la laguna

“Yo he sido un obrero del periodismo, mi padre me inculcó este amor por la profesión”

Hablamos con Elfidio Alonso, exalcalde de La Laguna, fundador de Los Sabandeños y periodista
Elfidio Alonso, exalcalde de La Laguna, fundador de Los Sabandeños y periodista. / Sergio Méndez
Elfidio Alonso
Elfidio Alonso, exalcalde de La Laguna, fundador de Los Sabandeños y periodista. / Sergio Méndez

Entre las múltiples facetas de Elfidio Alonso a lo largo de su vida está la de periodista, papel en el que se ha consagrado como uno de los referentes en Canarias, lo que fue reconocido la pasada semana por sus compañeros de profesión al recibir el premio Patricio Estévanez de la Asociación de la Prensa de Tenerife. Su padre, Elfidio Alonso Rodríguez, fue director de ABC en su periodo republicano, y fue quien le inculcó “este amor por el periodismo”, aunque el también fundador de Los Sabandeños reconoce que empezó en esta profesión “por casualidad”. Periodista todoterreno, ha trabajado en televisión, radio y prensa y, excepto en su época como alcalde de La Laguna, nunca se ha desvinculado de este mundo.

-Esta semana recibió dos reconocimientos en el mismo día por dos facetas diferentes de su carrera. ¿Cómo se sintió?

“Ese día me parecía que estaba en una nube, porque por la mañana en el Paraninfo de la Universidad recibí una distinción, que no era para mí, sino para Los Sabandeños y que recogí como director fundador, pero que coincidiera también con la festividad del patrono de los periodistas y viniera Juan Cruz desde Madrid a hacerme el panegírico, pues de verdad que no me había visto en otra. Fue muy entrañable, rodeado de los tuyos, tus familiares, y los recuerdos y las palabras de Juan fueron tan emotivas… Habló mucho de mi padre porque él lo conoció. Mi padre mi inculcó este amor por el periodismo”.

-Su padre fue director del ABC, ¿de ahí le viene entonces la profesión?

“En el gusanillo del periodismo seguro que tuvo mucho que ver él, a pesar de que estaba en la distancia, porque estaba exiliado por motivos políticos de la Guerra Civil, y nos escribíamos muy de tarde en tarde. Yo veía en casa sus carné, del diario republicano Hoy, editado en Santa Cruz de Tenerife; el semanario Proa, que fundó con mi tía María Rosa, y el ABC republicano, donde estuvo de director. Yo creo que el periodista nace y se hace. Y pues nací periodista sin saberlo y luego me hice también un poco por casualidad”.

-¿Y eso cómo fue?

“Porque yo estaba dedicado más al deporte, jugaba en el Canarias, y un día me llaman de Jornada Deportiva porque querían una crónica de un partido que había jugado. Yo no sabía escribir a máquina y entonces la hicimos en la trastienda de una droguería de la calle Herradores y allí el padre Adán me pasó la crónica a máquina. Parece que gustó mucho y me comprometieron a hacer todas las crónicas del Canarias y mi madre me tuvo que comprar una máquina de escribir”.

-Y luego pasó a escribir de política nacional, folclore…

“Después de deportes di el salto al cine, donde hacía ensayos, y un día Ernesto Salcedo me preguntó que por qué no hacía crónicas de cine para El Día. Y yo le dije que bueno, pero que tenía que firmar con pseudónimo porque El Día tenía el escudo de la Falange en la portada. De la primera película que hice una crítica fue la de Sed de mal, de Orson Welles, y el personaje de policía corrupto se llamaba Quinlan, y ese fue el pseudónimo que elegí y use varios años. Después del cine ya hice crónicas de fútbol en Jornada, y después terminé escribiendo crónicas políticas. Ya era redactor jefe de El Día y escribía de política internacional todas las noches en una sección que se llamaba Al filo de la madrugada, y ya era un todoterreno porque también hacía crónica urbana de La Laguna y junto con Juan Cruz, Julio Pérez, Luis León Barreto y Julián Ayala creamos el pseudónimo Descarte en una columna que se llamaba Envido 7, que era muy crítica sobre las cosas que veíamos que se hacían mal, y era muy leída. Y luego pasé a la radio, donde hice crónicas de política internacional y un espacio folclórico,y luego llegó la televisión y durante cuatro o cinco años hice el Escáner en Canal 7 del Atlántico”.

-¿Qué entrevistas o artículos recuerda especialmente?

“Recuerdo que en el Puerto de la Cruz le hice una entrevista al embajador de Alemania en Estados Unidos, que era un nazista, y le pregunté algunas cuestiones peliagudas y el sólo decía no comments, y de las 10 o 12 preguntas que le hice no me contestó nada más que dos o tres. Y Ernesto Salcedo lo puso en primera página y el pie que ilustró la foto del embajador conmigo pone: “Muchas veces la impertinencia no está en la pregunta sino en la respuesta o la falta de respuesta”. Otra entrevista que recuerdo muy bien fue la que hice a Raquel Welch en el Teide, cuando estaban rodando Hace un millón de años, donde se hizo esa foto histórica que da la vuelta al mundo”.

