Icod de los Vinos

La apicultura también es cosa de mujeres

Natalia, una joven bióloga y agricultora de Icod de los Vinos, crea ‘La abejera de Ecoalpispa’, una ecogranja que busca convertirse en un centro de referencia en el cuidado de las abejas y otros polinizadores

La apicultura también es cosa de mujeres. | Fran Pallero

Natalia Díaz estudió licenciatura en Biología en la Universidad de La Laguna (ULL) e hizo un Máster en Biodiversidad Terrestre y Conservación en Islas. Durante su etapa de estudiante escuchó hablar sobre el peligro de extinción a nivel mundial de los polinizadores invertebrados, fundamentalmente abejas y mariposas. El tema le despertó curiosidad, se puso una colmena en un terreno de su abuela y empezó a aprender sobre una especie que la cautiva y a la que ha decidido dedicarle gran parte de su vida profesional y personal.

Natalia lleva diez años trabajando las colmenas y a diferencia de lo habitual, no es de familia de apicultores ni mucho menos.

Cuando terminó la universidad trabajó como bióloga, en el campo de la investigación, las ciencias y la conservación de la biodiversidad de Canarias. Estuvo en el centro de investigación apícola de Marchamalo, en Guadalajara, y en el Jardín Canario Viera y Clavijo, en Las Palmas de Gran Canarias, asociado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Fue en 2017 cuando esta joven bióloga y agricultora, natural del municipio de Icod de los Vinos decidió poner su granito de arena para concienciar a los demás sobre el cuidado del medio ambiente, dar a conocer la biodiversidad del Archipiélago y crear un mundo más sostenible.

Así nació Ecoalpispa, una iniciativa pionera en Canarias para luchar contra el uso masivo del plástico y el aluminio consistente en envoltorios naturales creados a partir de la cera de abeja, algodón ecológico y resinas vegetales.

Se confeccionan a mano, son similares a los paños de tela y sirven para cubrir distintos tipos de productos, desde bocadillos hasta verduras o queso tierno, porque mantiene los alimentos frescos durante más tiempo. Su utilidad y originalidad radica en que pueden durar entre seis meses y un año si se siguen correctamente las indicaciones para su conservación, como lavarlo con agua fría y dejarlo secar.

Su éxito fue tal que además de adquirirse en más de 70 puntos de venta en Canarias, ha llegado a la Península, a ciudades como Barcelona, Alicante o Navas, entre otros destinos. No conforme con ello y siempre inquieta por el estudio de los polinizadores, tres años después Natalia decidió apostar por un proyecto más ambicioso y creó La Abejera de Ecoalpispa, una ecogranja o centro de interpretación, que se inaugura el martes de manera oficial.

Ubicada en un lugar privilegiado, con vistas al mar y al Teide y la Cueva del Viento por debajo, la filosofía de este centro de visitantes o aula de la naturaleza como ella también lo denomina, es la de crear un espacio sostenible, colaborativo, en el que se puedan desarrollar diferentes proyectos y se convierta en un centro de referencia en lo que respecta a la conservación de los polinizadores, fundamentalmente las abejas, tan importantes para la proliferación de la flora de las islas y por tanto a la mitigación del cambio climático. Allí, también tiene un pequeño laboratorio para estudiar y hacer investigaciones con las abejas.

El objetivo de abrir las puertas de su finca al público es dar a conocer la vida de las abejas y su complejo mundo, el proceso de producción de la miel y sus diferentes tipos, cuáles son las amenazas que sufren los polinizadores y cómo puede ayudar el hombre a evitarlas. Allí Natalia tiene gran parte de sus colmenas que también se pueden visitar, en rutas guiadas y reducidas, para cumplir con la actual normativa sanitaria de la Covid-19, y con la vestimenta adecuada para que no suponga ningún peligro.

Ella misma se encarga de cuidar las colmenas, igual que la tierra, en la que también cultiva, de manera ecológica, frutas y hortalizas. Por el momento, lo hace a pequeña escala ya que la producción “todavía es un extra a la empresa”, apunta. Lo mismo ocurre con las flores comestibles, una apuesta conjunta con la empresa Flaura, que permite conocerlas, degustarlas in situ, comprarlas, o aprovecharlas para las abejas en caso de que esa semana no se vendan”, comenta la agricultora.

La Abejera -antiguo nombre que se le daba en Canarias a las colmenas- cuenta con unas instalaciones que se caracterizan por ser sostenibles al 100%, es decir, placas solares para el suministro de luz y una depuradora biológica que permite reutilizar las aguas residuales. Además, todo el material que se utiliza para el mantenimiento y la limpieza del recinto tienen el sello eco y son comprados a granel para evitar el uso de plástico.

Natalia Díaz se ha abierto paso en un mundo mayoritariamente de hombres aunque la apicultura, cada vez más, empieza a tener peso femenino. No niega que es una actividad muy laboriosa porque la cantidad de miel que se extrae no depende del número de colmenas ni del productor sino que está a expensas de otros factores, como pueden ser el clima, la floración o las lluvias, por eso ella decidió ir más allá y ampliar su modelo de negocio.

En su caso, trabaja con la abeja negra canaria que compra a un productor de Güímar, especializado en la genética de este insecto. Son unas abejas “tranquilas”, que le permiten trabajar sin guantes. Muchas veces se confía y entra a las colmenas con los tobillos al aire y es inevitable que la piquen. No obstante, subraya que el veneno de las abejas tiene muchas propiedades y hay estudios científicos que así lo corroboran.

Uno de los últimos, publicado por la revista Nature Precision Oncology incide que una sustancia, en concreto la melitina, puede suprimir el avance de células cancerígenas en el cáncer de mama. Hay gente que acude a sesiones de apiterapia, una terapia natural que consiste en el empleo de los productos de las abejas, fundamentalmente el veneno, para mejorar la salud, y aliviar el dolor y los síntomas de diversas enfermedades, añade.

La Abejera de Ecoalpispa es un nuevo atractivo turístico que además es sostenible, un requisito cada vez más demandado por los visitantes que buscan experiencias que cuiden y sean respetuosas con el entorno. Su definición es más simple: “Es un espacio de ecoagroturismo, en la línea de lo que va necesitando Canarias y el mundo en general”, dice la joven agricultora.

Un proyecto reconocido a nivel europeo

El proyecto agrícola y ganadero La Abejera de Ecoalpispa es una ambiciosa iniciativa empresarial con otros importantes añadidos. Prueba de ello es que ha sido reconocido a nivel europeo por el Programa de Desarrollo Rural de Canarias (PDR), que llevan a cabo en conjunto el Gobierno central, la Comunidad Autónoma de Canarias y el Fondo Europeo de Desarrollo Rural (FEADER) con el objetivo de contribuir a un desarrollo del sector agrícola más equilibrado, competitivo, innovador y respetuoso con el medio ambiente. Natalia reconoce la importancia que tiene haber logrado esta ayuda económica y por eso trabaja sin descanso, ya que a partir de ahora “el reto es hacer rentable la empresa”, afirma n