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El embarque de Guadalupe marca el día grande de las Fiestas Lustrales

Veinte mil gomeros acompañarán la procesión marinera desde Puntallana a San Sebastián de La Gomera como lo hacen regularmente desde 1943, a ritmo de chácaras, tambores y décimas

 

Chácaras y tambores para recibir mañana por la tarde a la Virgen de Guadalupe en la playa de San Sebastián /SERGIO MÉNDEZ

En torno a veinte mil gomeros, venidos de todas partes del archipiélago y del mundo, participarán este lunes en el día grande de las Fiestas Lustrales en honor a la patrona de la Isla, la Virgen de Guadalupe.

Al contrario de lo que sucede en las otras bajadas de Canarias, esta es la única que se realiza por mar, aunque desde hace años ya se puede llegar en coche a la ermita de Puntallana, donde mora la imagen flamenca, por mandato en 1542 de Guillén Peraza, primer conde de La Gomera.

El hallazgo en el siglo XVI en Puntallana de la imagen de la Virgen puede considerarse, según el obispo Bernardo Álvarez, una visita de María al pueblo gomero de entonces, ya que la imagen es encontrada, por lo que el hallazgo no es fruto de una búsqueda o investigación, sino que se trata de una visita no pedida, inesperada y gratuita. Entre tradición y leyenda, dicen que la talla alumbró con un extraño resplandor desde una cueva a marineros extremeños (tienen como patrona a Guadalupe, la misma que llevaron a México) que iban camino de América, que trataron de subirla al navío y que, cuando lo hicieron, por más que lo intentaban, no podían navegar, decidiendo trasladar la pequeña talla de origen flamenco de Malinas a las autoridades de la Villa. Esa representación se sigue haciendo hoy en la llamada playa de la Cueva.

La Bajada desde Puntallana a San Sebastián como tal comenzó en 1862, pero se viene realizando regularmente desde 1943 y se hace cada cinco años el lunes siguiente al primer domingo de octubre, aunque en realidad las Lustrales ocupan más de tres meses de actos festivos, no solo en la capital sino en toda la Isla, aunque el peso de la organización la lleve casi en solitario el Ayuntamiento de San Sebastián, como en cierta medida lamenta su alcalde, Adasat Reyes.

A las cuatro de la tarde, la pequeña talla de Guadalupe saldrá desde la atalaya de su ermita, a hombros de los romeros, al embarcadero donde ansiosos marineros, con sus barcos engalanados, rompen amarras en una de labores más emotivas, acompañar a la Virgen Marinera hasta el puerto de San Sebastián.

Una vez en la rada de San Sebastián, los marinos y devotos desembarcan a hombros la imagen, entre suelta de palomas, voladores y sobre todo el inconfundible baile del tambor, con chácaras y bucios venidos de todos los pueblos de la Isla, los mismos por los que Guadalupe pasará semanas después de su estancia en la Iglesia de la Asunción de la capital y antes de que regrese de nuevo a Puntallana coincidiendo con su festividad, el 12 de diciembre, siempre que el mar lo permita, porque hace cinco años la Virgen tuvo que esperar dos meses para ser embarcada de regreso a la hoy menos solitaria morada en Puntallana.

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