
Santa Cruz de Tenerife, 1965. El ministro de Comercio de la época, Faustino García Moncó, fue el designado por Franco para representarle en la inauguración de la escultura de Juan de Ávalos. Un conjunto escultórico que representa a un ángel volando con las alas extendidas, el avión Dragon Rapide, en el que partió Franco, el 18 de julio de 1936, desde la base de Gando, Gran Canaria, a Marruecos, para ponerse al frente del Ejército de África, lo que se considera el acto inaugural de la Guerra Civil. La espalda del ángel sostiene una figura masculina, Franco, que a su vez empuña una espada en forma de cruz cristiana, semejando al Ángel de la Paz que dos años antes realizó el mismo escultor en el Cerro de las Aguzaderas, Valdepeñas (Ciudad Real). Más de 50 años después la sociedad capitalina y sus instituciones se encuentra inmersas en un debate sobre qué hacer con el que, ahora sí, se conoce como el Monumento a Franco. La Ley de Memoria Histórica marca la desaparición de todos los símbolos franquistas y homenajes al dictador, y este conjunto escultórico es, sin duda, el principal reconocimiento que la ciudad le hizo al Franco.
El debate se centra entre los que quieren que desaparezca de los espacios comunes, tal y como recoge la Ley de Memoria Histórica, y los que abogan por dejarlo resignificándolo, o no, que también los hay. Quienes abogan por mantenerlo enarbolan la bandera del valor artístico, justo lo que los dos informes encargados por el Ayuntamiento de Santa Cruz destacan. Tanto el de la Fundación de la Conservación del Patrimonio Histórico (Cicop) como el de la Real Academia de Bellas Artes, destacan su valor patrimonial, e incluso, se propugna que sea protegido como Bien de Interés Cultural (BIC).
El sentido de los informes coincide con la apuesta del Ayuntamiento, tal y como ha expresado en más de una ocasión el concejal de Cultura, José Carlos Acha, mantener el monumento en su actual ubicación y, en todo caso, con una resignificación, recordando a qué obedece tal figura. El PP, partido al que pertenece Acha, está dentro de esta corriente de proteger para evitar que desaparezca de su actual emplazamiento, pidiendo incluso públicamente al Cabildo que inicie ese expediente para declararlo BIC. El Cabildo ha dicho que mientras haya un procedimiento judicial abierto, no abrirá ningún expediente.
Y es que el abogado experto en memoria histórica, Eduardo Ranz, ha demandado al Ayuntamiento de Santa Cruz por no cumplir con la Ley de Memoria Histórica, no solo por el mantenimiento de símbolos franquistas como muchas de sus calles sino también por la permanencia del Monumento a Franco. “Si creen que cambiar ocho calles hace diez años es cumplir con la ley creo que están muy equivocados”, ha dicho el letrado en distintas ocasiones a DIARIO DE AVISOS. Aunque ahora es el juzgado el que decide, las propuestas sobre qué hacer o no se suceden. Partidos como el PSOE, Sí se puede o IU, pero también las Asociaciones de Memoria Histórica, han expresado públicamente su deseo de que desaparezca, trasladándolo, por ejemplo, al Museo Militar de Almeyda. El portavoz de IU, Ramón Trujillo, incluso, ha propuesto colocarlo en el fondo del mar, homenajeando así a las víctimas del franquismo que terminaron en la fosa de San Andrés.

Precisamente, este lugar es una parte importante de una de las propuestas de resignificación que se han hecho llegar al Ayuntamiento y a la comisión de Memoria Histórica del Cabildo. Se trata del proyecto de Abel Herrera y que denomina el anti-monumento, que ha desarrollado a través de su página web, políticamenteincorrecto.org. Hererra explicó a DIARIO DE AVISOS su idea. “Dado que el monumento en cuestión engrana, conceptualmente y por su ubicación, con el eje principal de la máquina represora de aquella Santa Cruz: salones de Fyffes, fortín de Paso Alto y fosa de San Andrés (fondeadero de las cárceles flotantes), entre otros; sería conveniente enfrentarlo al espejo de su realidad histórica, sometiéndolo a recordar continuamente su pasado, para evitar que se repita”, explica el autor. Su visión, por tanto, consiste en metamorfosear el monumento en anti-monumento, revirtiendo su mensaje “hasta transformarlo en capilla para la reflexión”. Así en un primer paso, que él denomina descabalgadura conceptual, se propone enmarcar la actual escultura en el interior de un gran cubo que se intuiría por el trazado de sus aristas (barras de acero u otro sistema que permita la nueva tecnología, como proyección lumínica de sus caras o aristas con láser, etc.). En segundo lugar, crear un rincón para la reflexión. “Se proyectaría en el interior de una caja-cubo de bronce, ubicada en un lugar estratégico visitable (borde de la fuente), la imagen panorámica captada a tiempo real de la fosa de San Andrés, en la actualidad fondeadero de buques y plataformas con tráfico constante. Ocasionalmente, en horas de penumbra, se podrá proyectar la imagen descrita en la superficie de la lámina de agua de la fuente”. Para, por último, propone ofrecer información sobre la realidad histórica objetiva: “A través de un código QR, se podrá descargar la información explicativa de la evolución de la obra, de los hechos históricos que representa y sus consecuencias derivadas. Datos cronológicos, asépticos y veraces, contrastados y consensuados por un equipo técnico multidisciplinar constituido al efecto”.
Herrera defiende que esta reinterpretación artística va en la línea con la que el artista Horst Hoheisel desarrolla en Alemania, país en el que se ha significado por reconvertir monumentos e instalaciones fascistas alemanas en espacios para pensar. Pero no es la única idea para este lugar, aunque en este otro caso la propuesta consiste es reasignar el espacio que queda si finalmente se retira la escultura en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Eduardo Sánchez Solla, presidente del Centro Gallego en Tenerife, propone, a título personal, que se conserve el espacio con su cascada, estanque, fuentes e iluminación y se dedique el mismo a la Gesta del 25 de Julio, colocando debidamente los monumentos y vestigios que se conservan referentes a dicha victoria tinerfeña, que están esparcidos por diferentes puntos de esta Capital. Solla cita algunos como el Monumento de Manuel Bethencourt y su basamento, el cañón El Tigre, el ancla de la nave de Nelson, las cartas en mármol que se cruzaron el General Gutiérrez y el Almirante Nelson y una réplica de las banderas que entregó el británico al rendirse. También una gran Cruz de Santiago. “Con ello tendríamos un monumento acorde y en lugar digno a la victoria sobre la Armada Británica y gracias a la cual se consiguió la capitalidad y que forme parte de la ruta histórica del Ayuntamiento”, finaliza.
LA OROTAVA, COMO EJEMPLO DE QUE SÍ SE PUEDEN QUITAR MONUMENTOS

Mientras la capital debate si se puede o no quitar un monumento, otros municipios, como el de La Orotava, demuestran que cumplir con la Ley de Memoria Histórica no es tan difícil. La Villa en 2009 ya había eliminado cualquier vestigio del franquismo, incluido los dos monumentos a los caídos, adosados a las paredes de las iglesias de San Juan Bautista y de La Concepción. Fueron trasladados al cementerio de la ciudad y allí siguen, alejados de los espacios públicos. Calles, escudos y los citados monumentos desaparecieron de las calles en apenas tres años. Junto a La Orotava, otra institución, el Cabildo, tampoco ha tenido problema para eliminar esos vestigios como el Monumento a Franco que se alzó durante décadas en Las Raíces. Una mañana, sin más, tras concluir el expediente administrativo correspondiente, las palas acudieron a Las Raíces y el monolito pasó a ser historia.





