
En 1953 Chile acogió el primer Mundial de baloncesto femenino. Solo tres años después de la primera edición masculina, ellas demostraron que también podían y querían aunque, evidentemente, lo tuvieron algo más complicado que sus compañeros.
Europa había quedado asolada por la Segunda Guerra Mundial, un hecho que provocó que solo dos combinados continentales acudieran a Santiago de Chile junto a otros ocho americanos. Francia, orgullosa y ávida de demostrar que la Gran Guerra no había podido acabar con ella, se presentó con la espectacular Anne Marie Golchen, que sería máxima anotadora del torneo, mientras que Suiza, haciendo gala de su no beligerancia, se presentó a la cita casi ajena a tan terrible conflicto bélico.
El sistema de competición era complicado, con diez equipos (Estados Unidos, Cuba, Argentina, Brasil, México, Paraguay y Perú, además de las europeas y la organizadora Chile) jugando rondas preliminares dentro de grupos para clasificarse, a su vez, para un nuevo grupo que solo contemplaba a los aspirantes al título. Todo el Mundial se disputó en el Estadio Nacional, con capacidad para 20.000 personas, que luego, tristemente, sería símbolo de la represión llevada a cabo en aquel país por Augusto Pinochet y acaparó la atención del público, que vio como Estados Unidos batía en la final a Chile en un apretado encuentro por 36-49.
Pero aquel torneo sería el de Golchen. Nacida en Le Havre, en 1925, realmente su pasión era el atletismo. Así, se decidió por el salto de altura, siendo campeona de Francia y, pese a sufrir la Segunda Guerra Mundial, continuó con sus entrenamientos, consiguiendo ser campeona europea de salto en 1946.
Abandonó el atletismo en 1950 y lo hizo por el baloncesto, ya que su extraordinaria capacidad de salto no pasó desapercibida para el seleccionador galo. Llegó a Chile como una de las jugadoras a seguir, convirtiéndose en la máxima anotadora con 19,2 tantos por encuentro, siendo su tope de 25 con una verdadera exhibición ante Brasil. Francia llegó a ser tercera gracias, sobre todo, a Anne Marie Golchen, la mujer que pudo con la Segunda Guerra Mundial y a la que solo el gran equipo de Chile, en el encuentro decisivo, dejó fuera de la final.
Golchen se quedó con la medalla de bronce pero, sobre todo, con el honor de ser uno de los grandes nombres internacionales del baloncesto femenino en su primer Mundial. Tras su retirada fue entrenadora. Cuando murió, el año pasado, había sido incluida en el Salón de la Fama del Deporte Francés.




