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Cuando Añazo quedó rebautizado como Santa Cruz de Tenerife

El puerto aborigen, con el rito medieval de toma de posición del territorio, sería rebautizado un 3 de mayo de 1494, fecha litúrgica de la fiesta de la Santa Cruz, que 525 años después sigue sacándose en procesión
Misa en Añazo, 3 de mayo de 1494. Óleo de Gumersindo Robayna
Misa en Añazo, 3 de mayo de 1494. Óleo de Gumersindo Robayna
Misa en Añazo, 3 de mayo de 1494. Óleo de Gumersindo Robayna. DA

Los topónimos no surgen por azar ni son fruto del albur caprichoso de un hecho irrelevante. Los nombres que van a asignar lugares o accidentes geográficos suelen aflorar asistidos por la común aceptación y será el tiempo quien se encargue de cubrirlos con una patena especial, en la que se entremezclan visos de nostalgia, de emociones y deseos. Los primeros canarios en la isla mayor, la del altivo volcán que Colón conoció en expresión telúrica, presentían que su destino seguiría a la par que el que habían emprendido los vecinos territorios.

Al paso de los años queda la crónica y el relato ocasional y se desvanecen voces impidiendo entender su significado. El Añazo aborigen, probablemente identificativo de un fenómeno natural, el Bufadero o hervidero que sorprendió a los primeros que incursionaron en Tener-ife, (campo de nieve) con el rito medieval de toma de posición del territorio, sería rebautizado un 3 de mayo de 1494, fecha litúrgica de la fiesta de la Santa Cruz.

Las crónicas de la conquista, también de la anticonquista como señala el sociólogo Roberto Gil en su reciente obra Los fantasmas de los guanches, nos sitúan ante un caprichoso universo que invita reiteradamente a la relectura y análisis asistidos por el complejo imaginario indigenista.

Hemos querido acercar al lector a algunos textos que consideramos relevantes, pues invitan a retomar y disfrutar de un hecho que trasciende la mera consideración de histórico.

“Aquel amanecer del 1º de mayo de 1494 cuando quince bergantines fondeaban al abrigo de los acantilados de Anaga. Venía al mando de la flotilla el andaluz, de estirpe gallega, Alonso Fernández de Lugo, el mismo que tenía en su haber la conquista de la isla de La Palma. Traía con él mil hombres, 120 caballos y armas de fuego. Desembarcaron en la playa de Añaza, un trozo de costa desolado y desierto donde hoy se levanta la luminosa ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Desde las montañas vieron con asombro los aborígenes la llegada de las naves, los movimientos de las lanchas de desembarco y la primera oleada de conquistadores que ponía pie en tierra. Veloces mensajeros difundieron la noticia y sembraron la alarma hasta los más remotos rincones. La llegada de aquellas ‘casas blancas’, como llamaron a las naves, asustó la paz de aquel pueblo primitivo”. (Luis Diego Cuscoy y Peder C. Larsen, El Libro de Tenerife. 1962).

“Como quiera que sea, habiendo salido de Canaria el 30 de abril de 1493 el armamento del general don Alonso Fernández de Lugo, compuesto de más de mil soldados de infantería y ciento y veinte de a caballo, a bordo de quince bergantines, bien pertrechados de víveres, artillería, ballestas y demás armas que se usan en aquel tiempo, echaron las áncoras en el puerto de Añaza a las seis de la mañana del día siguiente. Cualquiera que hubiese visto salir a tierra a nuestro general a la cabeza de sus tropas, con una gran cruz de madera entre los brazos, y que a pocos pasos la fijaba en la arena, adorándola con la mayor humildad y reverente devoción, no pensaría sino que aquella era un ángel de paz que venía a Tenerife, únicamente a predicar el evangelio y la mansedumbre cristiana; pero se engañaría. Alonso de Lugo era un conquistador”. (José de Viera y Clavijo. Historia de Canarias).

“Después que fue conquistada la isla de la Palma […],vino a tomar puerto en Santa Cruz, tres días de Mayo, año de 1493. Llamábase este puerto Añaza, y púsole nombre Santa Cruz por haber tomado el puerto aquel día. Y desembarcando toda su gente subió luego la cuesta arriba, hacia La Laguna, y asentó su campo en un llano donde está al presente una ermita que dicen de Gracia”. (Fray Juan de Abreu y Galindo. Historia de la Conquista de las Siete Islas de Gran Canaria).

