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Envejecer en compañía

El Centro Sociosanitario Los Realejos desmiente las acusaciones de los familiares de un usuario y defiende su profesionalidad

Andrea, Samuel, Isora, Naraida o Ruth son solo algunos de los nombres que se ocupan a diario de que gente como Antonia, Teresa, Andrea o Modesto, encuentren en el Centro Sociosanitario de Los Realejos todos los cuidados y compañía que necesitan en su día a día. Con 13 años de servicio, este espacio atiende a 60 residentes con distintos niveles de dependencia a los que se suman otros 30 en el centro de día. En conjunto, son 40 los trabajadores que, repartidos en distintos turnos, se encargan de la atención a los mayores. Su director, Ángel Gómez, explica que es un centro abierto, “aquí no hay horarios, los familiares pueden entrar y salir cuando quieran”. En el salón de actividades, mientras suena la música de Pepe Benavente, Naraida, la animadora sociocultural, pone a bailar a los usuarios. “Llevo casi dos años trabajando aquí y lo que hago a diario es animar y estimular la parte cognitiva y física de los usuarios”, explica. “Se trata de estimular la parte cognitiva y física, terapias a las que responden muy bien”, añade.

Andrea es enfermera y lleva dos meses trabajando en el centro. “Nosotros nos encargamos de las curas, la medicación, de consultar a la doctora que viene todos los días, de pedir las consultas a Atención Primaria o las interconsultas con los especialistas… También estamos pendientes de su alimentación, las dietas, las ingestas, control de peso, todo en un trabajo en conjunto con los auxiliares”, detalla. Añade que “aquí hay todo tipo de residentes, totalmente independientes y otros que sí tienen una dependencia absoluta”.

Samuel es uno de esos auxiliares y de los más veteranos con siete años en el centro. Recuerda que cuentan con todos los certificados de calidad de servicio oficiales y que, para muchos, este centro ya es como su segunda familia, “nosotros los atendemos a diario, con los baños, los aseos, con la alimentación… los cuidamos con respeto y cariño”.

Ruth, la supervisora del geriátrico defiende que la atención que se da a los usuarios es “impecable”. Insiste en la profesionalidad de los trabajadores que “se ha puesto en duda y no se lo merecen”.
Se refiere la supervisora, al igual que el resto de trabajadores, a la denuncia en contra del centro que la familia de unos de los usuarios hizo pública y de la que DIARIO DE AVISOS se hizo eco. Los trabajadores expresaron su “tristeza” por la puesta en duda de su profesionalidad cuando, aseguran, lo que en ella se expresa “es falso”.

Así lo defiende también el presidente de la empresa que gestiona la residencia, Miguel Blanco, quien aseguró a DIARIO DE AVISOS que los datos denunciados por esa familia son del todo falsos. Él y su vicepresidente, Felix Pérez, se han desplazado desde Galicia para afrontar esta situación. “Nosotros responderemos a esa familia donde tenemos que hacerlo que es en el juzgado. Nuestra ética y también la ley de protección de datos nos impiden hacer público ningún dato de ese usuario, pero, ante el juzgado podremos demostrar que todo lo que se dice no se ajusta para nada a la realidad”.

Tanto Blanco como el propio director del centro lamentan que se haya puesto en duda el trabajo y la profesionalidad demostrada durante años. “Tenemos ocho centros en total, seis en Galicia y dos aquí en Tenerife, más de 400 trabajadores y unos 900 usuarios y no tenemos ni una sola queja, ni siquiera de esta familia”.

La trabajadora social del centro, Isora, ratifica que no consta ninguna queja, ni de la familia denunciante ni de ninguna otra. “La valoración que tiene el centro es de las mejores y la lista de espera que tenemos, más de 15 páginas, demuestra que son muchas las personas que quieren entrar”. La mayoría de las plazas son concertadas con el Cabildo de Tenerife, lo que, a juicio de sus gestores, es un muestra más de la alta calidad de servicios porque deben cumplir con una serie de parámetros impuestos por la Corporación insular.

Modesto visita el centro a diario, aunque no reside en él, sí lo hace su mujer que padece alzheimer. “La ayudan a ella pero también a mí”, afirma con una sonrisa. “Vengo todos los días desde Icod alto para acompañarla y tanto aquí como en Santa Úrsula, donde estuvo 47 meses, el trato siempre fue magnífico”. Antonia es usuaria del centro de día y también alaba el trato que recibe durante las más de ocho horas que pasa en él. Andrea es residente y cuenta que vivía sola y decidió ella misma ingresar en la residencia. “Mis hijas no querían pero yo les dije que iba a estar mejor aquí y así es porque estoy acompañada y cuidada; el centro es muy bueno”, concluye.

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