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Fito Peña endulza con su saxofón las penurias de ver cerrado su negocio

El propietario del restaurante y sala de fiestas Tenerife Sur, dedica el confinamiento a su pasión musical y algunas tardes sube a la azotea para brindar notas a los vecinos de Barranco Hondo, en Candelaria
Fito Peña, en el estudio que ha montado en su sala tocando el saxofón / FRAN PALLERO
Fito Peña, en el estudio que ha montado en su sala tocando el saxofón / FRAN PALLERO

Hay pocos que no conozcan en Candelaria y en Tenerife a Fito Peña, el propietario de la sala de fiestas y restaurante Tenerife Sur, situado en la carretera del Sur (TF-28) justo antes de la subida al casco de Barranco Hondo, en el municipio de Candelaria.

Tierra de buenos músicos y de orquestas reconocidas como Ricanrandy, Columbia o Revolución, no es extraño que Fito Peña tenga como pasión la música, aunque nunca participó en esas orquestas y sí en una de La Esperanza, Tropical.

Pero la historia musical del Peña viene de atrás, cuando fue componente de la banda militar durante 11 años, y aún hoy, con 57 años, sigue aprendiendo notas que incorporar a su saxofón, su instrumento por excelencia. “Ahora que tengo tiempo -dice- me paso la tarde repasando cultura general, incluso medicina y aprendiendo música”, porque aunque tenga el negocio cerrado, “me sigo levantando temprano, ahora a las seis en lugar de las cinco, y me acuesto casi sobre las doce de la noche”.

Fito pasa el confinamiento junto a su mujer y su hijo, y alguna tarde brinda a sus vecinos de Barranco Hondo actuaciones musicales con el saxofón, después de algunas mezclas que realiza en su modesto estudio. Desde bandas sonoras de cine a boleros, desde salsa a las canciones que ha rescatado el coronavirus, Resistiré y Sobreviviré.

Fito Peña lo tiene claro, pese a las penurias económicas que le supone tener su negocio cerrado, “es cuestión de vivir o morir, y yo prefiero vivir”, afirma cuando se le habla de confinamiento y sus consecuencias. “He tenido que llevar a mis ocho trabajadores a un Erte, igual que la empresa de mi hijo, y espero que en dos meses podamos recuperarlos, pero supongo que el comienzo será duro e irá mejorando paulatinamente”, comenta esperanzado, porque “aunque la situación sigue muy complicada, en Canarias, quizás porque estamos alejados, vamos mucho mejor que en la Península”.

Peña echa de menos el bullicio de su cafetería y las fiestas casi cada fin de semana en su sala, “la visita de ciclistas y motoristas que pasan por aquí, la gente del Circulo de Amistad y en general a los clientes de todas partes de la Isla”, relata con emoción.

No quiere hablar de cuantificar los daños económicos que significan llevar casi un mes con su negocio cerrado, pero no ha tenido pérdidas por mercancía porque “yo compro a diario, todos los días voy a MercaTenerife y a cadenas de alimentación”, y viendo su sonrisa, nadie diría que lo está pasando mal, mientras mantiene la esperanza de que “llegue pronto el día de que abra esa puerta y pueda servir el primer café de la mañana”.

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