La Orotava

“Tiene que aparecer algún Quijote o un Cervantes que venga a decir todo lo que está pasando”

Entrevista con Elsa López, escritora, que participa en las III Jornadas Cervantinas, organizadas por la Asociación Cultural Alisios, en La Orotava

Elsa López. / Fran Pallero

Es una enamorada de la poesía, género que lee desde pequeña. Un amor que se puede transmitir a través de la educación, porque pasión y educación forman un tándem que resulta difícil de separar. La misma pasión que Elsa López transmite al hablar y que siente hacia Miguel de Cervantes. Eso la trajo a La Orotava para participar en la inauguración de las III Jornadas Cervantinas, organizadas por la Asociación Cultural Alisios, que se inauguraron ayer y se desarrollarán hasta el 11 de mayo. Sincera y transparente, se confiesa religiosa, “que no es lo mismo que creyente”, aclara, y por eso tiene un gran respeto por todos los credos. Fue simpatizante del Partido Comunista, con el que trabajaba en pequeños barrios de Madrid, donde recitaba a León Felipe, Pablo Neruda y Miguel Hernández. Le encanta la pléyade Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, ya que considera que está mucho más cerca de América del Sur que de escritoras europeas.

– ¿Por qué aceptó ser la invitada de honor de las Jornadas?
“Un día recibí una invitación para ver si me apetecía acudir y dije que sí por muchas razones. La principal, porque soy una enamorada de Don Quijote desde mi más tierna juventud. Fue siempre un símbolo. Cuando tenía 16 años lo estudié durante un año entero en el preuniversitario, mejor dicho lo entendí. Y aquello fue maravilloso porque ese libro, que se lee en general cuando se es muy joven y por eso a veces no se entiende, me lo explicaron casi renglón a renglón, relacionándolo con la historia y la geografía del momento, con los paisajes, incluso nos llevaron de excursión a la zona donde había estado cabalgando y para mí era un ser real. Llegué a quererlo de tal manera porque me parecía un personaje triste y maltratado por la sociedad que intentaba llevar adelante una ilusión. Me parece maravilloso que todavía exista gente que celebre unas jornadas sobre Cervantes”.

– ¿Hasta ese momento nunca había escuchado hablar de esta iniciativa cultural?
“No, y todo ha sido una sorpresa. Primero, por ser sobre Cervantes, y segundo, porque en estos tiempos que corren, en estos momentos tan deteriorados en muchos aspectos, hay mucha relación con Don Quijote. Y tiene que haber algún Cervantes que venga a decir todo lo que está pasando, o aparecer un Quijote. Esa figura la necesitamos siempre”.

– ¿Hay quijotes o un quijote?
“Hay quijotes, pero siempre es el mismo. Ahí Cervantes fue un genio, porque construyó un ser que llevamos todos dentro. Todos tenemos algo de maldad, de bondad, de envidia, y un quijote que intenta luchar contra algo, ya sea una desgracia, la muerte de inocentes, o los poderosos, que se van apoderando de todo lo que los rodea y van despertando a los humildes y a los débiles. Hay algo en nosotros que se revuelve y es el Quijote”.

– ¿Todavía hay mucho por descubrir de Cervantes y El Quijote?
“Sí, todavía lo releo y me doy cuenta que hay cosas que se me han pasado por alto. Y cuando lo vuelvo a coger por alguna razón o me apetece de repente, lo abro y siempre encuentro algo distinto, siempre te está diciendo algo. Debió ser un hombre tan dolorido, tan afectado por el mundo que lo rodeaba, tan enfermo por la tristeza de haber pasado todo lo que pasó en una España difícil. Por eso pienso que todavía está de pie, que está vivo. Y si estuviera aquí diría un poco que esta España que te maltrata a veces, la sigues amando por encima de todo. Como el Valle, que a pesar de las construcciones y de parte de su destrucción sigue siendo el Valle de La Orotava”.

– ¿Se entiende al Quijote sin Sancho Panza?

“No, no se entiende. Sancho es maravilloso y también es una parte nuestra. Lo maravilloso de Cervantes es que escribió un libro en el que está todo el mundo, todos los seres humanos están representados. Pero no te alejes ni de El Quijote, ni de Sancho ni de Dulcinea, que parece que está puesta ahí como un adorno machista y no lo es tanto. Porque además de ser guapa y maravillosa es una mujer fuerte, que tiene sus encontronazos, y que discute”.

– Si tuviese que elegir entre Sancho Panza y el Quijote, ¿con quien se queda?
“Siempre con el Quijote. Ese hombre que sueña, que no ve la realidad pero la ve, porque creo que el que no lo hace, aunque es una teoría mía, es Sancho. Le pasa como a nosotros, estamos tan metidos en este mundo tan desarmado, terrible y contaminado, que no nos damos cuenta de nuestra contaminación”.

