Política

Cuarenta años juntando recuerdos de la autonomía

Alfonso Soriano Benítez de Lugo fue elegido presidente de la Junta de Canarias el 14 de abril de 1978, meses antes de la Constitución

Corrillo en el          acto de entrega de la Medalla de Oro del Parlamento a los expresidentes de la Junta de Canarias, el 25 de junio de 2010. DA
Corrillo en el acto de entrega de la Medalla de Oro del Parlamento a los expresidentes de la Junta de Canarias, el 25 de junio de 2010. DA

Cuarenta años ya. Son los que el 6 de diciembre cumplirá la Constitución, que fue aprobada en referéndum meses después de que, el 14 de abril de 1978, Alfonso Soriano Benítez de Lugo (UCD) fuera elegido presidente de la Junta de Canarias en Las Cañadas del Teide. El órgano preautonómico lo formaban el Consejo Permanente (Gobierno) y el Pleno de la Junta (Asamblea). Jerónimo Saavedra Acevedo (PSOE), el futuro primer jefe del Ejecutivo regional, asumió la vicepresidencia. El 25 de junio de 2010, el Parlamento entregó la Medalla de Oro a los expresidentes de la Junta (1978-1982): Alfonso Soriano Benítez de Lugo, Fernando Bergasa Perdomo, Vicente Álvarez Pedreira y Francisco Ucelay Sabina. Los dos últimos, a título póstumo. “Se hace justicia con la labor de los pioneros del autogobierno”, resaltó el entonces presidente de la Cámara, Antonio Castro Cordobez. “Se cumple con quienes interpretaron los anhelos de los ciudadanos, con desencantos y alegrías”. De los distinguidos elogió su “sensatez y cordura”.

Alfonso Soriano rememoró en el acto la “concordia civil” propia de esa época y celebró que “las mejoras cabezas del país trabajasen para recuperar las libertades y se esforzaran desinteresadamente”. Desde la perspectiva del presente, comenta que no hacía falta poseer ningún máster en política: “A diferencia de los actuales chiquilicuatres, yo tenía 42 años y llevaba cerca de 20 trabajando. Y era de los más jóvenes en el Congreso de los Diputados. Allí había, de la derecha y de la izquierda, personas muy preparadas. Ni másters ni gaitas. Tierno Galván, catedrático; Manuel Fraga, catedrático; un Santiago Carrillo… ¡Hombre, por Dios! Nos aplaudían por la calle. Me acuerdo de estar en Madrid, ir a un restaurante con Joaquín Garrigues, con quien colaboraba, y la gente levantarse y aplaudir a Garrigues. Hoy eso es impensable. Los políticos no se atreven a ir a un restaurante en Madrid, porque los silban, los abuchean. Y muchas veces pienso que con razón. En 1978 proliferaban los políticos de Estado de primera fila en todos los partidos y hoy abundan la mediocridad y los personajes que vienen a vivir del cuento”. Ni rastro del populismo: “La gente era muy seria. Hay que ponerse en situación: una inflación del veintitantos por ciento, un paro desbocado, era terriblemente grave y en los famosos pactos de la Moncloa [firmados el 25 de octubre de 1977] se reunieron todos los partidos, desde el PCE hasta AP y algunos nacionalistas. Fueron capaces de establecer unas bases para levantar la economía del país. Había ganas y, sobre todo, ilusión. Ahora no existe nada de eso. Esto es un desastre. Lo más grave para mí es que los partidos no se quieren dar cuenta. Como esto siga así, terminaremos igual que en Italia y Francia. El PP y el PSOE corren el riesgo de desaparecer. Nos llevan al precipicio. Lo lógico es que surja gente nueva que inspire confianza a la ciudadanía. Estas peleas por un máster lo que ponen de manifiesto es la degradación de la Universidad española, la poca entidad y el bajo nivel. ¡Un cachondeo! No sé qué va a pasar”.

Alfonso Soriano Benítez de Lugo, en su etapa de concejal. Fran Pallero
Alfonso Soriano Benítez de Lugo, en su etapa de concejal. Fran Pallero

Alfonso Soriano formula estas reflexiones en una conversación telefónica con el DIARIO desde algún lugar de Cataluña: “He visitado el monasterio de Santa María de Poblet [en la provincia de Tarragona], donde están enterrados los reyes de la Corona de Aragón [fue panteón real desde finales del siglo XIV hasta la extinción de la casa real de Aragón, en el XV], un monumento histórico de primera magnitud, perfectamente cuidado y atendido. Admiro cómo los catalanes protegen su patrimonio histórico, mientras que en Canarias es un desastre. Me pregunto si cuando hablan de lo nuestro se refieren al timplillo”.

Soriano rememora que la cuestión catalana “se trasteó muy bien” con Adolfo Suárez: “Por supuesto que no todo lo bien que debería haber sido, pero es que el problema está avanzando más y cada vez hay menos políticos de Estado que sean capaces de resolver el conflicto. Haría falta un Gobierno fuerte que afronte las cosas mirando de frente y con toda la autoridad de la ley. Hoy, la justicia es la que está actuando. No veo que haya una política de Estado juiciosa con Cataluña. El único partido que se ha personado como acusación popular y está interviniendo es uno extraparlamentario, VOX. Está contribuyendo mucho a enderezar esto. Los políticos de ahora no dan la talla, tanto de un lado como del otro. Hubo políticos catalanes en tiempos de la UCD de mucha talla: Ramón Trías Fargas, Miquel Roca Junyent… Me dicen que son la mediocridad personificada: la mitad no han trabajado en su vida y carecen de formación”.

Nunca ha sido parlamentario autonómico y tampoco le importa: “En el primer Estatuto de Autonomía se establecía que el Parlamento de Canarias, que iba a estar en La Laguna y el Ayuntamiento de Santa Cruz montó en cólera, se reuniría cuatro meses al año en dos periodos de sesiones y sin cobrar más que las correspondientes dietas. Lo primero que hicieron al reunirse fue elevar a nueve meses las sesiones y asignarse unas retribuciones similares o mayores a las del Congreso. Me temo que la reforma del sistema electoral va a ser para elevar el número de escaños. ¿Estamos locos? Son 60, nueve meses al año y pretenden aumentar el número de escaños. Lo que tendrían que hacer es reducirlo y no cobrar. Cuatro meses son suficientes”.

A su entender, “el cúmulo de disparates” es tal que, “en 2008 o 2009”, el Parlamento compró el edificio de Telefónica de enfrente y continúa cerrado. “Se les ocurrió hacer un túnel, una pasarela subterránea, para que los diputados atravesaran la calle de Teobaldo Power y no se mojaran si llovía. Yo era concejal en Santa Cruz y me opuse rotundamente, porque era una aberración que costó un dineral”.

La estructura de la arquitectura democrática resiste los embates de los desafíos. En la construcción de la autonomía canaria, “no fue sencillo” colocar los cimientos: “Lo más complicado era decidir dónde se ubicaba la Junta de Canarias. El primer episodio moderno del pleito insular fue ese. Se planteó, y no de broma, que se emplazara en un barco a medio camino entre Gran Canaria y Tenerife”. No encontraron la isla de San Borondón.