los realejos

Flores en la tierra, luces y fuegos en el cielo

Más de 300 santos maderos engalanados y el tradicional pique pirotécnico entre las calles El Sol y El Medio centran la tradición
Los Realejos celebró ayer el día grande de sus fiestas con el enrame de las cruces y el pique pirotécnico por la noche. Mario González

Los vecinos de Los Realejos vivieron ayer con devoción, emoción y nervios el día grande de las Fiestas de Mayo: el enrame de las cruces por el día y la explosión de fuegos de colores en el cielo por la noche.

Desde la mañana temprano se podía disfrutar del arte floral de los maderos por las calles del municipio, especialmente en el núcleo de la Cruz Santa donde se concentran 93, la mayoría de ellos en casas y patios particulares, como la Cruz de Sergio y la de ‘Calaya la enamorada’, unidas por un corredor de orquídeas admirado por todos los que las visitaban.

Como cada año, la originalidad se sintió en cada rincón del municipio. Cruces con toques canarios, frutas, pequeñas jarras de vinos, panes y hasta merengues, como los que exhibía la de la panadería Oramas que atrajo la atención de un grupo de turistas alemanes que no paraban de repetir “0h, oh, oh”, como si de algo excepcional se tratara.

‘Vive como un crusantero la noche y el día de la cruz’, era el lema del programa de fiestas de la Cruz Santa y sus vecinos lo cumplieron ayer a rajatabla. Tras el recorrido por las cruces, la fiesta se concentró en la plaza y los bares y chiringuitos de alrededores, donde familias y grupos de amigos compartían una cerveza, un café o un pincho de carne esperando a la gran traca que tuvo lugar después de la misa en la parroquia del Apóstol Santiago y de la procesión de la Santa Cruz, y que en esta ocasión contó con el añadido de humos y cintas de colores en algunos de los tramos de la quema.

Pero el momento más esperado llegó por la noche. El tradicional pique pirotécnico atrajo a miles de personas a Los Realejos que desde primera hora de la tarde buscaban el lugar idóneo para disfrutar del mayor espectáculo de estas características en Europa tras el traspaso de la cruz en la calle de La Pila.

Fueron 940 los kilos de pólvora que los Hermanos Caballer emplearon para la calle El Medio y cerca de 1.000 los que utilizaron los Hermanos Toste para la calle El Sol. Un verdadero espectáculo de luces y colores en el que no es necesario buscar ganadores ni perdedores, porque el cielo, esa noche, es de las dos.

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