puerto de la cruz

Las “tonguitas de berolos” del Puerto de la Cruz desaparecen tras una acción ambiental coordinada

Más de un centenar de voluntarios acuden a la convocatoria de la Fundación Telesforo Bravo-Juan Coello y limpian en menos de un hora los alrededores del Castillo San Felipe

En apenas 45 minutos, el centenar de voluntarios desmontó ayer los apilamientos en los alrededores del Castillo. DA
En apenas 45 minutos, el centenar de voluntarios desmontó ayer los apilamientos en los alrededores del Castillo. DA

Más de un centenar de personas participaron ayer en una acción de restauración y concienciación medioambiental junto a Playa Jardín y el Castillo de San Felipe, en el Puerto de la Cruz, consistente en el desmonte ordenado de las torres de piedras que algunas personas habían ido levantando en la zona, así como en la limpieza del lugar. La actividad estuvo organizada por la Fundación Telesforo Bravo-Juan Coello, en colaboración con el área de Ciudad Sostenible del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, el área de Medio Ambiente del Cabildo y la Oficina de la Participación y el Voluntariado Ambientales de Tenerife, entre otras instituciones y colectivos.

El director de la entidad organizadora, Jaime Coello, alertó de los perjuicios que supone para el medio natural la proliferación de modas como los amontonamientos de piedras o los dibujos e inscripciones sobre las rocas. Por su parte, miembros de la Corporación municipal, entre ellos el alcalde, Marco González, y el concejal de Ciudad Sostenible, David Hernández, que además participaron personalmente en la acción, resaltaron el compromiso del Consistorio con el medio ambiente y la importancia de realizar una actuación como esta en una zona de alta densidad turística, por su visibilidad, su valor simbólico y su efecto didáctico.

El director de la Fundación Telesforo Bravo-Juan Coello explicó que esta moda del apilamiento de piedras, expandida por el efecto multiplicador de Internet y las redes sociales, ocasiona “una pérdida de hábitat para animales y plantas, porque debajo de cada piedra hay todo un ecosistema de vertebrados e invertebrados, de bacterias, líquenes y hongos”, que se ve perturbado cuando las levantan.

Esta moda-plaga no es propia ni exclusiva de Canarias, pero esta zona costera del Puerto de la Cruz, próxima a Playa Jardín, tiene al parecer el récord de estas esculturas efímeras en toda Europa, con una extensión de 200 metros de largo por 150 de ancho de torretas que se levantan en una de sus explanadas laterales. Aunque en toda la costa española existen lugares en los que turistas y locales se empeñan en dejar su sello de esta manera, como otros sepultan los puentes con candados, “para ver algo parecido a lo del Puerto de la Cruz hay que irse hasta Hawái, Aruba o las Islas Reunión”, explicó Coello, quien además de director de la Fundación Bravo-Coello es jurista y divulgador ambiental.

Esta moda absurda y perniciosa tuvo su origen en un hecho ocurrido en 1987 que hizo que la práctica se popularizara. Fue ese año cuando se celebró la llamada Convergencia Armónica, un encuentro de meditación sincronizada con epicentro en la costa oeste de EE.UU. que provocó la proliferación de torres de piedras entre sus participantes. A partir de ahí se fueron extendiendo por todo el mundo, a lo que se sumó la moda de apilarlas sin otro motivo que el de conseguir su equilibrio sin ninguna clase de argamasa.

La publicación en vivo de varios vídeos han puesto en ebullición las redes sociales, y estas publicaciones han recibido miles de me gustas y, sobre todo, cientos de comentarios. Alguno de ellos resume a las claras el espíritu de estas iniciativas y el por qué todos debemos implicarnos en la medida de lo posible: “Mucha gente haciendo pequeñas cosas en muchas partes pueden cambiar el mundo. Gracias.”