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Si Los Roques no va a la playa, la playa va a Los Roques

Un grupo de vecinos del barrio realejero celebra una fiesta en los balcones bajo el lema ‘Si no hay verano, nosotros lo montamos’
Los vecinos de Los Roques decoraron sus fachadas, balcones, puertas y azoteas con artículos de playa, como colchonetas, tumbonas, neveras, sombrillas, toallas, entre otros artículos. Abajo a la derecha, velas en homenaje a los fallecidos por la Covid-19. Sergio Méndez

Por Doris Carballo

Un grupo de vecinos del barrio Toscal-Longuera, en Los Realejos, residentes en la calle Los Roques, llevan a cabo cada día iniciativas para pasar de la mejor manera posible el confinamiento, todo ello después de los aplausos de las siete de la tarde. Sin ir más lejos, el pasado domingo se hicieron famosos por las decoraciones de sus balcones que llamaron la atención de todo aquel que pasaba por allí, pues coincidió con el primer día que los niños salían a la calle y esta no pasó desapercibida para nadie.

Pero, ¿cómo surgió la idea? Como todos, al comienzo del estado de alarma y de los aplausos dedicados a aquellos profesionales que están al pie de guerra en la lucha contra la Covid-19, este grupo de vecinos aplaudían tímidamente cada jornada. Antes del encierro, las relaciones entre ellos no iban más allá del hola y adiós diario al encontrarse en la vía, pero a medida que fueron pasando los días, los aplausos y las ganas de relacionarse con personas que no fueran las de su entorno hicieron que cada vez se produjeran más conversaciones desde los balcones, azoteas y ventanas. En uno de esas jornadas, uno de ellos decidió ponerle música a esa situación, entonando el lema de esta crisis, Resistiré, del Dúo Dinámico.

De esta manera, como nos cuenta una de sus vecinas, Prisca Barreto, “a medida que fuimos hablando, surgieron diferentes ideas. Un día decidimos celebrar cada cumpleaños en la calle, poniendo música y cantándola todos juntos”. Después de esta iniciativa, afloró otra, hacer un bingo entre todos. “Esto surgió después de las conversaciones que manteníamos tras los aplausos, para así hacer más llevadero el rato y alargarlo lo más posible”, comenta. No hay edad para aquellos que participan, pues lo hacen tanto gente joven como mayor. Pero, ¿cómo se puede hacer un bingo entre vecinos respetando las reglas de confinamiento? Prisca nos explica que cada uno se encarga de hacer su cartón, de 15 números. Una vez hecho, otra persona, la que tiene el juego, y mediante un megáfono, es la encargada de ir diciendo los números. “Cuando alguien canta el bingo se monta una fiesta”, cuenta entre risas. “Esto nos da vida a todos”, manifiesta.

A partir de ahí, entre todos hablan con el nuevo encargado de poner la música para que entone la canción que más le gusta a cada vecino y, justo antes de pincharla, y con el megáfono en mano, se la dedica a la persona que la ha escogido. Por ejemplo, en una ocasión “una señora mayor nos pidió, como ella dice, ‘aquella canción tan bonita de Rocío Jurado, Como una ola’, y nosotros se la pusimos y se quedó privada”, explica Prisca.

Asimismo, durante la Semana Santa, decidieron hacerle un homenaje a esta festividad. “El Jueves Santo salimos todos a aplaudir vestidos como si fuéramos a una procesión. Además, pusimos la música típica. Fue muy entretenido y conmovedor”, nos cuenta la vecina de la calle Los Roques.

Otro día, se pusieron de acuerdo para hacer una coreografía con la canción Mátalas, de Alejandro Fernández. Todos se disfrazaron para la ocasión y, después de los aplausos, la cantaron y bailaron. Incluso, ese día pasaron por la zona bomberos voluntarios de Los Realejos y “le dedicamos la canción. Se bajaron del coche y nos saludaron”, expuso.

la playa en casa

De esta forma, surgió una nueva iniciativa, que los vecinos de la calle Los Roques titularon Si no hay verano, nosotros lo montamos. Todos se pusieron de acuerdo para interpretar Marejada, de Roberto Antonio. Pero fueron un paso más allá. Decidieron decorar sus fachadas, balcones, ventanas, puertas e, incluso, la calle (con banderines puestos de azotea en azotea) con la temática de esta canción, el mar, y vestirse como si fueran a la playa. Así, los días previos, Prisca fue la encargada de enseñarle la coreografía a la vecina de enfrente y a todos aquellos que la veían, pero, los que no podían hacerlo, se fijaban en la otra señora. Una vez el domingo, cada vecino decoró su balcón, azotea o ventana con colchonetas de playa, sombrillas, toallas, flotadores, neveras, entre otras cosas, y, a las siete de la tarde, “salimos todos vestidos como si fuéramos a la playa. Hicimos la coreografía y lo pasamos en grande. Además, coincidió con la salida de los más pequeños y todos los que pasaron durante todo el día por la calle se quedaron sorprendidos y sonrientes al ver la que teníamos allí montada”, cuenta Prisca, y continúa diciendo que “cada vez que pasaba un niño con su familiar, les aplaudíamos, para montar así la fiesta. Fue muy divertido”.

Día de la Madre

Ahora, este grupo de gente sigue con varias ideas en la cabeza. De hecho, “hicimos un grupo de Whatsapp para ponernos de acuerdo y celebrar el Día de la Cruz. Entre todos queremos decorar con diferentes materiales, que cada uno está elaborando en su casa, una cruz para darle vida a la calle y festejar este día tan importante”, explica la mujer. De hecho, según comenta a DIARIO DE AVISOS, algunas asociaciones de Los Realejos se han puesto en contacto con ellos para llevar este proyecto a otros vecinos del barrio. La primera será mañana, por la festividad del Día de la Madre, pues esas entidades, siguiendo las propuestas de los vecinos de Los Barros, han extendido por todo el barrio Toscal-Longuera que todas las casas de sus calles estén decoradas con corazones en honor a todas las madres.

Homenaje

Sin embargo, no todo es fiesta, pues a principio de esta semana se les ocurrió otra bonita idea: “El lunes por la noche, todos los vecinos salimos al balcón con velas encendidas en homenaje a todos los fallecidos por coronavirus. A partir de ahí, lo hemos hecho cada noche y seguiremos haciéndolo”, explicó.
Pero, sin duda, con lo que se quedan de esta situación es la unión que ha surgido entre todas las personas que viven en Los Roques. “Antes no nos conocíamos y ahora el confinamiento nos ha unido. Incluso, hay una señora que nos dice que no quiere que esta situación acabe porque le está dando vida el hecho de hablar con los vecinos, tener que disfrazarse, decorar su balcón, las charlas, las risas, todo ello hace que tenga ganas de que llegue el siguiente día para llevar a cabo otra idea. La verdad que es reconfortante”, arguye Prisca, quien añade que “la necesidad de expresar nuestras emociones entre los que aquí convivimos ha hecho que surja todo esto y con eso nos quedamos”, finaliza.

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