
El próximo lunes se celebrarán las elecciones a rectora de la Universidad de La Laguna (ULL) en las que concurren tres candidatas. Rosa Aguilar Chinea, catedrática de Ingeniería de Sistemas y Automática, presenta una propuesta dialogante buscando el consenso, porque entiende que “hay otra manera de hacer Universidad, más eficiente y rebelde y con solvencia para ilusionar”.
-¿Qué valoración realiza de la campaña que ahora llega a su fin?
“Soy optimista y estoy ilusionada. El lunes todos debemos decidir nuestro futuro en los próximos cuatro años. Llevo trabajando con mi equipo hace tiempo y, además de ser multidisciplinar, donde cada uno es talentoso en la disciplina que va a gestionar, todos tienen una característica común, su talante. Es fundamental, ya que por muy buenas ideas que puedas tener, si no logramos implicar al estudiantado, al personal docente e investigador (PDI) y al personal de administración y servicios (PAS), no vamos a lograr el objetivo que nos proponemos. Transformar la ULL es un trabajo de todos. La Universidad puede ser innovadora, proactiva, y para ello todos debemos tirar y remar en la misma dirección”.
-Tras visitar todos los campus y centros, ¿qué medidas implantará para los estudiantes?
“Tenemos que preocuparnos en escucharlos. El mundo ha cambiado y los jóvenes se comunican y aprenden de forma diferente, tienen aspiraciones distintas y debemos escucharlos activamente para conocer sus necesidades. Demandan tener una presencia activa, pues no se sienten partícipes ni de la vida ni de las decisiones que se toman en la institución. Un alumno universitario no es solo un estudiante, es una persona que tiene inquietudes, es crítico, investigador, y esa parte hay que fomentarla más”.
-¿Qué demandan los alumnos de la Universidad de La Laguna?
“Piden titulaciones dobles, bilingües y adquirir nuevas competencias, como trabajar en grupo y saber abordar los problemas. Entonces la forma de enseñarles debe ser distinta, porque tenemos que adiestrarles en lo que llamo aprender a aprender, porque lo demanda este entorno tan cambiante en el que nos movemos. Para eso debemos ser muy ágiles, siendo capaces de cambiar o modificar los títulos actuales que ofertamos para adaptarnos a las nuevas realidades. También debemos insistir en la formación a lo largo de la vida, con títulos de postgrado, de un año o más. Para afrontar estos retos debemos cambiar la cultura universitaria y hacerla más dinámica, siendo así capaces de detectar las necesidades y crear títulos en un corto plazo plazo. La burocracia no nos puede obligar a que, para crear o modificar un título, tengamos que esperar al menos dos años. Hay que ser dinámicos y diseñarlos y hacerlos funcionar en seis meses. Después habrá que ver si cumple con las necesidades. Hay que cambiar nuestra organización para ser capaces de responder a las nuevas necesidades. Sin duda, uno de los grandes retos es la gestión moderna y transparente”.
-En cuanto al profesorado, hay una larga tarea que realizar, ya que habrá que renovar la plantilla.
“Es un problema en todas las universidades públicas. En los próximos 10 años se nos jubilará al menos el 55% de la plantilla, con lo que debemos planificar la renovación. Y ya llegamos tarde, pues un profesor universitario no se hace de hoy para mañana. Hay que formar a los jóvenes para que cubran los puestos de los que se retiran”.
-¿Cómo se puede motivar a un profesorado desilusionado que mira más al final de su carrera?
“Creo que hay una oportunidad, ya que tenemos que ver en cada una de las áreas cómo vamos a conseguir nuevo profesorado. El personal sénior tiene unos conocimientos y una experiencia increíbles que no podemos desperdiciar, y habrá que hacer acciones como rebajar las horas de docencia, para que sean los tutores o maestros de los jóvenes. Creo que esa labor de guiar a los jóvenes les puede ilusionar”.
-En relación con el PAS, ¿qué medidas propondrán?
“En las reuniones que hemos mantenido nos han comentado que no se sienten valorados en su trabajo y creemos que hay que apostar firmemente por ellos, pues son la columna vertebral de la ULL. Hay que trabajar en modificar el plan de recursos humanos, promocionar su carrera laboral e intentar fomentar su formación”.
-¿Cómo mejorará los Campus de La Palma y Adeje?
“Hemos visitado ambos. Son dos situaciones parecidas, pero no similares. En primer lugar, en La Palma tenemos que lograr que la tecnología funcione. Los coordinadores nos comentan que básicamente hay asignaturas que necesitan ser presenciales. Ciertamente, algunas se pueden dar por videoconferencia, pero otras no. En Enfermería (La Palma), la no presencialidad está en torno al 33% de los créditos del título, aunque debemos reducirla más”.
-En investigación, ¿le preocupan los pocos recursos que reciben de las Administraciones?
“La investigación y la transferencia son fundamentales. En la ULL hay muy buenos investigadores que realizan una gran transferencia a la sociedad. ¿Han pensado en las repercusiones que tiene que el Instituto de Enfermedades Tropicales haya erradicado el mosquito del dengue en Fuerteventura? Económicamente son importantes por el turismo, el movimiento de mercancías, etc. Creo que no ponemos en valor nuestro talento. También nos falta una inversión suficiente y estable, porque estamos a merced de las instituciones. Habrá que luchar para lograr una financiación adecuada, debemos ser rebeldes y no conformamos con lo que tenemos. Por nuestra parte, debemos ser solventes y eficientes”.
-¿Con la presencia de tres candidatas se rompen los techos de cristal en la Universidad?
“Con Marisa Tejedor, la ULL hizo historia, y ahora estamos rompiendo moldes. Pero esto no significa que estemos rompiendo el techo de cristal. En Ingeniería hay 78 catedráticos y solo 5 somos mujeres. Es un área donde las alumnas todavía son el 20%, pero aquí están las nuevas profesiones, altamente cualificadas y bien pagadas. En otras ramas hemos avanzado mucho más”.





