
Por T. Fumero/J.C. Mateu Arona
Ricardo Ortega, el joven de 23 años recién cumplidos que, tal y como ha confesado, en la madrugada del pasado viernes acabó con la vida de sus padres y su abuelo adoptivo en una vivienda ubicada en Guaza, dentro del término municipal de Arona, se ensañó especialmente con su padre, el palmero de 68 años Antonio Ortega, según los datos facilitados a través de vías extraoficiales.
Aunque Ricardo confesó a media tarde ante los investigadores de la Guardia Civil, a los que intentó engañar a primera hora con una historia sobre un falso allanador de la morada, una finca familiar, los pormenores de su relato siguen estando bajo el secreto del sumario decretado por el juez instructor de la causa,Nelson Díaz, titular del Juzgado de Instrucción Número 4 de Arona y decano de dicho partido judicial.
Sí se sabe que, ante la evidencia de las pruebas oculares y lo incongruente de su relato, Ricardo cambió su versión a otra que se adapta a lo inicialmente deducido por los investigadores, a la espera de que los resultados de distintos análisis certifiquen o no los indicios recopilados.
Todo apunta a que fue de madrugada cuando, quién sabe por qué causa, El joven Ricardo (adoptado por la familia a los 7 años de edad) se hizo con un cuchillo y mató a sus tres familiares. Al parecer, la primera víctima fue el abuelo, Luciano Martín, también palmero y de 86 años de edad. A la espera de la autopsia, todo apunta a que degolló al abuelo en la planta superior, para luego hacer lo propio con la madre, Carmen Martín, de 59 años, en el piso inferior. También en la planta baja acabó con la vida del padre, Luciano, cuyo cadáver presentaba indicios de que hubo ensañamiento con el progenitor, ya que presentaba heridas notables en la zona del tórax y tenía parte de los órganos internos a la vista.
Esa fue la escena que hallaron los primeros agentes tras franquear la entrada de la finca familiar, donde los recibió un nervioso Ricardo, aún con las manos y la camiseta ensangrentada. El hecho de que presentara heridas superficiales en las manos apunta al hecho de que alguna de las víctimas luchó por su vida.
Sobre las causas, un dato a tener en cuenta pasa por la posible adicción que padece Ricardo, y que los análisis al respecto permitirán avanzar a la investigación en tal dirección o, por contra, descartarla.

Guaza sigue consternada
Aunque poco a poco la normalidad se va imponiendo en Guaza después de la tragedia, sus vecinos no terminan de asimilar lo ocurrido. En la entrada a la finca de plataneras que da acceso a la vivienda de dos plantas, situada en el número 7 de la calle Abdón Rocha, ya no hay unidades móviles de televisión ni de radio, tampoco se ven vecinos por fuera, ni se aprecia el frenético movimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del pasado viernes. El silencio y el desconcierto se imponen entre el vecindario.
En el bar restaurante Guaracarumbo, a 300 metros del lugar donde aparecieron los cadáveres, no se habla de otra cosa, la conmoción todavía se palpa entre la clientela y los empleados. Allí solía desayunar, antes de atender sus plataneras, ya que no tenía empleados, Antonio, el padre del parricida confeso. Muy cerca está la asociación de vecinos de Guaza, donde cada tarde solía ir a “echarse una partidita de dominó” Luciano, a quien llevaba y recogía Carmen, su única hija, especialmente en los últimos meses, en los que el anciano, según el relato de sus compañeros de juego, había experimentado un apreciable bajón físico que lo terminó de alejar de las tareas agrícolas en la finca. En el local de la asociación de vecinos recuerdan cómo el abuelo de Ricardo solía expresar cierta preocupación por su hija cuando sabía que estaba sola en casa.
La tristeza y el silencio predominan también en el supermercado donde el matrimonio realizaba sus compras, “habitualmente juntos y aparentemente felices”, como relataron algunos testigos.
Mientras, las dos perras de la familia, a las que ningún vecino escuchó ladrar en la madrugada del viernes, permanecen en una protectora de animales tras ser evacuadas el mismo viernes de la finca. “Estos dos animalitos presenciaron ayer la peor cara del ser humano, siendo testigos del triple homicidio de Guaza. Las dos se encuentran todavía en estado de shock. Si ningún familiar se hace cargo de ellas, buscaremos un buen hogar donde las ayuden a olvidar el terrible hecho”, comunicaba ayer la asociación a través de las redes sociales.
El Ayuntamiento de Arona decretó el mismo viernes dos días de luto oficial, entre las 00.00 horas de ayer y las 24.00 horas de hoy domingo, tiempo en el que la bandera de Arona ondea a media asta en el exterior de los edificios municipales y luce crespón en zonas interiores.Desde el Consistorio se hace un llamamiento a secundar el minuto de silencio convocado para las 12.00 horas del lunes en el exterior de las dependencias municipales. El decreto firmado por el alcalde, José Julián Mena, condena “cualquier tipo de violencia sea de la índole que sea”, y expresa la confianza y el reconocimiento en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, encargados de llevar a cabo la investigación de los hechos, así como del Poder Judicial, al que corresponde el esclarecimiento de los mismos.





