Los Realejos

El camino de la vida de los alumnos del Toscal Longuera

Las escaleras urbanas que sirven de acceso al CEIP del barrio están siendo pintadas con motivos del cuento de 'El Mago de Oz', una novedosa propuesta vecinal para mejorarlas

Macrina y su hija, el muralista, el alcalde y varios representantes municipales y del centro educativo, a pie de las escaleras. DA

“No hay lugar como el hogar”, le dice la pequeña Dorothy, protagonista de la historia de El Mago de Oz, a su perro Totó, enfundada en sus zapatos rojos, los mismos que la protegieron de la bruja malvada y le permitieron volver a casa tras atravesar el camino de baldosas amarillas.

Para los alumnos del CEIP Toscal Longuera la escalera urbana del Paseo Panamá, es el camino al colegio, su segundo hogar, y para muchos vecinos de este barrio de Los Realejos, el principal acceso a su vivienda.

Su estado estaba muy deteriorado y por eso la propuesta ganadora de la iniciativa convocada por el alcalde, Manuel Domínguez, a través de Facebook, fue darle un lavado de cara y al mismo tiempo, transmitir un mensaje ensoñador a través de la historia del escritor estadounidense Lyman Frank Baum. Su autora es Macrina Rodríguez Díaz, quien junto a su hija y alumna del centro educativo, ha supervisado los trabajos.

 

Los dibujos

Flores de colores en la parte inferior, un castillo al fondo, un camino amarillo, y un par de zapatos rojos, son algunos de los dibujos que el muralista Adán Pérez Farráis, realiza en estos días. Nadie mejor para comprobar a diario el deterioro que sufría la escalinata dado que vive a escasos metros. El artista confiesa que dudó en aceptar este trabajo en la vía pública que le propuso el Ayuntamiento porque siempre ha trabajado en paredes lisas y en este caso le ha supuesto medir en cada línea, bajar, ver el punto desde donde se tiene que ver y subir nuevamente. Pero ahora que se empieza a notar el resultado está muy satisfecho. Y además, “siempre le han gustado los retos” y éste era uno: “darle color a un sitio que lo necesitaba”, apunta.

Trabaja con spray, que es mejor que la pintura plástica para la superficie en cuestión, ya que esta última al mojarse cuando llueve se levanta con mayor facilidad. No obstante, además de pintar tiene que dirigir a los transeúntes porque no puede impedir el paso a la escalera y eso complica su trabajo. “Y con los perros más, porque no entienden”, bromea Adán.

Si algo le ha sorprendido al artista es la actitud de los vecinos. No solo de Macrina, que en todo momento “se mostró encantada y muy receptiva” con sus creaciones, sino en especial de las personas mayores.

En una ocasión, un señor se le acercó y le preguntó qué quería tomar. Ante su insistencia, le dijo que una coca cola y éste le trajo una botella de dos litros. El joven se lo agradeció pero para su sorpresa el hombre le contestó: “Es el pueblo el que te tiene que agradecer a tí lo que estás haciendo”.