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Vecinos de Fuente Nueva, en lo alto de Arico, se sienten acosados por los cazadores

Yoli García, presidenta de la asociación de agricultores, denuncia el sacrificio de un perro que dejaron colgado de pequeño árbol

Un perro cazador casi descuartizado colgando de un árbol y un par de conejos muertos, esa fue la imagen que se encontró Yoli García hace dos días cerca de su casa en Fuente Nueva, pequeño caserío, a mil metros de altitud, en el municipio de Arico, en el linde con Fasnia.
No es la primera vez que la presidenta de la asociación de agricultores de ese caserío denuncia las malas artes de los cazadores y no cree que esa macabra escena sea precisamente un aviso hacía ella, aunque recuerda que “no es la primera vez que me matan a un gato y encima me lo dejan en mi patio”, comentó.

La denunciante -lo hizo ante el Seprona , ante la consejera del Medio Natural del Cabildo, Brigada Animalista y Asociación Amigos Animales Arico- no tiene constancia de quien pudo ser autor de tan dantesca escena, porque “el perro no tenía chip, aunque a veces los cazadores se los quitan”, comentó, insistiendo en culpar a la caza de los episodios de desasosiego que se están viviendo desde hace años en la zona, “cuando vienen a entrenar a los perros y ahora en temporada de caza, pronto con escopeta”, señaló Yoli García, que reconoce que al subir las fotos al Facebook, como ha hecho en anteriores ocasiones, “me dispongo a recibir represalias y amenazas, pero quien lo haga que se abstenga a las consecuencias, tomaré las medidas pertinentes”.

Recuerda Yoli que no es la primera vez que ve por la zona el cadáver de un perro, cuando se extravían o son abandonados, pero “un perro no se muere en un árbol”, remarcó para describir la escena justo al lado de la carretera de asfalto que llega casi hasta la corona forestal, por encima del Canal del Sur.

Recuerda que son habituales los destrozos que hacen los cazadores en las fincas privadas, “desde que amanece hasta las diez de la noche que terminan las jornadas de caza” y que cuando en mayo denunció el Consejo Insular de Caza le contestó que este año, por estudios cinegéticos, no se podía prohibir la caza y que la guardería rural se encargaba de vigilar que esta se realice correctamente. “La guardería -añadió García- la paga la Federación de Caza”.

La denuncia de la presidenta del colectivo de agricultores de un caserío que sigue sin servicio de luz y agua potable, pese a su histórica demanda, contrasta con la de un propietario de casa rural, al otro lado del barranco, que se queja precisamente de que la falta de caza han permitido que las perdices y conejos acaben “este año con mis uvas”. “No entiendo la razón que motiva esa prohibición, ni ecológica ni social ni agrícolamente hablando, porque la caza ayuda al control de los ejemplares”.

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