-Usted tuvo que enfrentarse a la censura, ¿cómo fue aquello?, ¿cómo se lograba lidiar en el trabajo diario?

“Cuando yo era redactor jefe de cierre terminábamos a las tres de la mañana, yo hacía el artículo en caliente de Al filo de la madrugada, porque lo escribía a esa hora, y tenía que mandar el artículo a Información y Turismo y muchas veces me venían párrafos enteros tachados con lápiz rojo, que los he guardado todos. Llegó un momento en el que escribía utilizando muchas metáforas y así intentaba burlar la censura”.

-Tengo entendido que incluso casi se tuvo que enfrentar a un Consejo de Guerra…

“En Letras Canarias publicamos tres artículos de tipógrafos republicanos contra la pena de muerte, sin darme cuenta de que ese día el Consejo de Burgos había decretado la pena de muerte de seis miembros de ETA. Entonces, me denunciaron y estuve en la antesala de un Consejo de Guerra. Ernesto Salcedo me acompañó a Capitanía General, pero el capitán general que estaba supliendo a don Héctor Vázquez, que estaba de vacaciones, me atendió muy bien. Fue don Luciano García. Era un caballero, había conocido a mi padre en el barco, y llamó al auditor de guerra, vio el caso y se dio cuenta de que me había denunciado un periodista. Y no pasó de ahí. Pero yo ya había sacado el pasaporte para irme a Venezuela con mi mujer, que allí tenía a mi padre y a mi tía, porque yo no iba a pasar por un consejo de guerra. Pero afortunadamente no fue más allá”.

-Un entorno radicalmente diferente al que se vive hoy en la profesión…

“Hoy prima la libertad de expresión, que está bien porque soy un amante de la misma, pero, muchas veces, va en la responsabilidad de los periodistas, que la usan como coartada. Y creo que hay que ser responsable también de esa libertad de expresión, porque a menudo no se calculan los daños que se pueden producir, se rebasan los límites que la ley impone o debe imponer. Cuando Fraga dictó aquella ley de prensa, que era inaguantable, alguien dijo que la mejor ley de prensa es la que no existe y soy partidario de eso, pero creo que en una cosa tan fundamental como es el cuarto poder, el periodista tiene que ser responsable para que no abuse de la libertad de expresión para provocar un daño. Ahí creo que está el límite de la libertad de expresión”.

-¿Cómo ha evolucionado el periodismo en las Islas?

“Pues con las nuevas tecnologías hoy tienes unos archivos fantásticos en Internet. Pero también la inmediatez ha condicionado mucho a los jóvenes periodistas, que quizás hacen un periodismo más de circunstancias y no de fondo. Por lo demás, veo a la gente muy bien preparada, periódicos que han mejorado muchísimo su estructura y firmas muy valiosas”.

-¿Cuál es la mayor lacra que existe hoy en el periodismo a nivel global?

“El amarillismo es la peor lacra que tiene el periodismo, eso Estados Unidos lo conoce muy bien y ha tenido que evolucionar mucho. Pero se hicieron abusos que hoy en día se mantienen, creo que aún hay que depurar el periodismo, y a pesar de que se han tomado medidas aún queda un gran tramo que recorrer”.

-¿Qué siente cuando se refieren a usted como una referencia del periodismo insular?

“Yo creo que eso es demasiado. Yo he sido un obrero del periodismo, un todoterreno, un freelance como se dice ahora, pero de ahí a considerarme un referente… Me he visto muy honrado con ese premio que me han dado los compañeros, porque esos son los importantes y que yo agradezco en infinito”.

-Usted llegó a escribir también dos novelas, ¿por qué no escribió más?

“Porque ya me dediqué a la política, entré a la Alcaldía de La Laguna, donde estuve 12 años, y también estaba con Los Sabandeños. Ya no tenía tiempo… Yo le daba prioridad a mi cargo político porque me había comprometido con los vecinos, hasta el punto que cuando fuimos a San Francisco salí un día después que Los Sabandeños porque tenía Pleno. Y de aquella época como alcalde estoy orgulloso de haber logrado que La Laguna se declarara Patrimonio de la Humanidad, que creo que es un título merecidísimo y que ha dado unos resultados fantásticos, porque se han preservado el casco histórico, sus edificios, las calles peatonales… La Laguna da gloria verla. Me siento satisfecho. Hasta tal punto que me nombraron Hijo Predilecto de La Laguna, que es otro título que llevo muy en el corazón”.

-Hablando de su época como alcalde, ¿cómo valora la actual situación política en el Ayuntamiento de La Laguna?

“Como todos votaron a favor para darme el título de Hijo Predilecto, pues no me gustaría echarles culpas a unos y a otros no. Lo que espero es que se imponga la razón, que si hay causas judiciales se diriman en los tribunales y que la aguas no se desborden, lo que deseo como buen lagunero y exalcalde”.

TE PUEDE INTERESAR