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La dramática situación del único comedor social del sur de la Isla: “Si no llegan las ayudas, cerraremos en una semana”

La Buena Estrella, único comedor social y centro de pernoctación de emergencia del Sur, que ofrece tres comidas diarias a 45 usuarios y cama a 26, lanza un grito desesperado a las instituciones públicas
El comedor social La Buena Estrella presta servicio desde noviembre de 2014. / Fran Pallero
El comedor social La Buena Estrella presta servicio desde noviembre de 2014. / Fran Pallero
El comedor social La Buena Estrella presta servicio desde noviembre de 2014. / Fran Pallero

Solange se emociona y sus ojos se empañan de lágrimas al comprobar el sentimiento unánime de la “familia”, como ella denomina al medio centenar de usuarios del único comedor social y centro de pernoctación del Sur, plantada frente a las instalaciones de la calle Miguel Calcerrada número 3 de El Fraile (Arona). Son personas a las que la suerte les ha dado la espalda y han encontrado en “La Buena Estrella” un abrazo, una conversación, unas amistades y, sobre todo, el alimento diario y una cama bajo techo que les haga olvidar las noches al raso en playas, plazas o en cajeros automáticos.

Todos, al grito de “esta es nuestra casa”, se concentraron ayer para arropar a Solange Díaz de las Casas, directora fundadora de un recurso social pionero en la comarca y que, después de sacar de la calle a centenares de personas sin medios económicos desde que abrió sus puertas en noviembre de 2014, está “herido de muerte” por falta de fondos.

“Si no llegan ayudas, en una semana tendremos que cerrar, y ellos (señalando a los usuarios) se quedarán en la calle sin ningún tipo de asistencia”, aseguró, tajante, a este periódico la responsable del comedor social. La angustia de Solange se palpaba entre los usuarios, que han encontrado en este local una segunda oportunidad para reengancharse a la vida, ilusionarse y volver a sonreír tras los zarpazos del destino. Su S.O.S. se dirige a las administraciones públicas, a las que les reprocha su “desesperante lentitud” a la hora de tramitar las subvenciones. “La emergencia social va mucho más rápido que la burocracia”, advierte.
“Estamos en una situación precaria y lo triste es que tengamos que mendigar para cubrir las necesidades básicas de personas que no tienen absolutamente nada”, aseguró Solange, que aclaró que no quiere “entrar en batallas políticas”, simplemente “recordar a nuestros gobernantes que lo social es lo principal y lo básico tiene que ser lo prioritario”.

La directora de “La Buena Estrella” se queja de la “falta de respuesta hasta el pasado jueves” del Ayuntamiento de Arona, después de pedirle en febrero al alcalde, José Julián Mena, una ayuda extra de emergencia para hacer frente a la “angustiosa” situación del comedor social. El actual equipo de gobierno aumentó la partida desde el primer año de mandato al pasar de 7.000 a 20.000 euros anuales y ahora se ha comprometido a acelerar el trámite de justificación de la subvención y a buscar colaboración en el sector privado. “¿Pero, mientras tanto qué? No podemos esperar”, exclama Solange. El Gobierno de Canarias aporta 40.000 euros cada ejercicio, “aunque ese dinero también tarda muchísimo en llegar”, mientras que la ayuda del Cabildo está supeditada a una convocatoria para la distribución de fondos para proyectos de exclusión social. El centro de El Fraile, que presta un servicio que empezó siendo municipal y hoy es comarcal, espera que otros ayuntamientos del Sur den un paso al frente y pasen de las “buenas palabras” a los hechos, materializando su buena voluntad con partidas económicas.
La fachada del comedor amaneció empapelada de cartulinas con diferentes mensajes reivindicativos como “No queremos ir a la calle. Ayuda” y “Esta es nuestra casa y nuestro comedor”. La concentración del mediodía contó con el respaldo de la Fundación Cruz Blanca y de varias trabajadoras sociales del Servicio de Ayuda a Domicilio del Ayuntamiento de Arona, así como del exdirectivo hotelero Isidro Dardiña.

Antonio, un usuario que lleva dos meses en el comedor, fue el encargado de ponerle voz al manifiesto: “Todos tenemos nuestras situaciones y nuestras propias historias. Gracias a este centro todos nos alimentamos sin pagar un solo céntimo y dormimos con condiciones óptimas. En este lugar se respira tranquilidad, mucho afecto y dedicación por parte de las personas que laboran y colaboran. Ejemplo de ello es Solange Díaz de las Casas, como directora del centro, persona correcta que irradia cariño a todos y que con su amabilidad ayuda a todos, sin importar la raza el color, la preferencia sexual o la nacionalidad”.
Un aplauso puso fin a la concentración, aunque antes de que todos entraran al comedor a almorzar potaje, costillas con salsa de barbacoa y arroz, Víctor Manuel tuvo tiempo de dirigir su mirada a los periodistas y lanzar su último grito de socorro: “Ayúdennos, por favor, dennos la oportunidad de seguir siendo personas”.

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