CANDELARIA

Rastreadores tras las huellas del bicho

27 personas forman el equipo de Tenerife que, desde el CtCan de Candelaria, “le sigue los talones” a la COVID-19 en el entorno de un positivo con el objetivo de lograr el aislamiento

Elisa Bencomo es una de las coordinadores del equipo que rastrea desde Candelaria el COVID-19 / SERGIO MÉNDEZ

Desde hace unas semanas, el equipo de rastreadores del Servicio Canario de Salud, en la Isla de Tenerife, se ha instalado en el Centro Tecnológico de Candelaria (CtCan), al quedársele pequeño el centro de salud de Añaza, prueba de la importancia que las autoridades sanitarias le han dado al rastreo en este rebrote de la COVID-19.

No obstante, los rastreadores, como recuerda la doctora Elisa Bencomo, una de las coordinadoras del equipo tinerfeño, “ya se utilizaron en febrero cuando se confinaron a casi mil personas en el hotel de Costa Adeje, con tan buenos resultados”.

Elisa Bencomo, procedente de Irlanda, lleva unos meses dedicada en cuerpo y alma a luchar contra el bicho chino. Ella explica cuál es un trabajo de un rastreador sanitario: “Básicamente -señala- somos los que buscamos todos los casos positivos que nos vayan llegando y a partir de ahí buscar a todas aquellas personas que en los últimos días, y por espacio de 15 minutos, a menos de dos metros, hayan estado en contacto estrecho con esas personas para delimitar y aislar a esa gente, realizarles una PCR, aislarlo durante diez dia y repetir la PCR ese día, para evitar el contagio entre los conocidos y los conviven con él”.

La coordinadora de un equipo de 27 personas, todas sanitarios o trabajadores sociales, reconoce que “la gente colabora bastante, aunque hay el caso típico que se resiste, aunque obviamente no podemos poner a un policía por persona que haya estado en contacto estrecho con un positivo”. El proceso de trabajo, que se realiza diariamente de 8 de la mañana a 8 de la tarde, con turnos de 12 horas los fines de semana, comienza “cuando por la mañana recibimos de Salud Pública, laboratorios y centros de salud, un listado de positivos y comenzamos el rastreo, llamando primero a la persona con positivo después de comunicarnos con el médico de familia que son los que hacen el seguimiento del paciente”.

Elisa Bencomo se muestra satisfecha del trabajo que están realizando, ahora desde el CtCan, porque “los números están creciendo, pero para ser una isla tan grande, los resultados, por ahora, van muy bien, desde que comenzamos en junio, aunque dos de los compañeros enfermeros ya trabajaron en el rastreo en febrero, durante el confinamiento del hotel de Adeje”.

El trabajo, según la coordinadora de los rastreadores tinerfeños, necesita de empatía y paciencia porque “hay positivos que apenas tienen contactos y otros que tienen una lista de contactos inmensa. Hay que tener ganas, sobre todo, y tener un perfil sanitario, porque hay muchos pacientes que a veces preguntan sobre el virus y hay que saber explicárselo. En nuestro equipo, al ser de muchas ramas diferentes, entre sanitarios y trabajadores sociales, también nos ayuda mucho”.

El rastreo se realiza desde las ocho de la mañana a las ocho de la noche todos los días / S.M.

Elisa Bencomo explica como es el protocolo cuando un turista da positivo en la Isla o cuando la abandona. “Lo hacemos todo a través de Salud Pública. Si son pacientes que siguen aquí o han viajado ya a sus hogares lo hacemos a través de Salud Pública y esta se pone en contacto con los países de donde procede el turista. Si, ya hemos tenido algunos casos, pero no solo de turistas, sino de gente de aquí que ha viajado y ha mantenido contacto estrecho con positivos, por lo que hay que localizarla, tanto en la Península como en diferentes países”.

Sobre el aumento de contagios surgidos en Canarias este mes, cuando teóricamente se esperaba el rebrote para el invierno, Bencomo afirma que “los resultados son buenos, si tenemos en cuenta que nosotros somos de muchos abrazos, muchos besos, salir mucho. Los últimos días no han sido muy buenos y el riesgo es que pronto habrá que vacunarse contra la gripe y esto va a confundir mucho y puede colapsar los centros de salud, aunque la gripe llega normalmente antes a la Península y nos servirá como aviso”, advierte.

Sobre el regreso a los niños y jóvenes a la aulas, manifiesta que “habrá que esperar una o dos semanas para ver los resultados, pero por mucho que se controle, los niños son muy inquietos y enseguida cogen todo. Hay que estar vigilante, porque entre los casos positivos que se están dando hay muchos jóvenes, quizás porque los mayores son más conscientes del coronavirus”.

Los entornos familiares y laborales

Desde Salud Pública se recomienda que la persona que está en aislamiento tenga su propio dormitorio y cuarto de baño, use mascarilla en zonas comunes y evite los objetos compartidos, como un plato común, en las comidas. Cuando los rastreadores son avisados de un caso positivo en ámbito laboral contactan con la empresa para conocer las medidas dispuestas durante el horario laboral y ahí se ha descubierto que la principal debilidad es compartir el momento de descanso o café. “Suelen ser espacios pequeños y cerrados donde se juntan todos a tomar café o comer algo”, invitando a salir a una dependencia abierta de la empresa o incluso salir del edificio. “El virus no entiende de amigos o compañeros de trabajo, no te lo trasmite una persona en la calle o en un semáforo”, dice la enfermera Patricia Viña, de Atención Primaria.

 

35o rastreadores y se aspiran a tener 500

El Servicio Canario de Salud cuenta en la actualidad con 350 rastreadores y aspira a alcanzar los 500, crecimiento que se vinculará a perfiles no estrictamente sanitarios dadas las dificultades para encontrar en el mercado laboral a médicos y enfermeros disponibles.

Así lo expuso el viernes la especialista en Medicina Preventiva y Epidemiología de la Dirección General de Salud Pública, Eva Álvarez, en un encuentro digital con medios de comunicación en el que resaltó que ya hay una decena de rastreadores militares solicitados al Ministerio de Defensa que operan en Gran Canaria y Lanzarote.

“Se han integrado muy bien y están coordinados por personal sanitario”, indicó, subrayando que el objetivo es que “tengan versatilidad” para poder hacer refuerzos en otra isla si es necesario por incremento de casos.

Álvarez reconoció que no le gusta mucho el término de rastreador dado que son “profesionales que hacen seguimiento de contactos estrechos” ni tampoco que se fije su idoneidad en el número de habitantes.

“Si en 48 horas identificas todos los contactos, el sistema de rastreo es bueno para cortar la cadena de transmisión”, comentó.

Al principio, comentó, los rastreadores eran médicos y enfermeros porque están acostumbrados a trabajar con los sistemas informáticos del SCS y tienen “experiencia clínica” con los síntomas, pero como cada vez es “más difícil” encontrar perfiles se ha ido ampliando a otros.

La doctora asegura que su incorporación no es inmediata “y hay que organizarlos”, por ejemplo en el manejo de sistemas informáticos, pero ha resaltado como cualidad la capacidad de empatía y escucha y una “sensibilidad especial” dado que es “difícil” explicar una cuarentena y convencer al afectado de su necesidad para proteger la salud pública.

Cada isla cuenta con su equipo de rastreadores, aparte de los propios que tiene Salud Pública. En Tenerife el equipo lo forman ahora 27 personas en el CtCan de Candelaria.