candelaria

Los sesenta años de la casa de la Patrona

El pasado 1 de febrero se cumplieron seis decenios de la basílica menor de Canarias, tras una construcción que tardó 10 años ejecutarse, tras el impulso del obispo Pérez Cáceres en 1949

Pasó desapercibida, pero la fecha del 1 de febrero -víspera de la festividad de Candelaria-está ligada a la apertura y consagración de la gran casa de la Patrona de Canarias, el templo considerado basílica, que este año cumplió sesenta años, aunque en ese mismo lugar se siguió el culto a la Virgen de las Candelas desde 1526, primero en la cueva de Achbinico (o San Blas) y luego en el templo del convento de los Dominicos.

Un día antes, el 31 de enero,  tuvo lugar la inauguración de la Fuente de los Peregrinos y de la plaza de la Patrona de Canarias. Terminaba así un largo de proceso de construcción, que comenzó en 1926 con las obras del muro de cimientos en La Magdalena -justo por encima de la ubicación actual- , hasta que luego se decidió cambiar de lugar, sin una explicación, quedando el proyecto paralizado por la Guerra Civil.

Fue el obispo Pérez Cáceres quien anunció que en el año 1949 comenzarían las obras del nuevo templo de la Patrona en el lugar donde hubo otro en el que estuvo la Virgen desde 1672 hasta el 15 de febrero de 1789, que desapareció a consecuencia de un incendio, lográndose salvar la talla de la Virgen que desapareció luego en 1826 como consecuencia de unas grandes inundaciones (la nueva talla sería realizada por el escultor tinerfeño Fernando Estévez). Se recuperaban así los planos que en 1799, el dominico Fray Andrés Carrillo había dibujado para albergar el templo mariano.
En el mes de marzo de 1949, la entidad adjudicataria Construcciones Hidráulica y Civiles S.A. daba comienzo los trabajos, siguiendo el proyecto del arquitecto José Enrique Marrero Regalado. El año 1958 arrancaron los trabajos de la plaza de la basílica y la construcción de la Fuente de los Peregrinos, siendo alcalde Andrés Tejera Reyes y gobernador civil, Santiago Galindo Herrero.

El día 31 de enero de 1959, a las cinco y media de la tarde, el obispo Domingo Pérez Cáceres bendijo la fuente y la plaza. Los dominicos encargados de la custodia de la Virgen en aquel trascendental momento eran: padre Vicente Bravo Bravo, que actuó de superior por ausencia del titular (Ramón Sánchez Ramírez), de viaje en América; Juan Fernández Baca, Ramón Fernández Álvarez y Fray Miguel Escanciano Tejerina. Aunque fue el padre Manuel García Fernández, que siendo superior del convento inició la gestación de esta magna obra. Pero no se puede olvidar el papel de Ramón Sánchez Ramírez -recuerda Manolo Ramos, que hoy iba a recibir el título de Hijo Adoptivo de Candelaria, pospuesto por mandato de la Junta Electoral- que en aquel año se encontraba en Cuba recaudando dinero para dicha construcción y al que le cogió el inicio de la revolución cubana de Fidel Castro.

En una fría pero soleada mañana del día uno de febrero de 1959 y ante la emoción desbordada de miles de fieles agolpados en el entorno de la plaza, calle La Arena y Santa Ana, el nuncio de su Santidad Juan XXIII en España, Monseñor Hildebrando Antoniutti procedió a la consagración de la Basílica de Candelaria, mientras que por la tarde, tuvo lugar la ofrenda floral, cion grupos venidos de toda Canarias y la Península, procediéndose a la procesión que culmina con la entrada de la Virgen  a su nueva casa por la Fuente de los Peregrinos. El día dos, por la mañana, tuvo lugar la primera pontifical.

El templo en construcción, el día de la entrada de la Virgen a su nueva casa y autoridades (obispo y gobernador) sobre el terreno civil / Cedidas: Manolo Ramos

El edificio

El edificio actual proyectado por el arquitecto granadillero José Enrique Marrero Regalado es de estilo neo-canario, con elementos barroquistas propios de la arquitectura franquista de postguerra. La Basílica constituye un inmueble de de grandes dimensiones con capacidad para 5.000 personas. Cuenta con dos torres en su fachada de 35 metros de altura y una lateral de 45 metros, con 8 huecos en su campanario y rematada con un balcón canario.

Tiene dos puertas de acceso, la lateral abierta a la plaza y la principal al risco de la Magdalena, donde está emplazada la Fuente de los Peregrinos, obra de Alfredo Reyes Darías, que lleva en su frontis un gran mosaico que representa a la Candelaria en uno de sus milagros. La fachada principal de piedra noble es flanqueada por pilastras de capitel dórico que sostienen un frontón partido.
En la fachada lateral, que da a la plaza, el paramento está recorrido por zócalos de piedra, dividido en tres secciones separada por pilastras del mismo material. Su decoración interior es de orden dórico con una policromía simbólica que alude a los tonos de la vestimenta clásica de la Virgen. Su cimborrio es de gran amplitud y luminosidad, encontrándose representados los escudos de las siete islas. La techumbre imita al estilo mudéjar y muestra tales caracteres simbólicos en su policromía. Al fondo de la puerta principal se encuentra el altar mayor y el retablo de la patrona.

En el interior, en un segundo vestíbulo realizado en 1974, se halla un pequeño museo con donaciones a la Virgen. Adornan sus paredes dos óleos de Dimas Coello y un Cristo de Ruano. En la nave lateral derecha se encuentra la Capilla del Santísimo, a la que se accede a través de una puerta con rejería torneada. Enmarcado por un arco de medio punto de piedras se expone uno de los murales del pintor gomero José Aguiar que representa la Última Cena. Las vidrieras laterales representan el encuentro de la Imagen con los pastores y la traída de ésta por el mencey, 0bra del pintor Carlos Chevilly.

La Virgen está en un trono de madera con motivos vegetales dorados y rodeada de dos ángeles a los lados, con media luna a sus pies, que hace alusión al Apocalípsis 12.

La huella aún visible de los cimientos de la pretendida construcción del templo en el risco de La Magdalena en 1926 / DA

Cuando Vicente Bravo habló de la construcción de 1926

En agosto de 1926, sobre planos del suizo Max Alioth, comenzó a construirse la basílica en el risco de La Magdalena, según relató en 1963 el superior Vicente Bravo: “Se compró el cerro, se montó un funicular para subir los materiales, se acoplaron los cabestrantes y vagonetas y se cavaron los cimientos y el obispo colocó la primera piedra”, dijo en la revista Radar Isleño. “A medida -continúa- que se cavaban los cimientos, en un altozano de tierras volcánicas, se fueron viendo los inconvenientes. No se hallaba solidez para tanta mole” y ya “la caja de fondos estaba exhausta”. Luego se volvería a intentar en 1934, pero la Guerra Civil la paralizó y hoy en ese terreno, hoy propiedad de Antonio Plasencia, sigue la huella de los cimientos.

TE PUEDE INTERESAR