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Emilio Gutiérrez Caba: “La sociedad española tendría que hacer una profunda catarsis de sí misma”

Es uno de los mejores actores del panorama español y se subirá a las tablas del capitalino Teatro Guimerá junto a las actrices Chusa Barbero y Rocío Peláez para representar 'Después del ensayo', un texto del director sueco Ingmar Bergman
Emilio Gutiérrez Caba. | CEDIDA

Emilio Gutiérrez Caba (Valladolid, 1942), uno de los mejores actores del panorama español, se subirá a las tablas del capitalino Teatro Guimerá junto a las actrices Chusa Barbero y Rocío Peláez para representar Después del ensayo, un texto del director sueco Ingmar Bergman. El canario Juan José Afonso lleva la batuta de esta obra que tendrá dos funciones en Tenerife, hoy y mañana, a las 20.30 horas. Gutiérrez nos habla de la obra, del estado actual del cine y el teatro y de cómo, a pesar de ser hijo, nieto y bisnieto de actores, no tenía tan claro lo de dedicarse a este maravilloso oficio.

-Con Después del ensayo Bergman reflexiona sobre el teatro. Usted, como actor y director, ¿se siente identificado con el texto?

“Pues sí, plenamente. En ese sentido, en el noventa y pico por ciento me identifico con lo que Bergman expone en su obra. Sin duda alguna”.

-¿Con esta obra conoceremos o entenderemos más la personalidad del director sueco?

“Claro. Esta obra viene de una dramaturgia de un programa que él filmó para la televisión sueca que se llama Tras el ensayo, por lo menos su título en español, y de ese guion sale una pieza teatral que es esta. En ese sentido, sí, claro que se puede conocer muy bien lo que es Bergman a través de esta función. Naturalmente, también a través de su filmografía, que sigue siendo mágica”.

-¿Qué le atrajo de esta propuesta de Juan José Afonso?

“Es muy seductora. Habla fundamentalmente de un director al que yo admiro y he admirado mucho siempre, y además habla básicamente de teatro. La propuesta era estupenda. Como la versión de Joaquín Hinojosa es muy buena y Cuco (Juan José Afonso) me la ofreció, me pareció una oportunidad de rendir un pequeño y humilde homenaje de mi persona a Ingmar Bergman, al que yo había tenido siempre en uno de esos altares particulares que tiene uno desde que vi El séptimo sello o Fresas salvajes o El manantial de la doncella”.

-¿Qué tal fue trabajar con Juan José?

“Pues excelente, porque Cuco es un hombre muy relajado, con una visión muy tranquila de las cosas, y, sobre todo, con las ideas muy claras con respecto a lo que quería conseguir de esa obra”.

-Usted proviene de una larga saga de actores. ¿Estaba destinado a convertirse en uno?

“En realidad, mi hermana Julia y yo no tuvimos claro en principio si nos íbamos a dedicar a esto. De hecho, mi hermana Julia se dedicó primero al diseño de figurines en una tienda en Madrid y yo empecé en un laboratorio de cine. La primera parte de nuestras vocaciones no fueron furibundamente teatrales como le pasó a mi prima Irene. Ella sí tuvo claro desde el principio que quería ser intérprete. Y además, la mejor intérprete de los tres. Dejó en su vida, en el escenario, interpretaciones memorables. Pero nosotros dos, tanto Julia como yo, no lo teníamos muy claro. O sea, había una predestinación, lo que pasa es que luego, pues empiezas a conjeturar y dices “bueno, pues está muy bien hacer esto porque es una cosa que me gusta y estamos muy bien o me siento muy cómodo haciendo esto”, y entonces te dejas un poco arrastrar por lo que sabes hacer. Yo siempre he sido partidario de utilizar las facultades que tienes y no lo que es imposible. Bastantes cosas hay inútiles e imposibles en la vida. Sin embargo, si puedes utilizar lo que sabes, pues utilízalo”.

-Su sobrina nieta es Irene Escolar. ¿Le ha dado algún consejo, dado su bagaje, o ella se lo ha pedido?

“Al principio cuando empezó sí, lo que pasa es que Irene ahora ya tiene una carrera propia y distinta a la de mi hermana y a la mía. El teatro para nosotros, a parte de ser un espacio cultural, era también un lugar donde tenías que trabajar y ganarte todos los días las judías o las lentejas. Sin embargo, para Irene, que ha nacido en otra sociedad y con otros medios distintos, eso ya no forma tanto parte de ella. Las cosas han cambiado y este país ha evolucionado bastante hacía mejor en ese sentido. Ella, siendo una magnífica intérprete como es, es un eslabón de la familia distinto al resto de eslabones. Yo estoy seguramente más cerca de la profesión de mi abuela e Irene, porque, bueno, en este país ha cambiado todo de golpe con la entrada de las nuevas tecnologías y su repercusión, pues en el teatro también se ha notado”.