– ¿Cree que Pablo Iglesias es el Quijote que muchos esperan?
“No. Rotundamente no. Hubo un momento en que soñé que aparecía un Quijote el 15M en Madrid, donde participé en asambleas con una de mis nietas y me sentí muy bien, levantando la mano, eligiendo lo que se iba a votar, sintiendo esa ilusión y fascinación por la participación del pueblo, pero tuve un presentimiento y me contuve. Y cuando han pasado las cosas que han pasado, me he sentido engañada, como si me hubieran mentido y creo que a mucha gente le pasa lo mismo. Llegó un momento en que creí en el muchachito de las gafas (Iñigo Errejón) pese a que lo acusaban de tener livianas inclinaciones hacia la derecha, me gustaba. Iglesias me parecía que era una mala representación de los de mi época, de los 60, que se vestían de una determinada manera. Me parece un soberbio, petulante e ingreído, habla como los profesores cuando dan su clase y creen que tienen razón, e Irene Montero es maleducada y soberbia. ¿Cómo pueden dos personas destruir toda una ilusión? Y se cumplieron los augurios cuando empezaron a caer las voces más sensatas de aquel grupo, como Carolina Bescansa. El 15M no debió ser nunca un partido, era una ilusión, que debió seguir en la calle, luchando, enfrentándose a todo y no con votaciones, escalafones, con ‘hablo yo y tú te callas’. Ada Colau también me desilusionó. ¿Qué le pasó, qué es lo que hace la política que te hace decir y desdecir de esa manera?”.

– ¿Sigue teniendo simpatía por el Partido Comunista?
“No. Sigo teniendo simpatía por el comunismo y por una Izquierda Unida que yo viví muy a fondo. Me gustaba mucho Julio Anguita, con el que tuve una relación muy especial cuando estuve dirigiendo la Fundación Antonio Gala. He vivido cerca de él algunos momentos de su vida muy duros. Todavía lo oigo y me conmuevo. Me pasa lo mismo que con el expresidente de Uruguay José Mújica. Parece que tiene todo tan claro, cuando explica las cosas que suceden y por qué suceden, me digo: “todavía hay gente que piensa así”. Sin embargo, miras atrás y piensas, “no es lo que yo soñé, no es Rusia, no es Cuba”.

– Siempre ha apoyado a jóvenes escritores a través de su editorial, Ediciones La Palma, fundada en el año 1989. ¿Qué lo lleva a hacerlo?
“La editorial la lleva mi hijo desde Madrid pero me ha dejado los honores de dirigir una sección que amo que es ‘Ministerio del Aire,’ que es poesía pura y dura. Allí me arriesgo con gente joven que no conoce nadie y ante las críticas, he concebido pagarlo con mi dinero. De vez en cuando consigo ahorrar para editar el siguiente libro. Voy despacio, tres o cuatro al año, pero estoy muy orgullosa porque hay gente que sueña con editar, que lucha y que escribe. Y sobre todo, edito a canarios. Pero sobre todo, edito por amor. Y por convicción, por supuesto, porque creo en la poesía”.

– Ha escrito poesía y novela, ¿con qué genero se queda?
“Con la poesía siempre, porque es capaz de transmitir a veces cosas a base de símbolos, de palabras no dichas, lees unos versos y entiendes que más allá de esas palabras hay algo, y ese verso te llena porque es de tu propia construcción interior. Creo que igual que todos tenemos dentro un Quijote tenemos un poeta, aquel que construye un universo con palabras que los demás no ven pero que tú has intuido de alguna manera, y distinto al que vives. La poesía es capaz de hacernos entender lo que no vemos, es algo parecido a la religión, es muy interior, no se puede explicar”.

– ¿Cuándo fue la última vez que estuvo en Guinea Ecuatorial, el país donde nació?

“Tenía 18 años y no pude volver ya porque el gobernador civil le dijo a mi padre que no me volviera a llevar porque me había metido en un lío horroroso. Ese lío fue bailar con un negro en mi poblado. Al día siguiente fui a un partido de fútbol y los negros me abuchearon. A los dos años de haber llegado Francisco Macías al poder, mi padre dejó África. Cuando escribí El corazón de los pájaros me invitaron a ir pero no lo hice. No quiero ir, tengo una espina muy grande, que no es de rencor ni de rabia, es por ver a mi padre entregado completamente a África. Y mi madre amó ese continente como nadie se imagina, hasta tal punto que nos dejó a mi hermano y a mí al cuidado de mi abuela en La Palma”.

– ¿Por qué no usa su primer nombre, Amada, con la connotación poética que tiene?
“Es un nombre precioso y me encanta. Pero cuando era joven, nunca se decía el primer nombre y cuando lo hacían, me empezaban a cantar Amada mía, la canción de la película Gilda y me daba rabia y me parecía cursi. Luego me gustó, porque incluso me he encontrado con gente, como la chica que me hace el certificado de residencia, que me pega mucho”.

– ¿Se esperaba ser Medalla de Oro de Canarias 2016?
“Yo no me espero nunca premios pero me los espero todos, vamos a no engañarnos. Uno espera que su trabajo, o bien sea remunerado o bien, reconocido. Y por lo tanto, pienso que me lo merezco por todo lo que hice en pro de Canarias. No me interesan los premios, no los busco, pero si me los dan yo me alegro muchísimo y los agradezco muchísimo. Y me sentí muy orgullosa, sobre todo cuando iba a La Recova a comprar y la gente se alegraba y me daba la enhorabuena. Te alegras, porque mucha gente se alegra contigo, y lo hace la gente que te quiere. Y por otro lado piensas en la rabia que le debe dar a los que no te quieren, que te pones felíz”.