“Más difícil de determinar es el punto exacto en que se cimentó el Real o campamento fortificado de Santa Cruz, aunque las circunstancias aconsejan emplazarlo en la margen derecha del barranco de Santos, por causa de la vena de agua que discurría por su lecho y por asegurarse la colaboración y el apoyo del bando de Güímar, el más afecto y leal entre los cuatro llamados de las paces.
Si otros lugares del Archipiélago con toponimia religiosa han tenido una interpretación forzada por parte de los cronistas, no cabe duda que esta tradición se refuerza en el caso de Santa Cruz por coincidir el asentamiento del Real con la fecha y festividad del 3 de mayo (Invención de la Cruz), invocada en buen número de ellos.(…)”. (Antonio Rumeu de Armas. La Conquista de Tenerife 1494-1496).

“Este puerto, que antiguamente se llamaba Añazo, es famoso no solo por la conquista que hicieron los cristianos, que desembarcaron en la Caleta de los Negros, sino también por el comercio y las mercancías de tantos navíos que vienen aquí desde regiones muy lejanas para cargar las frutas que se producen en las parte que va desde La Orotava en dirección del levante (…) La villa consta de doscientas casas, habitadas por pescadores y marineros. Su fortaleza es la mayor y la mejor acomodada de todas las demás de esas islas; pero no sirve de defensa contra los navíos de los enemigos que entran en el puerto para robar, por estar situada en un punto desde donde no puede cubrir bien la entrada”. (Leonardo Torriani. Descripción histórica del Reino de las Islas Canarias).

Procesión de la Santa Cruz, el pasado viernes por las calles de la capital.
Procesión de la Santa Cruz, el pasado viernes por las calles de la capital. Sergio Méndez

“Era el primero de mayo de 1494. Bajo el peso de la incertidumbre que lleva consigo toda empresa de guerra, Alonso Fernández de Lugo desembarcaba en las playas de Añazo. Estableció su real en la orilla derecha del barranco de Santos y plantó en la tierra que aspiraba a conquistar una cruz de madera. Esos fueron los principios de la gran ciudad de hoy, nacida al comenzar el mes que la Iglesia dedica a la Virgen María, justamente en la fecha en que se conmemora la Exaltación de la Cruz y bajo el signo de la Redención que abría sus brazos frente al mar que salpicaba de espumas los arrecifes de la costa”. (Enrique Marcos Dorta. Estampas y recuerdos de Santa Cruz de Tenerife).

“Al amanecer del siguiente 1 de mayo de 1494, la terrible flota de conquistadores ya se encontraba frente a los montes de Anaga, dando paso a las 6 de la mañana en la rada de Añaza. Anteriormente, Alonso Fernández de Lugo pactó con algunos ‘caballeros’ poderosos del mandato de sus majestades los católicos reyes Fernando e Isabel, para convencerlos de que le ayudaran en la conquista de la última isla que se mantenía libre: Tenerife.

Les ofreció que, de ayudarle con aportaciones económicas para pagar el gasto de armas y soldadas, partiría con ellos todas las presas de ganado, se presumía que muchas, más los cautivos, hombres, mujeres y niños que se hiciesen y entrarían en el reparto dependiendo de la aportación que cada uno realizase”. (Leandro Serra y Moratin. Antigüedades canarias).

“Saltó el general Lugo llevando al hombro una cruz de madera, que aún se conoce por la ‘Cruz de la conquista’ y se conserva con gran veneración en la ermita de San Telmo, que fue el sitio precisamente donde la implantó”. (Juan Bethencourt Alfonso. Historia del Pueblo Guanche).

“La que se llama cruz de la conquista es de madera toscamente labrada o, mejor dicho, desbastada. Se afirma que la bajo en sus brazos el mismo Alonso Fernández de Lugo, al pisar por primera vez el suelo de Tenerife, y que la plantó él mismo en el lugar de su desembarco. Se ignoran sus vicisitudes ulteriores. Se supone que se había quedado durante largo tiempo al aire libre, en el lugar abierto en que había sido fijada por el conquistador”. (Alejandro Cioranescu. Historia de Santa Cruz de Tenerife).

“(…)Pero nos encontramos, al tratar de analizar la cultura guanche, con que, al principio y al final, fue el silencio. Silencioso el poblamiento, silenciosa la ruta, silenciosa la llegada. El hombre inaugura su vida en el Archipiélago con el silencio. Y silenciosamente se esparció por la isla y ocupó la tierra”. (Luis Diego Cuscoy. Los guanches: vida y cultura del primitivo habitante de Tenerife).

“La festividad de la Cruz se celebró siempre en nuestra ciudad. Unos años con ostentación y otros limitada a la función religiosa de la iglesia de la Concepción, a la que asistía la corporación municipal. Los regocijos populares vinieron después. La primera procesión de la Cruz de la Conquista tuvo lugar ese año de 1867, saliendo por la tarde de la ermita de San Telmo, limitando su recorrido a las calles de aquel populoso barrio, que estaban engalanadas”. (Francisco Martínez Viera. El antiguo Santa Cruz. Crónicas de la Capital de Canarias).

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