-Al tiempo que está de gira con esta obra, también está dirigiendo otra, La cueva de Salamanca. ¿De dónde saca las fuerzas?

“¿Las fuerzas? (risas) No, a ver, este mes hacemos cuatro representaciones de Después del ensayo precisamente en las Islas, en Las Palmas de Gran Canaria y en Santa Cruz de Tenerife. Pero el resto del mes ya no hacemos ninguna actuación más de Después del ensayo. Por lo tanto, el haber dirigido La cueva de Salamanca me lo ha permitido la escasez, por suerte o por desgracia, de representaciones que ahora tenemos las compañías españolas. Se ha reducido muchísimo el número de representaciones. Estamos en una estructuración distinta del teatro y, bueno, no sabemos a dónde va a ir. Y eso me ha permitido hacerlo. Por lo tanto, no he tenido que utilizar mucho más tiempo. A veces tengo días muy cargados, pero no son todos los días, afortunadamente. Por otra parte, los periodos escasos también pueden ser largos”.

-Entonces, el teatro no está en muy buena forma. El paciente no está sano.

“La que no está sana es la sociedad española. Todos esos piropos que a veces lanzan muchos políticos y mucha otra gente, medios de comunicación, etcétera, creo que son infundados. La sociedad española tendría que hacer una profunda catarsis de sí misma. Saber si lo que se ha hecho a lo largo de los últimos siglos está bien, llegar a conclusiones y ponerse a trabajar y a hacer los deberes, que no los tiene bien hechos. La sociedad española necesita, desde mi punto de vista, una profunda reforma, no solo de ideas, sino de actitudes, de funciones, de muchas cosas que no se han hecho o se han ido dejando. Y, evidentemente, en la materia cultural ha ocurrido lo mismo. Es la sociedad en general la que no está cumpliendo con sus deberes como yo creo que deberíamos intentar hacerlo”.

-Su próximo estreno en el cine es El árbol de la sangre, de Julio Medem. ¿Nos puede contar algo de la película?

“Es un largometraje interesante desde mi punto de vista. Es un proyecto, como todos los de Julio Medem, que tendrá mucha polémica porque el guion es una gran polémica, pero me ha gustado mucho trabajar con él porque es un director educado, sensible, un comunicador muy afable. Y eso es estupendo hoy en día, pues estamos viviendo en un mundo un tanto bronco e incluso poco empático. Sin embargo, Julio no lo es. Es una persona que se entrega, que es educadísima, y eso me gusta mucho”.

-Antes nos hablaba de la situación del teatro en España. ¿Cómo ve el estado del cine?

“No tiene nada que ver. El cine español está en una situación incluso más precaria. Lo audiovisual, sobre todo el cine, está atravesando una época mala. Está trabajando con costes muy bajos, baja producción. La crisis la están aprovechando los vivales de siempre, que cuando hay crisis son los que más ganan, recortan sueldos, aumentan las horas de trabajo… En fin, para explotar al individuo. Y eso, naturalmente, se nota mucho en el cine, más que en el teatro. En el teatro todavía pues nos podemos dar algún lujo, sobre todo de tiempo, que posiblemente sea lo más valioso. En el cine el tiempo cuenta tanto que van a una velocidad que es imposible de controlar, y creo que eso va en contra del producto. Yo siempre estoy leyendo cosas sobre cine y teatro, y cuando leo de pronto que un director de cine americano utilizaba un determinado tipo de lentes para filmar una película porque lo que quería era dar una determinada angulación, incluso a los planos, me parece que eso sí es una labor artística, que merece ser respetada. Pero yo creo que últimamente en el cine se está utilizando el vale todo, en alguna medida en la mayoría de los casos, no digo en todos, para sacar esto adelante, salga como salga, y eso va en contra del producto cultural. Como va en contra del producto cultural en la literatura la mala literatura, que en gran medida se está escribiendo ahora. Hay autoras y autores excelentes, pero también hay una barbaridad de gente que no vale un pimiento, literariamente hablando (risas). Y ahí están. Pues todas estas cosas son muy graves desde mi punto de vista”.

-Ha participado en algunas series, como Gran Reserva. Actualmente las series españolas están despuntando, triunfando a nivel nacional y mostrando una gran calidad…

“¿Tú crees que tienen calidad?”.

-Algunas sí

“Tendríamos que analizarlas muy en profundidad. Yo no estoy nada de acuerdo”.
Fariña, por ejemplo.

“Sí, Fariña puede que sea una excepción, dos o tres más. Pero hay otras que son horrorosas”.

-Sí, evidentemente no me estoy refiriendo a todas las series españolas. Creo que estaremos de acuerdo en cuáles son las horrorosas.

“(Risas) Sí, hay algunas que realmente están exportándose y tenemos buenos productos. Pero vuelvo a hablar de que se están haciendo desde la precariedad y desde los bajos costes. Insisto, seguramente están muy bien como están, pero hay que preguntarse si no estarían mejor si se hicieran de otra manera, un poco más meditadamente”.

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