las olivareras no cobran, pues se contrata al marido y se da por hecho que va acompañado. El dueño vive en Madrid o en Londres y no se implica. En Gran Canaria, las trabajadoras del sector platanero, magrebíes o sudamericanas, son acosadas por el capataz y no abren la boca por temor a ser deportadas. En el turismo de aquí las kellys trabajan a un ritmo de tortura, cobrando a razón de 2,5 euros por habitación”.

Lidia Falcón
Lidia Falcón, abogada, escritora y presidenta del Partido Feminista de España. / SERGIO MÉNDEZ

-¿Qué opina del pacto contra la violencia de género?

“Es un brindis al sol, una estafa. Estoy absolutamente triste y es porque no me suelo equivocar; siempre pienso en lo peor, y es porque esa es la única ventaja de la vejez, eres muy sabia por la experiencia acumulada. Es un disparate eso de las 260 medidas. ¿Quien las va a leer? Predigo que no las va a leer nadie; ni el juez, ni el fiscal, ni el forense, ni la asistente social ¿Pero quiénes escribieron esos más de 200 folios, tras siete meses de reuniones, con 13 grupos y 69 expertos? Eso da para una serie de Boadella o una película de Berlanga. Me gustaría conocer a los autores, a esos que llaman serpas, que los ponen a meter datos en el ordenador. Qué absurdo, si todo eso se resume en dos acciones: meter en la cárcel a los maltratadores y ayudar a las víctimas, y ya está. La violencia contra la mujer no solo es la del compañero, es de todo el ámbito social, del prevalente patriarcado, y hay que invertir la carga de la aprueba. Tenemos que cambiar de inmediato las normas legales. Hoy ningún juez deja en libertad a un individuo sobre el que pesa una amenaza por terrorismo; en el caso de la violencia contra la mujer hay que actuar igual. Respetando las normas constitucionales, se pueden resolver muchos casos; para meter a un tipo en la cárcel no se necesita dinero. ¿Hay que recordar que el 30% de las mujeres asesinadas tenían orden de alejamiento? Tenemos más de 500 niños huérfanos, una generación mutilada, porque el padre mató a su madre, y una parte de ellos ha ido a parar a asilos, casas de acogida o dados en adopción. ¿Hasta cuándo vamos a seguir aguantando esto? El país necesita ver con mayor frecuencia que hay justicia y que se aplica. Lo estamos empezando a percibir en los casos de corrupción y hay que seguir; el delito se persigue, la justicia se impone y a las victimas se les protege. Y ya está”.

-¿Qué va a pasar en Cataluña?

“Soy catalana y lo que está allí sucediendo me duele en el alma. Quieren ir al extremo y quedar en posición de víctimas. Podría decir aquello de me duele Cataluña, como Unamuno dijo de España. Hay que remontarse a la Renaxença, al peso de la burguesía y la pequeña burguesía, que tras la perdida de mercados pide beneficios. Los avatares han hecho que el sector nacionalista dirigido por Pujol avance hacia el extremo del racismo y la xenofobia, contemplando la separación. La izquierda se ha quedado paralizada y no tenía que haber respondido con la creación de un nuevo Estatut. Fue un montaje de Maragall para rivalizar y ha hecho que afloren los peores sentimientos. Los pueblos no se separan, se unen para actuar contra el fascismo, contra el capital. No cabe aceptar que se suponga una psicología o entidad especial por el territorio, que nadie elige para nacer, y luego decir que todo se reduce a un problema de emociones, cuando las emociones no crean legislación. Los nazis podrían decir que están muy emocionados y que matan judíos porque les molestan. Exaltan los peores sentimientos cuando dicen que son más listos y más trabajadores que esos otros de aquí o de allá, que se gastan el dinero en las tabernas. Engañan diciendo que les roban a los catalanes cuando Cataluña es la segunda comunidad con mayor renta per cápita y la de mayor deuda pública, unos 70.000 millones de euros. Todo va en beneficio de una burguesía miserable sin ambición cosmopolita. Están como en Encerrados con un solo juguete, de Marcé. Ya casi nadie lee su prensa y hemos perdido hasta el nombre de España; ahora somos Estado, por la perversión del lenguaje. Las próximas generaciones catalanas van a ser semianalfabetas”.

-¿Qué le dice Canarias?

“Los canarios son especiales. aquí acogieron a mi tía, la periodista Carlota O’Neill, con sus hijas, mis primas Loty y Mariela. A mi tío, capitán de aviación, republicano, lo habían fusilado en Melilla. Yo, con 12 años, las despedí en Barcelona en 1949. Llegaron a Venezuela camufladas en un petrolero y con la ayuda de Mario Arnold salieron adelante. Desde entonces Tenerife está en mi vida. Vine con mi compañero Eliseo Bayo a la campaña de Fernando Sagaseta, de la UPC. Ambos habían estado presos en Burgos, con otros camaradas canario, que escuchaba absorta. Fue una generación de gigantes, protagonistas de verdaderas epopeyas.”

LA DIGNIDAD, EL HONOR…, CONSTANTES EN LA OBRA DE FALCÓN

En su última novela, El honor de Dios, Lidia Falcón da voz a cuatro mujeres que luchan sin desmayo por conocer la verdad: el asesinato de Lasa y Zabala. “A nuestro pueblo hay que enseñarle verdadera historia; con eso se le da dignidad, orgullo de ser lo que fue y conciencia de lo que tiene que ser. O cambiamos este país o no hay futuro”. En octubre estará en la Universidad de Laguna, presentando el documental de Nacho Blanes Soy un animal teórico, sobre su esposo, fallecido hace tres años, el filósofo Carlos París.

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