Puerto de la Cruz/La Orotava

La normalidad no tan deseada en el Puerto de la Cruz y La Orotava

Las tres zonas de baño de la ciudad turística y el centro comercial del Norte de la Isla no registran incidencias en su primer día de reapertura al público

Punta Brava registró una afluencia considerable de bañistas desde primeras horas de la mañana, aunque se pudieron mantener bien las distancias de seguridad exigidas. Sergio Méndez
Punta Brava registró una afluencia considerable de bañistas desde primeras horas de la mañana, aunque se pudieron mantener bien las distancias de seguridad exigidas. Sergio Méndez

Si hay una palabra que puede resumir el primer día de desescalada en la Fase 2 es normalidad. O absoluta normalidad, para más precisión, aunque sea la menos deseada.

Tanto en las tres zonas de baño del Puerto de la Cruz como en el Centro Comercial La Villa, en La Orotava, el único elemento que revelaba que el de ayer no era un lunes cualquiera era la facilidad de aparcamiento, algo poco habitual en la ciudad turística, sobre todo en los alrededores de las playas Jardín, San Telmo y Martiánez.

En esta última, la situación estuvo controlada durante todo el día. Sin excesiva cantidad de gente, solo estaba habilitada la parte lateral, que los vecinos asiduos conocen como La Barranquera, ya que las piedras impedían ocupar el frente del enclave. Eso sí, era notoria la cantidad de surfistas dado el buen tiempo y el viento a favor, una condición fundamental para la práctica de este deporte pese a que la bandera roja advertía del peligro de bañarse en el mar.

Una realidad que no se correspondía con la soledad que registraba a escasos metros la Avenida de Colón, uno de los paseos favoritos de los turistas, pero también de vendedores ambulantes, mujeres africanas que intentan convencer a las más jóvenes para peinarles pequeñas trenzas en sus cabezas, y centro de grandes firmas de ropa y perfumería, que todavía permanecen cerradas.
La ausencia de gente en la Avenida Colón, habitualmente repleta de terrazas con música, brindaba un aspecto desolado que se rompía al llegar a la zona de baño de San Telmo, donde se repetía la misma estampa que en Martiánez.

Era de esperar que uno de los lugares favoritos de los portuenses estuviera al completo desde primeras horas de la mañana pero respetando las normas previstas, sobre todo en relación a las distancias de seguridad, más fácil de mantener en el agua que en la zona de arena y callados, de apenas 20 metros de longitud.

En el complejo de Playa Jardín, compuesto por la playa que lleva el mismo nombre, Playa chica y Punta Brava, se daban cita grupos y parejas de adolescentes para darse su primer baño y encontrarse con amigos.

En este punto sí se veían además de sombrillas, grandes neveras de playa y carpas plegables, supuestamente prohibidas. “Hoy se han permitido pasar pero ya se les ha advertido a los usuarios de que no se pueden traer estos elementos a la playa”, aclaró uno de los tres socorristas. Tampoco pelotas, paletas o juguetes, como bien indican los carteles que se han colocado en el lugar. Igual que sus compañeros, espera al fin de semana para ver si el “civismo” de ayer se mantiene.

A diferencia de las otras zonas de baño, en Punta Brava había bandera amarilla intercalada en algunas zonas con la roja que hacía más propenso el baño, al menos en la orilla.
En este enclave, inmerso en obras de accesibilidad y mejora, se registró una gran afluencia de personas desde temprano para pasear y correr.

Igual que en Martiánez y San Telmo había colocada cartelería con las normas de uso en la que se señala una ventaja con la que no cuentan otras zonas de la Isla, incluso con mayor número de usuarios: la apertura de los baños, no así de los vestuarios, duchas y lavapiés debido al riesgo de contagio.

En el Centro Comercial La Villa 2, los locales cumplieron a rajatabla las medidas sanitarias exigidas en el primer día de reapertura. Geles en la entrada para desinfectarse las manos, guantes en algunos casos, aforo permitido, y pegatinas que indicaban las distancias que debían mantener, tanto en la caja como dentro de los establecimientos. Dueños y empleados protegidos con pantallas se esforzaban para que los clientes despistados las cumplieran.

También estos últimos llevaban mascarilla, el único elemento exigido en lugares cerrados de los que nadie prescindió.

Más de una decena de negocios estaban cerrados al público sin saber exactamente si se trata de una decisión individual de cada empresario o responde a otros motivos.

Lo más visible de cara al visitante era la reducción de mesas y sillas en los bares y cafeterías, donde hombres, mujeres y niños hacían cola para poder entrar.

“La gente tenía unas ganas desesperadas por salir”, confesó a este periódico la dependienta de una tienda de regalos. Su balance del día lo resumió en una simple frase: “Era lo que nos esperábamos”.

Casi enfrente de su local se encuentra una tienda de ropa, calzado y complementos. La vendedora responsable en ese momento manifestó que “la gente tenía ganas de comprar” pese a que la situación económica y el hecho de que muchas personas estuvieran en un ERTE provocaba cierta incertidumbre.

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Punta Brava registró una afluencia considerable de bañistas desde primeras horas de la mañana, aunque se pudieron mantener bien las distancias de seguridad exigidas. Sergio Méndez