
No es la primera vez que las charcas de Erjos, en Los Silos, se quedan sin agua, pero sí es cierto que son el termómetro fiel de la sequía en la Isla y desde hace 22 años no se ven en el estado que presentan actualmente: sin una gota del preciado líquido. Es justamente su presencia la que ha atraído al lugar una variedad de flora y fauna que prácticamente ha desaparecido pero que “retornará cuando llueva y vuelvan a llenarse”, asegura a este periódico el naturalista y ornitólogo Rubén Barone.
El experto recuerda que la última vez que las lagunas se vaciaron o quedaron bajo mínimos fue en 1995, también un año muy malo en lo que a precipitaciones se refiere. “No he vuelto a verlas así hasta ahora. Siempre han tenido agua, evidentemente con oscilaciones, porque esas charcas, originadas por la extracción de tierras fértiles destinadas al cultivo en el sur de la Isla, dependen del agua que corre por las laderas para colmarse”, declara.
Estadísticamente, noviembre es el mes del año más importante de lluvias desde que empieza el otoño. Sin embargo, esta vez ha sido una excepción. Lo mismo ocurrió en octubre, el mes más seco en lo que va de siglo, según la Agencia Estatal de Metereología (Aemet). “Las charcas suelen aguantar bien durante el verano, y aunque baja el nivel de agua, se conservan”, apunta Barone.
No obstante, el ornitólogo insiste en que la aves tienen una capacidad de respuesta mayor a los cambios ambientales de lo que a veces se piensa. “En cualquier sitio que se forma una charca llega un ave. Si el agua vuelve, una serie de aves ligadas a la zona, como pueden ser la garza real, la gallineta, y la focha (fulica atra), harán lo mismo y relativamente rápido”, vaticina. Hasta que ello suceda y el lugar vuelva a sus condiciones idóneas, seguramente buscarán otras lagunas en los alrededores.

Por lo tanto, no hay peligro de que estas especies se desaparezcan definitivamente del entorno, cuyas características son únicas en Tenerife, asevera Barone. “El verdadero peligro sería que las charcas no vuelven a tener agua. Las aves migratorias y las acuáticas, que son las especies que habitan en este paraje, enclavado en el parque rural de Teno, tienen una dinámica y una forma de funcionar que el hecho de que se seque una zona es parte de su ciclo natural. Tienen una gran adaptabilidad a este tipo de cambios, sobre todo en lugares húmedos como los que hay en la Península o el Sáhara Occidental”, explica el naturalista y uno de los autores del libro Los vertebrados terrestres de Teno. Catálogo ilustrado y comentado, publicado en 2014.
El ornitólogo destaca que en momentos puntuales en las charcas se han podido ver especies de patos salvajes que llegaron de Norteamérica y también algunas aves de procedencia africana. Las especies que son más comunes en Canarias han llegado a críar allí, como la gallineta, mientras que otras van en invierno y en primavera y luego vuelven a su sitio de origen.
Los sauces sí sufren
Distinta es la situación de la flora que habita allí, especialmente del sauce canario (salix canariensis), que depende mucho del líquido elemento para poder subsistir, ya sea superficial o del subsuelo. “A primera vista parece que no hay agua, pero hay una corriente subterránea que permite que existan este tipo de especies. Y es cierto que si no llueve podría sufrir, tener daños importantes o secarse”, confirma.
En las primeras visitas que el naturalista realizó a las charcas en los años ochenta, éstas no tenían tanta vegetación. “El agua era de color achocolatada y el ecosistema no estaba tan formado. Pasados los años, se metieron los sauces y fueron dándole más armonía y belleza al paisaje”, rememora. Actualmente, es de obligada visita para los amantes del senderismo y el medio ambiente.
El Sur, en la misma situación
Rubén Barone indica que el panorama de las charcas de Erjos es el mismo que se puede ver en el Sur de la Isla. Hay lagunas entre El Médano y Guía de Isora que están completamente secas desde el verano, igual que la presa de Curbelo, en Adeje, que no se veía así desde hace años.




