
La intención era la de, aprovechando el parón navideño y que en la festividad de Reyes los niños pueden acudir con más facilidad a citas deportivas, disputar un partido al más puro estilo Torneo de Navidad del Real Madrid. Pero no salió del todo bien. Real Club Náutico de Tenerife y CB Canarias se enfrentaron el 6 de enero de 1981 en el I Trofeo de Reyes Curva 3, una competición que, debido al resultado y al poco entusiasmo con el que fue acogido por la afición, solo tuvo una edición en su andadura.
“Por aquel entonces era muy habitual disputar este tipo de partidos, incluso con equipos extranjeros de primer nivel que venían a la Isla o con selecciones de jugadores”, recuerda Manolo Hernández Cruz, colegiado que dirigió aquel encuentro junto a Juan Mesa.
Los organizadores esperaban que, debido a la rivalidad existente entre La Marea y La Fiebre Amarilla, aquel encuentro fuera un éxito de público pero, sorprendentemente, el Pabellón de la Avenida de Anaga, reconocido a nivel nacional por llenarse en cada encuentro disputado por los nautas, registró una discreta media entrada, pese a que los promotores de la idea pusieron todo de su parte: en el descanso del duelo se sorteó una motocicleta (de la desaparecida marca Puch) y balones firmados por ambos equipos entre los espectadores allí presentes.
Debido, posiblemente, a esa misma rivalidad, nadie quiso perder, provocando que hasta cuatro jugadores, Chinche Lafuente, Ventura de la Rosa y Richy Bethencourt por los laguneros, además de Matt White por los santacruceros, fueran eliminados por faltas personales, pero, según las crónicas de la época, deportivamente, el partido fue “malo” debido a su “baja calidad técnica”.
Los canaristas formaron ese día sin extranjeros, mientras que en el Náutico solo el dramáticamente desaparecido Matt White fue el único jugador no español que se puso su camiseta para aquel trofeo que acabó con victoria nauta por 78-77 y que pasó sin pena ni gloria a la historia de un baloncesto, el de los 80 y principios de los 90, en el que, poco a poco el baloncesto femenino trataba de abrirse un hueco, aunque sin la atención merecida: antes de este Náutico-Canarias se disputó un partido amistoso entre el Krystal y el conjunto femenino canarista con victoria para las primeras, aunque casi sin referencias que hayan llegado hasta nuestros días.
El malogrado White, el padre de Pau Ribas…
Viendo los jugadores que actuaron por uno y otro equipo llaman la atención varios nombres. Desgraciadamente, el de Matt White es uno de ellos. El pívot estadounidense de 2,08 metros que hizo carrera en España gracias a su gran rendimiento en el Náutico.
Hace solo cinco años, fue asesinado a manos de su mujer, natural de Valladolid, que, encontrándose en tratamiento psiquiátrico, aludió a haberlo sorprendido viendo pornografía, algo descartado por la policía. Actualmente se encuentra recluida en una penitenciaría de Pensilvania tras haber sido declarada culpable.
Jordi Ribas, padre de Pau, actual jugador del FC Barcelona, defendía la camiseta de aquel Náutico debido a que tuvo que hacer la mili en la Isla (jugó solo en la campaña 1980/1981), mientras que en el CB Canarias jugaban el llorado Richy Bethencourth, uno de los jugadores más importantes en la historia aurinegra, Fernando Esquivel, Manolo de las Casas, o un joven, tenía por entonces solo 19 años, Juan Méndez, otro símbolo del canarismo que comenzaba a despuntar como futuro jugador de la máxima categoría del baloncesto español.
El Torneo de Navidad madridista, el referente
Nunca hubo una cita de baloncesto navideña mejor que el torneo organizado por el Real Madrid de 1966 a 2006. Equipos como la Cibona o la Jugoplastika o selecciones como la de la URSS visitaron al conjunto de la capital de España. Fue, primeramente, un Mundial de clubes auspiciado por la FIBA, para luego quedar como cita organizada por los madridistas el último día de cada año. Poco a poco fue perdiendo solera, hasta que en 2006, jugándose ya en verano, se decidió poner punto y final al mismo.




