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De la tierra al plato en pleno centro de La Orotava

Antonio, Andrés y Manoli son tres de los 74 usuarios que participan en el proyecto de huertos urbanos en el Parque Doña Chana

Antonio González tiene 52 años y es profesor de Educación Física. Manoli Ortega ronda los 40 y es camarera de piso en un hotel del Puerto de la Cruz y Andrés, de 70, lleva jubilado desde los 50 como consecuencia de un accidente laboral. Los tres tienen perfiles y edades diferentes pero comparten una afición, la agricultura ecológica, y casi siempre coinciden los días que acuden a la parcela que tienen arrendada en el Parque Doña Chana, en pleno centro de La Orotava como parte del proyecto que lleva el Centro de Educación Ambiental (CEAM) a través de la Concejalía de Medio Ambiente.

Los dos primeros repiten, ya que es la segunda vez que trabajan 30 metros cuadrados de tierra, una superficie pequeña pero que resulta suficiente para autoabastecerse y en ocasiones, bien gestionada, hasta compartir la cosecha con amigos. Al menos hasta 2022, año en el que se volverán a sacar a concurso, ya que el plazo otorgado es de tres años.

En la actualidad hay 103 parcelas de las que 74 están a disposición de vecinos del municipio que deseen contar con una pequeña huerta para el ocio productivo. Deben cultivarla de una forma totalmente natural, sin utilizar abonos artificiales u otros productos químicos, solo con los que ellos mismos produzcan gracias a los cursos que les imparten o a los conocimientos que tengan de antemano.

El resto está destinado a proyectos didácticos que llevan a cabo los colegios públicos de La Concepción y el Domínguez Alfonso, en los que participan alumnos, docentes y padres; otra parcela similar está en manos de la AFES Salud Mental y nueve las gestiona el propio CEAM para la creación del banco de semillas, formación, zona compostaje y experimentación de cultivos.

El primer huerto que gestionó Antonio estaba ubicado próximo al actual y lo cambió por el que tiene ahora. Después se fue a trabajar al Sur, estuvo cuatro años fuera de La Orotava y volvió a solicitarlo. No solo por la actividad en sí sino por todo lo que conlleva, desde la interacción y el trueque con la gente, pasando por el intercambio de semillas, conseguir una economía de cercanía, y además, saber lo que se come, ya que lo que sale de la tierra va directo al plato.

Los tomates son su debilidad, porque también lo es hacer el salmorejo, pero tiene beterrada, millo, espinaca, puerros, cebollas, acelga, batatas, zahanoria, berenjenas, apio, lechuga, orégano y pimientos de padrón.

Antonio explica que en la agricultura hay muchas técnicas o sistemas, en su caso, ha optado por la rotación de cultivos. “Cada planta tiene unas características y una capacidad de absorción de nutrientes y realmente lo importante es alimentar el suelo. Si se rotan, las plantas crecen en un entorno confortable, se endurecen más para luchar contra las plagas, y se evita que determinadas enfermedades que sufren las plantas se perpetúen en el tiempo”. También tiene flores como la lavanda, que es un ahuyentador natural, y hierbas como el perejil para la mosca blanca. En general, las aromáticas tienen la tendencia de atraer insectos “buenos”, puntualiza.

“Esto es un gimnasio, porque haces actividad física y social, hablas con la gente y después tienes productos frescos para el consumo”, insiste.

Para Manoli también es su segunda vez en el Parque Doña Chana, donde llega caminando ya que está próximo a su casa. No solo está implicada ella sino su esposo y su hija más pequeña, de 14 años, que además de participar en las tareas agrícolas “aprende lo que cuesta llevarte la comida a la mesa, el respeto a la tierra y a la naturaleza y al fruto que te da”, subraya. En su caso, defiende que comer bien y sano “es sinónimo de salud”.

Ella es camarera de piso y su esposo también trabaja, por lo tanto, hacerlo en el huerto es su “momento de desconexión”. En su caso, todo lo que siembran lo consumen, y por eso, como son cuatro en la familia, han descartado las calabazas porque requieren mucho terreno. Igual que Antonio, también rotan, puesto que hay cultivos que se dan todo el año. Es el caso, por ejemplo, del apio y la acelga, pero otros, como las berenjenas, son de verano. Estas estrategias las terminó aprendiendo ya que cuando comenzó “no tenía ni idea”, confiesa.

Pero lo más importante es “la pequeña familia” que han formado entre todos los beneficiarios del huerto, que se ayudan cuando uno no puede ir o está de vacaciones: “siempre hay alguien que te riega”, afirma.

Andrés es del barrio de Salamanca y tiene la parcela anexa a la del matrimonio. Lleva viviendo en La Orotava desde hace más de cuatro años. Se divorció y en la Villa encontró su sitio. Es voluntario de la Asociación de Mayores Voluntarios (Amavite) y de Probosco y participa en todos los movimientos solidarios que puede, como el Banco de Alimentos. Está jubilado “y felíz”, apunta.

Su hobby en estos momentos es el huerto y leer debajo de un nisperero que tiene allí. Sin embargo, solo consume el 5% de lo que produce ya que el resto lo dona a familias que lo están pasando mal.

En su opinión, el huerto “es una filosofía de vida. Aquí cada día se aprende algo nuevo y se comparte, que es lo más importante”, sostiene este hombre que formó parte de la Marina Mercante Española.

Un referente en Canarias en sostenibilidad ambiental

Con este proyecto, La Orotava es referente en Canarias en cuanto a sostenibilidad ambiental se refiere y fue pionera en este tipo de iniciativas. Los huertos se adjudican por un periodo de 3 años según su reglamento. Deben ser cultivados conforme a los criterios de agricultura ecológica y orientados al autoconsumo. Los usuarios tienen que aportar las herramientas necesarias de labranza y las semillas y abonar una cuota anual de 50 euros para cofinanciar los gastos de agua de riego, mantenimiento y mejora de las instalaciones.. Inicialmente se les ofrece formación sobre buenas prácticas ambientales y agricultura ecológica.

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