desde la tronera: cultura popular

Las esmeraldas de Asieta (y VI)

El rico joyero de Nuestra Señora de Las Nieves
La Virgen de las Nieves procesiona en sus andas de baldaquino de plata con sus extraordinarias prendas y joyas, fruto del amor inmemorial del Pueblo Palmero a su Negrita. | Foto: J.G.R.E.
La Virgen de las Nieves procesiona en sus andas de baldaquino de plata con sus extraordinarias prendas y joyas, fruto del amor inmemorial del Pueblo Palmero a su Negrita. | Foto: J.G.R.E.
La Virgen de las Nieves procesiona en sus andas de baldaquino de plata con sus extraordinarias prendas y joyas, fruto del amor inmemorial del pueblo palmero a su Negrita. | Foto: J.G.R.E.

Por José G. Rodríguez Escudero

Otra de las joyas más emblemáticas de Nuestra Señora es la “sirena”. Se trata de otro de los pinjantes de cadenas de finales del siglo XVI o principios del XVII y procedente con probabilidad de talleres andinos, al igual que la “lagartija” y el “papagayo”. Fue donada por María de Las Nieves Pinto y Vélez de Ontanilla, que a su vez la había heredado en 1716 de su madre, Hipólita Teresa Vélez de Ontanilla (1666-1716). Está sujeta por dos cadenas “al elemento de suspensión superior que, con cuatro anillas en cruz, permite el uso de la joya”. Pérez Morera continúa describiéndola: “cubre su pecho una esmeralda almendrada y otros 29 ojos o cabujones de las mismas piedras están embutidos en la testa de la serpiente –pintada en verde al igual que la cola-, en la cintura y a lo largo de la cola, tanto por el anverso como por el reverso. Lleva enroscada sobre el torso y los brazos una sierpe que descansa la cabeza sobre su hombro y a la que dirige su mirada la sirena”. El clavo de oro o roseta superior tiene un cabujón de esmeralda en el centro. Esta sirena de esmeraldas perteneció a la mencionada María de Las Nieves Pinto, quien en el testamento que firmo en 1779, la dejó con una cadena de perlas a su sobrina Beatriz Pinto y Vélez y después a su hermano Juan Pinto. Como ninguno de ellos tuvo descendencia, en virtud de las mismas disposiciones, pasó a la Virgen de Las Nieves, a la que también regaló “una rosa de esmeraldas que es conocida y de mi uso”. Acerca de la sirena de esmeraldas, Fernández García añadía: “es de hacer notar que una sirena similar a la que la Virgen tiene se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano, de Madrid”.

En la Bajada Lustral de 2010, se estrenó una danza infantil coreada en honor a la Virgen de Las Nieves denominada “Danza de las Sirenas”. La prensa local decía que “contienía muchos de los elementos característicos de los actos tradicionales de las fiestas: sencillez, originalidad y una sabia mezcla de emoción, inocencia y ternura”. Se había inspirado en esta joya emblemática de la Virgen, así como en la relación de Santa Cruz de La Palma con el mar.

Los miembros de la prestigiosa saga familiar, los Vélez de Ontanilla, poseían numerosas alhajas hechas en perlas, oro, y “esmeraldas hechuras de pescado, sirenas, lagartos y papagayos”. Debido a la temática de estos últimos, se les suele considerar americanos. El de oro y esmeraldas que posee la Virgen, según Pérez Morera, se recoge por primera vez en el inventario de 1625 como “un papagayo pequeñito de oro con esmeraldas que dio Santiago Fierro Bustamante”. Sin embargo, Fernández García nos informaba de que “el papagayo de oro y esmeraldas fue donado en 1604 por Diego Fierro”. El primero nos lo describe: “en posición frontal, alas desplegadas y larga cola, posa sobre un tronco en ‘S’ tendida, originariamente pintado con esmaltado en verde, del que cuelgan un pinjante con dos perlas engarzadas. Es de oro con esmeraldas de talla tabla y triángulo embutida en cajas de engaste, cinco en cruz sobre el pecho; otras dos en cada ala y tres más en el reverso. No tiene cadenas –y tampoco consta que las tuviera-, tan sólo una anilla de sujeción en la cabeza. Cuelga de una rosa de oro a la filigrana, con 13 esmeraldas y cuatro piedras blancas que va sujeta a la ‘eme’ de perlas…”

Todas estas bellas obras de arte, y muchísimas más, conforman el joyero más valioso de cuantos existen en Canarias, que se incrementa constantemente con los obsequios que le hacen los devotos de dentro y fuera de la Isla, en agradecimiento a los favores recibidos de la Gran Señora de La Palma.

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