la guancha

“Tengo las manos, la vista y el culete agotados”

María Candelaria Expósito González trabaja como costurera y desde hace 24 años fabrica fijaciones endotraqueales para sujetar los respiradores de las personas alérgicas a los esparadrapos; desde que comenzó la crisis sanitaria, la demanda se ha disparado
María Candelaria no para de trabajar en su máquina para que muchas personas enfermas y que necesitan ser entubadas no tengan un sufrimiento añadido por su alergia a los esparadrapos. DA
María Candelaria no para de trabajar en su máquina para que muchas personas enfermas y que necesitan ser entubadas no tengan un sufrimiento añadido por su alergia a los esparadrapos. DA
María Candelaria no para de trabajar en su máquina para que muchas personas enfermas y que necesitan ser entubadas no tengan un sufrimiento añadido por su alergia a los esparadrapos. DA

Su nombre es María Candelaria Expósito González y tiene 60 años “recién cumplidos”. Por suerte, al haber nacido los primeros días de marzo pudo celebrarlo con la familia. “Creo que es la última comida que hicimos todos juntos”, dice.

Mary como la conocen todos en su pueblo, La Guancha, trabaja como costurera y artesana de forma autónoma y desde hace 24 cose fijaciones endotraqueales para sujetar los respiradores de las personas alérgicas a los esparadrapos.

Un trabajo prácticamente desconocido para muchas personas hasta ahora, incluso en su mismo municipio, e invisible, pero que merece ser contado por el gran esfuerzo que supone en estos momentos aunque ella huye de cualquier protagonismo.

Tras la declaración del Estado de Alarma como consecuencia del Covid-19, su producción casi se ha multiplicado, no solo para abastecer a los dos hospitales de Tenerife, el Hospital Universitario de Canarias (HUC) y La Candelaria sino que la empresa que la contrata también las exporta a la Península, Austria y Alemania.

Fue hace casi tres décadas cuando un enfermero alemán del Hospital Universitario de Canarias (HUC) se puso en contacto con el Centro de Artesanía de La Guancha buscando soluciones para aquellos enfermos le salían llagas y presentaban problemas en la piel tras colocarle los respiradores. Su objetivo era intentar evitarles un sufrimiento “extra” provocado por la alergia a las cintas adhesivas.

En aquel momento el Centro de artesanía de La Guancha era una referencia a nivel insular y había allí muchas personas trabajando en diferentes modalidades. Tras escuchar su petición, las encargadas del taller de costura empezaron a hacer pruebas para llevar su idea a cabo y finalmente, lo consiguieron.

Mary no formaba parte del equipo sino que se integró después y desde entonces, hace 24 años, no ha parado de fabricar estas cintas pero ahora lo hace de forma autónoma.

Asegura que la confección no es difícil. Lo más complejo es el centro porque lleva un velcro pequeño que apenas mide unos centímetros al que hay que unirle las cintas “porque es el que enrolla el tubo que va envuelto en la boca y luego las dos que van sujetas a la cabeza y que también se traban con dos velcros”, explica.

Normalmente cose unas 50 diarias pero en las tres últimas semanas y con la ayuda de un grupo de voluntarios que le echa una mano, ha llegado a las 200 porque la demanda se ha disparado. En cuatro semanas llegaron a las 10.000 unidades, el equivalente a la producción de dos meses.

Desde hace más de dos semanas no para. Se sienta en la máquina de coser a las ocho de la mañana y continúa hasta casi las doce de la noche haciendo las paradas “estrictamente necesarias” para comer e ir al baño.
Tiene las manos y la vista agotadas, “igual que el culete cuadrado, de estar sentada todo el día”, bromea.

Sin embargo, no le importa dedicarle un poco más de tiempo en un momento como éste, en el que toda la sociedad intenta poner su granito de arena para intentar erradicar la pandemia. Y lo puede hacer porque toda su otra pasión, un taller de alfarería de barro donde trabaja tres días a la semana, también la ha tenido que aparcar por culpa del coronavirus.

Medidas de protección

Las medidas de protección que ha adoptado en su trabajo son las mismas de siempre pero más frecuentes. Además de desinfectar la máquina cuando termina la jornada, se lava las manos cada media hora porque sudan mucho

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