Sanidad

Así funciona el maniquí que salva vidas ‘sufriendo’ ictus e infartos

El Centro de Entrenamiento en Robótica y Telemedicina (CERTEM) entrena a médicos y enfermeros para que aprendan a enfrentarse a patologías reales sin ningún tipo de riesgo

 

 

“¿Qué le ocurre?, ¿cómo se encuentra?”, pregunta una doctora, mientras al paciente le cuesta respirar. En cuestión de segundos, el hombre entra en parada cardiorrespiratoria e, ipso facto, comienzan las maniobras de reanimación por parte de los profesionales. “1, 2, 3, 4… ¡Oxígeno!”, pide otro médico que, desafortunadamente, nada puede hacer por el afectado. Nadie fallece y el infarto vuelve repetirse una y otra vez.

Que un profesional de la salud adquiera los conocimientos básicos durante su periodo de formación es relevante, pero saber cómo ponerlos en práctica antes de enfrentarse al día a día de un centro hospitalario es fundamental. Y si, además, el entrenamiento se lleva a cabo con un mismo paciente llamado Paco -o Carmen, según se tercie- que sufre una insuficiencia respiratoria aguda, un broncoespasmo, una insuficiencia cardíaca, un ictus, una parada cardiorrespiratoria e, incluso, sangra, las prácticas pueden ser ilimitadas.

Esto es, precisamente, lo que alumnos de la rama de ciencias de la salud aprenden en el Centro de Entrenamiento en Robótica y Telemedicina (CERTEM) del Hospital Universitario de Canarias (HUC), que cuenta con la colaboración de la Fundación Ágora y que dirige el catedrático de Medicina y Cirugía de la Universidad de La Laguna (ULL), así como portavoz municipal del Partido Popular lagunero, Antonio Alarcó. El centro formativo desarrolla proyectos de innovación educativa orientados al aprendizaje y entrenamiento de procedimientos clínicos de diagnóstico y terapia. También cuenta con un laboratorio de simulación clínica avanzada donde se prepara, se ejercita y se evalúa a los alumnos ante patologías en un entorno y en unas condiciones que se ajustan bastante a la realidad.

Alumnos realizando un curso de simulación clínica avanzada en el CERTEM. | DA

El director de CERTEM ha explicado a DIARIO DE AVISOS que “es un proyecto pionero y ambicioso en Canarias que nació hace más de 10 años mediante fondos europeos en nuestro afán por conseguir un quirófano integrado inteligente” con el que se pretendía entrenar intervenciones “como si el profesional estuviera en la misma sala de operaciones, pero sin ningún riesgo”. Alarcó y el profesor Manuel Maynar, dedicado a la radiología intervencionista en el Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, firmaron un acuerdo, a través de la Fundación Ágora, para impartir este tipo de aprendizaje. “Esta formación se complementa, aun más, gracias a la nueva legislación que obliga a que haya un centro acreditado que desarrolle estos cursos y conceda un certificado validado”, indica.

Al ser preguntado sobre si estos avances hubieran resultado trascendentales en su etapa formativa, Alarcó, quien cuenta con 40 años de experiencia en el sector de la salud, afirma que “he tenido la suerte de vivir momentos bastante distintos de la medicina”, pero reconoce que “los estudiantes de hoy en día son muy buenos porque cuentan con este tipo de tecnología”.

Instructores: “Despertamos las dudas del alumno”

La fase de análisis es una de las más importantes en el entrenamiento de la simulación. | DA

Pablo Jorge Pérez, cardiólogo del HUC, y Benehario Darias Delbey, anestesista del mismo centro hospitalario, trabajan desde hace cuatro años como instructores de simulación clínica avanzada en el CERTEM donde “buscamos despertar la ilusión, la creatividad y las dudas que pueda tener el alumno”. Así lo ha asegurado Jorge Pérez, quien, junto a su compañero, se encarga de programar una determinada patología al maniquí para que los médicos y enfermeros aprendan a enfrentarse a ella tantas veces como sea necesario. Sin embargo, para el docente, lo más relevante de esta práctica es la fase del análisis. “Esto es realmente lo que creemos que cambia la forma de hacer docencia en sanidad porque le permitimos al estudiante que sea él mismo capaz de ver qué decisiones ha tomado y por qué”, expone.

Los instructores centran su labor en comprobar cómo cada profesional es capaz de enfrentarse a la misma patología de un paciente a su manera y tomando sus propias decisiones. “En los tres años que llevamos haciendo simulación, no hemos visto nunca una resolución de un caso igual”, explica el cardiólogo, quien agrega que “cada uno tiene su forma de priorizar a la hora de tratar a un enfermo, y eso es lo que trabajamos en el CERTEM”. Y es que el propósito fundamental de ambos médicos es que, tras pasar por el laboratorio, los estudiantes pongan en práctica lo aprendido a la hora de enfrentarse a una enfermedad en la vida real.

Los docentes, que reconocen que aprende constantemente de los alumnos, preparan sus clases localizando, en primer lugar, las necesidades formativas de cada sector, ya sean estudiantes de Medicina y Enfermería de la ULL, residentes tanto del HUC como del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, o especialistas del Servicio Canario de la Salud. En el siguiente paso, aclaran a los estudiante a qué se van a enfrentar e idean un caso concreto en el simulador que intenta sustituir a la realidad para, finalmente, analizar las decisiones que ha tomado cada profesional en el transcurso de la práctica.

Jorge Pérez sostiene que “todo es simulable“, pero “intentamos sobre todo entrenar las patologías más comunes, e incluso, simulamos casos frecuentes de una especialidad con otra que pueden ocurrir perfectamente durante una guardia”. Asimismo, destaca que el centro formativo cuenta con diversos recursos técnicos y humanos, como son Yeray Cabrera y Jorge Ballesteros, que “hacen posible que esto florezca, se mantenga y funcione”.

Alumnos realizando un curso de simulación clínica avanzada en el CERTEM. | DA

Veena Amarnani, alumna del CERTEM

Se trata de una dinámica que conoce bien Veena Amarnani, residente de Cardiología de tercer año del HUC, que comenzó su formación en el CERTEM desde su primer año de especialización. “El curso nos sirve para comprobar cómo manejamos situaciones agudas con enfermedades de los pacientes en la vida real, y así comprobar los fallos que tenemos para no volver a repetirlos”, declara la médica.

Además, respecto a los diferentes casos que coordinan los instructores, Amarnani cuenta un caso que le ha ayudado, especialmente, en el desempeño de sus funciones: “Se nos presentó un caso de shock hemorrágico -poco frecuente en mi especialidad- y la verdad es que me sirvió bastante en un par de casos de pacientes ingresados en Coronaria, ya que me ha ayudado a saber cómo enfrentarme a ellos y qué tratamiento debo ponerle”.

Una vez más, la tecnología vuelve a ser partícipe de otro sector profesional donde no hay cabida para el error, convirtiendo así, desde el minuto uno, a auténticos profesionales de la salud en nuestros centros hospitalarios.